{"id":321,"date":"2015-12-30T15:51:48","date_gmt":"2015-12-30T15:51:48","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=321"},"modified":"2016-08-10T16:05:31","modified_gmt":"2016-08-10T16:05:31","slug":"el-desafio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=321","title":{"rendered":"El desaf\u00eco \/ La sfida"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"column-half first\">Est\u00e1bamos bebiendo cerveza, como todos los s\u00e1bados, cuando en la puerta del &#8220;R\u00edo Bar&#8221; apareci\u00f3 Leonidas; de inmediato notamos en su cara que ocurr\u00eda algo.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 pasa? &#8211; pregunt\u00f3 Le\u00f3n.<br \/>\nLeonidas arrastr\u00f3 una silla y se sent\u00f3 junto a nosotros.<br \/>\n&#8211; Me muero de sed.<br \/>\nLe serv\u00ed un vaso hasta el borde y la espuma rebals\u00f3 sobre la mesa. Leonidas sopl\u00f3 lentamente y se qued\u00f3 mirando, pensativo, c\u00f3mo estallaban las burbujas. Luego bebi\u00f3 de un trago hasta la \u00faltima gota.<br \/>\n&#8211; Justo va a pelear esta noche &#8211; dijo, con una voz rara.<br \/>\nQuedamos callados un momento. Le\u00f3n bebi\u00f3, Brice\u00f1o encendi\u00f3 un cigarrillo.<br \/>\n&#8211; Me encarg\u00f3 que les avisara &#8211; agreg\u00f3 Leonidas. &#8211; Quiere que vayan.<br \/>\nFinalmente, Brice\u00f1o pregunt\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00bfC\u00f3mo fue?<br \/>\n&#8211; Se encontraron esta tarde en Catacaos. &#8211; Leonidas limpi\u00f3 su frente con la mano y fustig\u00f3 el aire: unas gotas de sudor resbalaron de sus dedos al suelo. &#8211; Ya se imaginan lo dem\u00e1s&#8230;<br \/>\n&#8211; Bueno &#8211; dijo Le\u00f3n. Si ten\u00edan que pelear, mejor que sea as\u00ed, con todas las de ley. No hay que alterarse tampoco. Justo sabe lo que hace.<br \/>\n&#8211; Si &#8211; repiti\u00f3 Leonidas, con un aire ido.- Tal vez es mejor que sea as\u00ed.<br \/>\nLas botellas hab\u00edan quedado vac\u00edas. Corr\u00eda brisa y, unos momentos antes, hab\u00edamos dejado de escuchar a la banda del cuartel Grau que tocaba en la plaza. El puente estaba cubierto por la gente que regresaba de la retreta y las parejas que hab\u00edan buscado la penumbra del malec\u00f3n comenzaban, tambi\u00e9n, a abandonar sus escondites. Por la puerta del &#8220;R\u00edo Bar&#8221; pasaba mucha gente. Algunos entraban. Pronto, la terraza estuvo llena de hombres y mujeres que hablaban en voz alta y re\u00edan.<br \/>\n&#8211; Son cas\u00ed las nueve &#8211; dijo Le\u00f3n.- Mejor nos vamos.<br \/>\nSalimos.<br \/>\n&#8211; Bueno, muchachos &#8211; dijo Leonidas. &#8211; Gracias por la cerveza.<br \/>\n&#8211; \u00bfVa a ser en &#8220;La Balsa&#8221;, \u00bfno? &#8211; pregunt\u00f3 Brice\u00f1o.<br \/>\n&#8211; S\u00ed. A las once. Justo los esperar\u00e1 a las diez y media, aqu\u00ed mismo.<br \/>\nEl viejo hizo un gesto de despedida y se alej\u00f3 por la avenida Castilla. Viv\u00eda en las afueras, al comienzo del arenal, en un rancho solitario, que parec\u00eda custodiar la ciudad. Caminamos hac\u00eda la plaza. Estaba cas\u00ed desierta. Junto al Hotel de Turistas, unos j\u00f3venes discut\u00edan a gritos. Al pasar por su lado, descubrimos en medio de ellos a una muchacha que escuchaba sonr\u00edendo. Era bonita y parec\u00eda divertirse.<br \/>\n&#8211; El Cojo lo va a matar &#8211; dijo, de pronto, Brice\u00f1o.<br \/>\n&#8211; C\u00e1llate &#8211; dijo Le\u00f3n.<br \/>\nNos separamos en la esquina de la iglesia. Camin\u00e9 r\u00e1pidamente hasta mi casa. No hab\u00eda nadie. Me puse un overol y dos chompas y ocult\u00e9 la navaja en el bolsillo trasero del pantal\u00f3n, envuelta en el pa\u00f1uelo. Cuando sal\u00eda, encontr\u00e9 a mi mujer que llegaba.<br \/>\n&#8211; \u00bfOtra vez a la calle? &#8211; dijo ella.<br \/>\n&#8211; S\u00ed. Tengo que arreglar un asunto.<br \/>\nEl chico estaba dormido, en sus brazos, y tuve la impresi\u00f3n que se hab\u00eda muerto.<br \/>\n&#8211; Tienes que levantarte temprano &#8211; insisti\u00f3 ella.- \u00bfTe has olvidado que trabajas los domingos?<br \/>\n&#8211; No te preocupes &#8211; dije. &#8211; Regreso en unos minutos<br \/>\nCamin\u00e9 de vuelta hac\u00eda el &#8220;R\u00edo Bar&#8221; y me sent\u00e9 al mostrador. Ped\u00ed una cerveza y un s\u00e1ndwich, que no termin\u00e9: hab\u00eda perdido el apetito. Alguien me toc\u00f3 el hombro. Era Mois\u00e9s, el due\u00f1o del local.<br \/>\n&#8211; \u00bfEs cierto lo de la pelea?<br \/>\n&#8211; S\u00ed. Va ser en la &#8220;Balsa&#8221;. Mejor te callas.<br \/>\n&#8211; No necesito que me adviertas &#8211; dijo. &#8211; Lo supe hace rato. Lo siento por Justo pero, en realidad, se lo ha estado buscando hace tiempo. Y el Cojo no tiene mucha paciencia, ya sabemos.<br \/>\n&#8211; El Cojo es un asco de hombre.<br \/>\n&#8211; Era tu amigo antes&#8230; &#8211; comenz\u00f3 a decir Mois\u00e9s, pero se contuvo.<br \/>\nAlguien llam\u00f3 desde la terraza y se alej\u00f3, pero a los pocos minutos estaba de nuevo a mi lado.<br \/>\n&#8211; \u00bfQuieres que yo vaya? &#8211; me pregunt\u00f3.<br \/>\n&#8211; No. Con nosotros basta, gracias.<br \/>\n&#8211; Bueno. Av\u00edsame si puedo ayudar en algo. Justo es tambi\u00e9n mi amigo. &#8211; Tom\u00f3 un trago de mi cerveza, sin pedirme permiso. &#8211; Anoche estuvo aqu\u00ed el Cojo con su grupo. No hac\u00eda sino hablar de Justo y juraba que lo iba a hacer a\u00f1icos. Estuve rezando porque no se les ocurr\u00edera a ustedes darse una por ac\u00e1.<br \/>\n&#8211; Hubiera querido verlo al Cojo &#8211; dije. &#8211; Cuando est\u00e1 furioso su cara es muy chistosa.\u00a0Mois\u00e9s se r\u00edo.<br \/>\n&#8211; Anoche parec\u00eda el diablo. Y es tan feo, este tipo. Uno no puede mirarlo mucho sin sentir n\u00e1useas.<br \/>\nAcab\u00e9 la cerveza y sal\u00ed a caminar por el malec\u00f3n, pero regres\u00e9 pronto. Desde la puerta del &#8220;R\u00edo Bar&#8221; vi a Justo, solo, sentado en la terraza. Ten\u00eda unas zapatillas de jebe y una chompa descolorida que le sub\u00eda por el cuello hasta las orejas. Visto de perfil, contra la oscuridad de afuera, parec\u00eda un ni\u00f1o, una mujer: de ese lado, sus facciones eran delicadas, dulces. Al escuchar mis pasos se volvi\u00f3, descubr\u00edendo a mis ojos la mancha morada que her\u00eda la otra mitad de su rostro, desde la comisura de los labios hasta la frente. (Algunos dec\u00edan que hab\u00eda sido un golpe, recibido de chico, en una pelea, pero Leonidas aseguraba que hab\u00eda nacido en el d\u00eda de la inundaci\u00f3n, y que esa mancha era el susto de la madre al ver avanzar el agua hasta la misma puerta de su casa).<br \/>\n&#8211; Acabo de llegar &#8211; dijo. &#8211; \u00bfQu\u00e9 es de los otros?<br \/>\n&#8211; Ya vienen. Deben estar en camino.<br \/>\nJusto me mir\u00f3 de frente. Pareci\u00f3 que iba a sonre\u00edr, pero se puso muy serio y volvi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&#8211; \u00bfC\u00f3mo fue lo de esta tarde?<br \/>\nEncogi\u00f3 los hombros e hizo un adem\u00e1n vago.<br \/>\n&#8211; Nos encontramos en el &#8220;Carro Hundido&#8221;. Yo que entraba a tomar un trago y me topo cara a cara con el Cojo y su gente. \u00bfTe das cuenta? Si no pasa el cura, ah\u00ed mismo me deg\u00fcellan. Se me echaron encima como perros. Como perros rabiosos. Nos separ\u00f3 el cura.<br \/>\n&#8211; \u00bfEres muy hombre? &#8211; grit\u00f3 el Cojo.<br \/>\n&#8211; M\u00e1s que t\u00fa &#8211; grit\u00f3 Justo.<br \/>\n&#8211; Quietos, bestias &#8211; dec\u00eda el cura.<br \/>\n&#8211; \u00bfEn &#8220;La Balsa&#8221; esta noche entonces? &#8211; grit\u00f3 el Cojo.<br \/>\n&#8211; Bueno &#8211; dijo Justo. &#8211; Eso fue todo.<br \/>\nLa gente que estaba en el &#8220;R\u00edo Bar&#8221; hab\u00eda disminuido. Quedaban algunas personas en el mostrador, pero en la terraza s\u00f3lo est\u00e1bamos nosotros.<br \/>\n&#8211; He tra\u00eddo esto &#8211; dije, alcanz\u00e1ndole el pa\u00f1uelo.<br \/>\nJusto abri\u00f3 la navaja y la midi\u00f3. La hoja ten\u00eda exactamente la dimensi\u00f3n de su mano, de la mu\u00f1eca a las u\u00f1as. Luego sac\u00f3 otra navaja de su bolsillo y compar\u00f3.<br \/>\n&#8211; Son iguales &#8211; dijo. &#8211; Me quedar\u00e9 con la m\u00eda, nom\u00e1s.<br \/>\nPidi\u00f3 una cerveza y la bebimos sin hablar, fumando.<br \/>\n-No tengo hora &#8211; dijo Justo &#8211; Pero deben ser m\u00e1s de las diez. Vamos a alcanzarlos.<br \/>\nA la altura del puente nos encontramos con Brice\u00f1o y Le\u00f3n. Saludaron a Justo, le estrecharon la mano.<br \/>\n&#8211; Hermanito &#8211; dijo Le\u00f3n &#8211; Usted lo va a hacer trizas.<br \/>\nDe eso ni hablar &#8211; dijo Brice\u00f1o. &#8211; El Cojo no tiene nada que hacer contigo.<br \/>\nLos dos ten\u00edan la misma ropa que antes, y parec\u00edan haberse puesto de acuerdo para mostrar delante de Justo seguridad e, incluso cierta alegr\u00eda.<br \/>\n&#8211; Bajemos por aqu\u00ed &#8211; dijo Le\u00f3n &#8211; Es m\u00e1s corto.<br \/>\n&#8211; No &#8211; dijo Justo. &#8211; Demos la vuelta. No tengo ganas de quebrarme una pierna, ahora.<br \/>\nEra extra\u00f1o ese temor, porque siempre hab\u00edamos bajado al cauce del r\u00edo, descolg\u00e1ndonos por el tejido de hierros que sostiene el puente. Avanzamos una cuadra por la avenida, luego doblamos a la derecha y caminamos un buen rato en silencio. Al descender por el min\u00fasculo camino hac\u00eda el lecho del r\u00edo, Brice\u00f1o tropez\u00f3 y lanz\u00f3 una maldici\u00f3n. La arena estaba tibia y nuestros pies se hund\u00edan, como si and\u00e1ramos sobre un mar de algodones. Le\u00f3n mir\u00f3 detenidamente el cielo.<br \/>\n&#8211; Hay muchas nubes &#8211; dijo; &#8211; la luna no va a servir de mucho esta noche.<br \/>\n&#8211; Haremos fogatas &#8211; dijo Justo.<br \/>\n&#8211; \u00bfEstas loco? &#8211; dije. &#8211; \u00bfQuieres que venga la polic\u00eda?<br \/>\n&#8211; Se puede arreglar &#8211; dijo Brice\u00f1o sin convicci\u00f3n.- Se podr\u00eda postergar el asunto hasta ma\u00f1ana. No van a pelear a oscuras.<br \/>\nNadie contest\u00f3 y Brice\u00f1o no volvi\u00f3 a insistir.<br \/>\n&#8211; Ah\u00ed est\u00e1 &#8220;La Balsa&#8221; &#8211; dijo Le\u00f3n.<br \/>\nEn un tiempo, nadie sab\u00eda cu\u00e1ndo, hab\u00eda ca\u00eddo sobre el lecho del r\u00edo un tronco de algarrobo tan enorme que cubr\u00eda las tres cuartas partes del ancho del cauce. Era muy pesado y, cuando bajaba, el agua no consegu\u00eda levantarlo, sino arrastrarlo solamente unos metros, de modo que cada a\u00f1o, &#8220;La Balsa&#8221; se alejaba m\u00e1s de la ciudad. Nadie sab\u00eda tampoco qui\u00e9n le puso el nombre de &#8220;La Balsa&#8221;, pero as\u00ed lo designaban todos.<br \/>\n&#8211; Ellos ya est\u00e1n ah\u00ed &#8211; dijo Le\u00f3n.<br \/>\nNos detuvimos a unos cinco metros de &#8220;La Balsa&#8221;. En el d\u00e9bil resplandor nocturno no distingu\u00edamos las caras de quienes nos esperaban, s\u00f3lo sus siluetas. Eran cinco. Las cont\u00e9, tratando in\u00fatilmente de descubrir al Cojo.<br \/>\n&#8211; Anda t\u00fa &#8211; dijo Justo.<br \/>\nAvanc\u00e9 despacio hac\u00eda el tronco, procurando que mi rostro conservara una expresi\u00f3n serena.<br \/>\n&#8211; \u00a1Quieto! &#8211; grit\u00f3 alguien. &#8211; \u00bfQui\u00e9n es?<br \/>\n&#8211; Juli\u00e1n &#8211; grit\u00e9 &#8211; Juli\u00e1n Huertas. \u00bfEst\u00e1n ciegos?<br \/>\nA mi encuentro sali\u00f3 un peque\u00f1o bulto. Era el Chalupas.<br \/>\n&#8211; Ya nos \u00edbamos &#8211; dijo. &#8211; Pens\u00e1bamos que Justito hab\u00eda ido a la comisar\u00eda a pedir que lo cuidaran.<br \/>\n&#8211; Quiero entenderme con un hombre &#8211; grit\u00e9, sin responderle &#8211; No con este mu\u00f1eco.<br \/>\n&#8211; \u00bfEres muy valiente? &#8211; pregunt\u00f3 el Chalupas, con voz descompuesta.<br \/>\n&#8211; \u00a1Silencio! &#8211; dijo el Cojo.<br \/>\nSe hab\u00edan aproximado todos ellos y el Cojo se adelant\u00f3 hac\u00eda m\u00ed. Era alto, mucho m\u00e1s que todos los presentes. En la penumbra, yo no pod\u00eda ver; s\u00f3lo imaginar su rostro acorazado por los granos, el color aceituna profundo de su piel lampi\u00f1a, los agujeros diminutos de sus ojos, hundidos y breves como dos puntos dentro de esa masa de carne, interrumpida por los bultos oblongos de sus p\u00f3mulos, y sus labios gruesos como dedos, colgando de su barbilla triangular de iguana. El Cojo rengueaba del pie izquierdo; dec\u00edan que en esa pierna ten\u00eda una cicatriz en forma de cruz, recuerdo de un chancho que lo mordi\u00f3 cuando dorm\u00eda pero nadie se la hab\u00eda visto.<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 has tra\u00eddo a Leonidas? &#8211; dijo el Cojo, con voz ronca.<br \/>\n&#8211; \u00bfA Leonidas? \u00bfQui\u00e9n ha tra\u00eddo al Leonidas?<br \/>\nEl Cojo se\u00f1al\u00f3 con su dedo a un costado. El viejo hab\u00eda estado unos metros m\u00e1s all\u00e1, sobre la arena, y al o\u00edr que lo nombraban se acerc\u00f3.<br \/>\n&#8211; \u00a1Qu\u00e9 pasa conmigo! &#8211; dijo mirando al Cojo fijamente. &#8211; No necesito que me traigan, He venido solo, con mis pies, porque me dio la gana. Si estas buscando pretextos para no pelear, dijo.<br \/>\nEl Cojo vacil\u00f3 antes de responder. Pens\u00e9 que iba a insultarlo y, r\u00e1pido, llev\u00e9 mi mano al bolsillo trasero.<br \/>\n&#8211; No se meta, viejo &#8211; dijo El Cojo amablemente. &#8211; No voy a pelearme con usted.<br \/>\n&#8211; No creas que estoy tan viejo &#8211; dijo Leonidas. &#8211; He revolcado a muchos que eran mejores que t\u00fa.<br \/>\n&#8211; Est\u00e1 bien, viejo -dijo El Cojo.- Le creo. &#8211; Se dirigi\u00f3 a m\u00ed:- \u00bfEst\u00e1n listos?<br \/>\n&#8211; S\u00ed. Di a tus amigos que no se metan. Si lo hacen, peor para ellos.<br \/>\nEl Cojo se ri\u00f3.<br \/>\n&#8211; T\u00fa bien sabes, Juli\u00e1n, que no necesito refuerzos. Sobre todo hoy. No te preocupes.<br \/>\nUno de los que estaban detr\u00e1s del Cojo, se ri\u00f3 tambi\u00e9n. El Cojo me extendi\u00f3 algo. Estir\u00e9 la mano: la hoja de la navaja estaba al aire y yo la hab\u00eda tomado del filo; sent\u00ed un peque\u00f1o rasgu\u00f1o en la palma y un estremecimiento, el metal parec\u00eda un trozo de hielo.<br \/>\n&#8211; \u00bfTienes f\u00f3sforos, viejo?<br \/>\nLeonidas prendi\u00f3 un f\u00f3sforo y lo sostuvo entre sus dedos hasta que la candela le lami\u00f3 las u\u00f1as. A la fr\u00e1gil luz de la llama examin\u00e9 minuciosamente la navaja, la med\u00ed a lo ancho y a lo largo, comprob\u00e9 su filo y su peso.<br \/>\n&#8211; Est\u00e1 bien &#8211; dije.<br \/>\nChunga camin\u00f3 entre Leonidas y yo. Cuando llegamos entre los otros, Brice\u00f1o estaba fumando y a cada chupada que daba resplandecer\u00edan instant\u00e1neamente los rostros de Justo, impas\u00edble, con los labios apretados; de Le\u00f3n, que masticaba algo, tal vez una brizna de hierba, y del propio Brice\u00f1o, que sudaba.<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n le dijo a usted que viniera? &#8211; pregunt\u00f3 Justo, severamente.<br \/>\n&#8211; Nadie me dijo. &#8211; afirm\u00f3 Leonidas, en voz alta. &#8211; Vine porque quise. \u00bfVa usted a tomarme cuentas?<br \/>\nJusto no contest\u00f3. Le hice una se\u00f1al y le mostr\u00e9 a Chunga, que hab\u00eda quedado un poco retrasado. Justo sac\u00f3 su navaja y la arroj\u00f3. El arma cay\u00f3 en alg\u00fan lugar del cuerpo de Chunga y \u00e9ste se encogi\u00f3.<br \/>\n&#8211; Perd\u00f3n &#8211; dije, palpando la arena en busca de la navaja. &#8211; Se me escap\u00f3. Aqu\u00ed est\u00e1.<br \/>\n&#8211; Las gracias se te van a quitar pronto &#8211; dijo Chunga.<br \/>\nLuego, como hab\u00eda hecho yo, al resplandor de un f\u00f3sforo pas\u00f3 sus dedos sobre la hoja, nos la devolvi\u00f3 sin decir nada, y regres\u00f3 caminando a trancos largos hac\u00eda &#8220;La Balsa&#8221;. Estuvimos unos minutos en silencio, aspirando el perfume de los algodonales cercanos, que una brisa c\u00e1lida arrastraba en direcci\u00f3n al puente. Detr\u00e1s de nosotros, a los dos costados del cause, se ve\u00edan las luces vacilantes de la ciudad. El silencio era cas\u00ed absoluto; a veces, lo quebraban bruscamente ladridos o rebuznos.<br \/>\n&#8211; \u00a1Listos! &#8211; exclam\u00f3 una voz, del otro lado.<br \/>\n&#8211; \u00a1Listos! &#8211; grit\u00e9 yo.<br \/>\nEn el bloque de hombres que estaba junto a &#8220;La Balsa&#8221; hubo movimientos y murmullos; luego, una sombra renqueante se desliz\u00f3 hasta el centro del terreno que limit\u00e1bamos los dos grupos. All\u00ed, vi al Cojo tantear el suelo con los pies; comprobaba si hab\u00eda piedras, huecos. Busqu\u00e9 a Justo con la vista; Le\u00f3n y Brice\u00f1o hab\u00edan pasado sus brazos sobre sus hombros. Justo se desprendi\u00f3 r\u00e1pidamente. Cuando estuvo a mi lado, sonri\u00f3. Le extend\u00ed la mano. Comenz\u00f3 a alejarse, pero Leonidas dio un salto y lo tom\u00f3 de los hombros. El Viejo se sac\u00f3 una manta que llevaba sobre la espalda. Estaba a mi lado.<br \/>\n&#8211; No te le acerques ni un momento. &#8211; El viejo hablaba despacio, con voz levemente temblorosa. &#8211; Siempre de lejos. B\u00e1ilalo hasta que se agote. Sobre todo cuidado con el est\u00f3mago y la cara. Ten el brazo siempre estirado. Ag\u00e1chate, pisa firme&#8230; Ya, vaya, p\u00f3rtese como un hombre&#8230;<br \/>\nJusto escuch\u00f3 a Leonidas con la cabeza baja. Cre\u00ed que iba a abrazarlo, pero se limit\u00f3 a hacer un gesto brusco. Arranc\u00f3 la manta de las manos del viejo de un tir\u00f3n y se la envolvi\u00f3 en el brazo. Despu\u00e9s se alej\u00f3; caminaba sobre la arena a pasos firmes, con la cabeza levantada. En su mano derecha, mientras se distanciaba de nosotros, el breve trozo de metal desped\u00eda reflejos. Justo se detuvo a dos metros del Cojo.<br \/>\nQuedaron unos instantes inm\u00f3viles, en silencio, dici\u00e9ndose seguramente con los ojos cu\u00e1nto se odiaban, observ\u00e1ndose, los m\u00fasculos tensos bajo la ropa, la mano derecha aplastada con ira en las navajas. De lejos, sem\u00edocultos por la oscuridad tibia de la noche, no parec\u00edan dos hombres que se aprestaban a pelear, sino estatuas borrosas, vaciadas en un material negro, o las sombras de dos j\u00f3venes y macizos algarrobos de la orilla, proyectados en el aire, no en la arena. Cas\u00ed simult\u00e1neamente, como respondiendo a una urgente voz de mando, comenzaron a moverse. Quiz\u00e1 el primero fue Justo; un segundo antes, inici\u00f3 sobre el sitio un balanceo lent\u00edsimo, que ascend\u00eda desde las rodillas hasta los hombros, y el Cojo lo imit\u00f3, meci\u00e9ndose tambi\u00e9n, sin apartar los pies. Sus posturas eran id\u00e9nticas; el brazo derecho adelante, levemente doblado con el codo hac\u00eda fuera, la mano apuntando directamente al centro del adversario, y el brazo izquierdo, envuelto por las mantas, desproporcionado, gigante, cruzado como un escudo a la altura del rostro. Al principio s\u00f3lo sus cuerpos se mov\u00edan, sus cabezas, sus pies y sus manos permanec\u00edan fijos. Imperceptiblemente, los dos hab\u00edan ido inclin\u00e1ndose, extendiendo la espalda, las piernas en flexi\u00f3n, como para lanzarse al agua. El Cojo fue el primero en atacar; dio de pronto un salto hac\u00eda delante, su brazo describi\u00f3 un c\u00edrculo veloz. El trazo en el vac\u00edo del arma, que roz\u00f3 a Justo, sin herirlo, estaba a\u00fan inconcluso cuando \u00e9ste, que era r\u00e1pido, comenzaba a girar. Sin abrir la guardia, tej\u00eda un cerco en torno del otro, desliz\u00e1ndose suavemente sobre la arena, a un ritmo cada vez m\u00e1s intenso. El Cojo giraba sobre el sitio. Se hab\u00eda encogido m\u00e1s, y en tanto daba vueltas sobre s\u00ed mismo, siguiendo la direcci\u00f3n de su adversario, lo persegu\u00eda con la mirada todo el tiempo, como hipnotizado. De improviso, Justo se plant\u00f3; lo vimos caer sobro el otro con todo su cuerpo y regresar a su sitio en un segundo, como un mu\u00f1eco de resortes.<br \/>\n&#8211; Ya est\u00e1 &#8211; murmur\u00f3 Brice\u00f1o. &#8211; lo rasg\u00f3.<br \/>\n&#8211; En el hombro &#8211; dijo Leonidas. &#8211; Pero apenas.<br \/>\nSin haber dado un grito, firme en su posici\u00f3n, el Cojo continuaba su danza, mientras que Justo ya no se limitaba a avanzar en redondo; a la vez, se acercaba y se alejaba del Cojo agitando la manta, abr\u00eda y cerraba la guardia, ofrec\u00eda su cuerpo y lo negaba, esquivo, \u00e1gil tentando y rehuyendo a su contendor como una mujer en celo. Quer\u00eda marearlo, pero el Cojo ten\u00eda exper\u00edencia y recursos. Rompi\u00f3 el c\u00edrculo retrocediendo, siempre inclinado, obligando a Justo a detenerse y a seguirlo. Este lo persegu\u00eda a pasos muy cortos, la cabeza avanzada, el rostro resguardado por la manta que colgaba de su brazo; el Cojo hu\u00eda arrastrando los pies, agachado hasta cas\u00ed tocar la arena con sus rodillas. Justo estir\u00f3 dos veces el brazo, y las dos hall\u00f3 s\u00f3lo el vac\u00edo. &#8211; No te acerques tanto -, dijo Leonidas, junto a m\u00ed, en voz tan baja que s\u00f3lo yo pod\u00eda o\u00edrlo, en el momento que el bulto, la sombra deforme y ancha que se hab\u00eda empeque\u00f1ecido, repleg\u00e1ndose sobre s\u00ed mismo como una oruga, recobraba brutalmente su estatura normal y, al crecer y arrojarse, nos quitaba de la vista a Justo. Uno, dos, tal vez tres segundos estuvimos sin aliento, viendo la figura desmesurada de los combatientes abrazados y escuchamos un ruido breve, el primero que o\u00edamos durante el combate, parecido a un eructo. Un instante despu\u00e9s surgi\u00f3 a un costado de la sombra gigantesca, otra, m\u00e1s delgada y esbelta, que de dos saltos volvi\u00f3 a levantar una muralla invisible entre los luchadores. Esta vez comenz\u00f3 a girar el Cojo; mov\u00eda su pie derecho y arrastraba el izquierdo. Yo me esforzaba en vano para que mis ojos atravesaran la penumbra y leyeran sobre la piel de Justo lo que hab\u00eda ocurrido en esos tres segundos, cuando los adversarios, tan juntos como dos amantes, formaban un solo cuerpo. &#8211; \u00a1Sal de ah\u00ed! -, dijo Leonidas muy despacio. &#8220;- \u00bfPor qu\u00e9 demonios peleas tan cerca? -. Misteriosamente, como si la ligera brisa le hubiera llevado ese mensaje secreto, Justo comenz\u00f3 tambi\u00e9n a brincar igual que el Cojo. Agazapados, atentos, feroces, pasaban de la defensa al ataque y luego a la defensa con la velocidad de los rel\u00e1mpagos, pero los amagos no sorprend\u00edan a ninguno: al movimiento r\u00e1pido del brazo enemigo, estirado como para lanzar una piedra, que buscaba no herir, sino desconcertar al adversario, confundirlo un instante, quebrarle la guardia, respond\u00eda el otro, autom\u00e1ticamente, levantando el brazo izquierdo, sin moverse. Yo no pod\u00eda ver las caras, pero cerraba los ojos y las ve\u00eda, mejor que si estuviera en medio de ellos; el Cojo, transpirando, la boca cerrada, sus ojillos de cerdo incendiados, llameantes tras los p\u00e1rpados, su piel palpitante, las aletas de su nariz chata y del ancho de su boca agitadas, con un temblor inveros\u00edmil; y Justo con su m\u00e1scara habitual de desprecio, acentuada por la c\u00f3lera, y sus labios h\u00famedos de exasperaci\u00f3n y fatiga. Abr\u00ed los ojos a tiempo para ver a Justo abalanzarse alocado, ciegamente sobre el otro, d\u00e1ndole todas las ventajas, ofreciendo su rostro, descubr\u00edendo absurdamente su cuerpo. La ira y la impaciencia elevaron su cuerpo, lo mantuvieron extra\u00f1amente en el aire, recortado contra el cielo, lo estrellaron sobre su presa con violencia. La salvaje explosi\u00f3n debi\u00f3 sorprender al Cojo que, por un tiempo brev\u00edsimo, qued\u00f3 indeciso y, cuando se inclin\u00f3, alargando su brazo como una flecha, ocultando a nuestra vista la brillante hoja que perseguimos alucinados, supimos que el gesto de locura de Justo no hab\u00eda sido in\u00fatil del todo. Con el choque, la noche que nos envolv\u00eda se pobl\u00f3 de rugidos desgarradores y profundos que brotaban como chispas de los combatientes. No supimos entonces, no sabremos ya cu\u00e1nto tiempo estuvieron abrazados en ese poliedro convulsivo, pero, aunque sin distinguir qui\u00e9n era qui\u00e9n, sin saber de que brazo part\u00edan esos golpes, qu\u00e9 garganta profer\u00eda esos rugidos que se suced\u00edan como ecos, vimos muchas veces, en el aire, temblando hac\u00eda el cielo, o en medio de la sombra, abajo, a los costados, las hojas desnudas de las navajas, veloces, iluminadas, ocultarse y aparecer, hundirse o vibrar en la noche, como en un espect\u00e1culo de magia.<br \/>\nDebimos estar anhelantes y \u00e1vidos, sin respirar, los ojos dilatados, murmurando tal vez palabras incomprensibles, hasta que la pir\u00e1mide humana se dividi\u00f3, cortada en el centro de golpe por una cuchillada invisible; los dos salieron despedidos, como imantados por la espalda, en el mismo momento, con la misma violencia. Quedaron a un metro de distancia, acezantes. &#8211; Hay que pararlos, dijo la voz de Le\u00f3n. Ya basta &#8211; . Pero antes que intent\u00e1ramos movernos, el Cojo hab\u00eda abandonado su emplazamiento como un b\u00f3lido. Justo no esquiv\u00f3 la embestida y ambos rodaron por el suelo. Se retorc\u00edan sobre la arena, revolvi\u00e9ndose uno sobre otro, hendiendo el aire a tajos y resuellos sordos. Esta vez la lucha fue breve. Pronto estuvieron quietos, tendidos en el lecho del r\u00edo, como durmiendo. Me aprestaba a correr hac\u00eda ellos cuando, quiz\u00e1 adivinando mi intenci\u00f3n, alguien se incorpor\u00f3 de golpe y se mantuvo de pie junto al ca\u00eddo, cimbre\u00e1ndose peor que un borracho. Era el Cojo.<br \/>\nEn el forcejeo, hab\u00edan perdido hasta las mantas, que reposaban un poco m\u00e1s all\u00e1, semejando una piedra de muchos v\u00e9rtices. &#8211; Vamos -, dijo Le\u00f3n. Pero esta vez tambi\u00e9n ocurri\u00f3 algo que nos mantuvo inm\u00f3viles. Justo se incorporaba, dif\u00edcilmente, apoyando todo su cuerpo sobre el brazo derecho y cubr\u00edendo la cabeza con la mano libre, como si quisiera apartar de sus ojos una visi\u00f3n horrible. Cuando estuvo de pie, el Cojo retrocedi\u00f3 unos pasos. Justo se tambaleaba. No hab\u00eda apartado su brazo de la cara. Escuchamos entonces, una voz que todos conoc\u00edamos, pero que no hubi\u00e9ramos reconocido esta vez si nos hubiera tomado de sorpresa en las tinieblas.<br \/>\n&#8211; \u00a1Juli\u00e1n! &#8211; grito el Cojo. -\u00a1Dile que se rinda!<br \/>\nMe volv\u00ed a mirar a Leonidas, pero encontr\u00e9 atravesado el rostro de Le\u00f3n: observaba la escena con expresi\u00f3n atroz. Volv\u00ed a mirarlos: estaban nuevamente unidos. Azuzado por las palabras del Cojo, Justo, sin duda, apart\u00f3 su brazo del rostro en el segundo que yo descuidaba la pelea, y debi\u00f3 arrojarse sobre el enemigo extrayendo las \u00faltimas fuerzas desde su amargura de vencido. El Cojo se libr\u00f3 f\u00e1cilmente de esa acometida sentimental e in\u00fatil, saltando hac\u00eda atr\u00e1s:<br \/>\n&#8211; \u00a1Don Leonidas! -grit\u00f3 de nuevo con acento furioso e implorante.- \u00a1D\u00edgale que se rinda!<br \/>\n&#8211; \u00a1Calla y pelea! &#8211; bram\u00f3 Leonidas, sin vacilar.<br \/>\nJusto hab\u00eda intentado nuevamente un asalto, pero nosotros, sobre todo Leonidas, que era viejo y hab\u00eda visto muchas peleas en su vida, sab\u00edamos que no hab\u00eda nada que hacer ya, que su brazo no ten\u00eda vigor ni siquiera para rasgu\u00f1ar la piel aceitunada del Cojo. Con la angustia que nac\u00eda de lo m\u00e1s hondo, sub\u00eda hasta la boca, resec\u00e1ndola, y hasta los ojos, nubl\u00e1ndose, los vimos forcejear en c\u00e1mara lenta todav\u00eda un momento, hasta que la sombra se fragment\u00f3 una vez m\u00e1s: alguien se desplomaba en la tierra con un ruido seco. Cuando llegamos donde yac\u00eda Justo, el Cojo se hab\u00eda retirado hac\u00eda los suyos y, todos juntos, comenzaron a alejarse sin hablar. Junt\u00e9 mi cara a su pecho, notando apenas que una sustancia caliente humedec\u00eda mi cuello y mi hombro, mientras mi mano exploraba su vientre y su espalda entre desgarraduras de tela y se hund\u00eda a ratos en el cuerpo fl\u00e1cido, mojado y fr\u00edo. Brice\u00f1o y Le\u00f3n se quitaron sus sacos lo envolvieron con cuidado y lo levantaron de los pies y de los brazos. Yo busqu\u00e9 la manta de Leonidas, que estaba unos pasos m\u00e1s all\u00e1, y con ella le cubr\u00ed la cara, a tientas, sin mirar. Luego, entre los tres lo cargamos al hombro en dos hileras, como a un ata\u00fad, y caminamos, igualando los pasos, en direcci\u00f3n al sendero que escalaba la orilla del r\u00edo y que nos llevar\u00eda a la ciudad.<br \/>\n&#8211; No llore, viejo &#8211; dijo Le\u00f3n. &#8211; No he conocido a nadie tan valiente como su hijo. Se lo digo de veras.<br \/>\nLeonidas no contest\u00f3. Iba detr\u00e1s de m\u00ed, de modo que yo no pod\u00eda verlo. A la altura de los primeros ranchos de Castilla, pregunt\u00e9.<br \/>\n&#8211; \u00bfLo llevamos a su casa, don Leonidas?<br \/>\n&#8211; S\u00ed &#8211; dijo el viejo, precipitadamente, como si no hubiera escuchado lo que le dec\u00eda.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">Stavamo bevendo birra, come ogni \u00a0sabato, quando sulla porta del &#8220;Rio Bar&#8221; comparve Leonidas; immediatamente dalla sua faccia ci rendemmo conto che stava capitando qualcosa.<br \/>\n&#8211; Cosa succede? &#8211; domand\u00f2 Leon.<br \/>\nLeonida si trascin\u00f2 una sedia e sedette vicino a noi.<br \/>\n&#8211; Muoio di sete.<br \/>\nGli servii un bicchiere pieno fino all&#8217;orlo e la spuma trabocc\u00f2 sul tavolo. Leonidas soffi\u00f2 lentamente e rimase a guardare, pensoso, come \u00a0scoppiavano\u00a0le bollicine. Poi bevve tutto d&#8217;un sorso fino all&#8217;ultima goccia.<br \/>\n&#8211; Justo combatter\u00e0 stanotte &#8211; disse con voce strana.<br \/>\nRimanemmo zitti per un momento. Leon bevve, Brice\u00f1o accese una sigaretta.<br \/>\n&#8211; Mi ha incaricato di avvisarvi &#8211; aggiunse Leonidas. &#8211; Vuole che andiate.<br \/>\nAlla fine Brice\u00f1o domand\u00f2:<br \/>\n&#8211; Come \u00e8 successo?<br \/>\n<span style=\"line-height: 1.6471;\">&#8211; Si sono incontrati stasera a Catacaos. &#8211; Leonidas si pul\u00ec \u00a0la fronte con la mano e la scosse nell&#8217;aria: alcune gocce di sudore caddero dalle sue dita al suolo. &#8211; Vi immaginate il resto &#8230;<br \/>\n<\/span> &#8211; Bene &#8211; disse Leon. Se dovevano combattere, meglio che sia cos\u00ec, nel rispetto della legge. Non c&#8217;\u00e8 da preoccuparsi. Justo sa cosa fa.<br \/>\n&#8211; \u00a0S\u00ec &#8211; ripet\u00e9 Leonidas con un&#8217;aria un po&#8217; andata. &#8211; Forse \u00e8 meglio che sia cos\u00ec.<br \/>\nLe bottiglie si erano svuotate. Soffiava la brezza, e poco prima avevamo smesso di ascoltare la banda della caserma Grau che suonava in piazza. Il ponte era affollato della gente che tornava dal concerto e anche le coppie che avevano cercato la penombra del molo cominciavano ad abbandonare i loro nacondigli. Per la porta del &#8220;R\u00edo Bar&#8221; passava molta gente. Alcuni entravano. Ben presto la terrazza si riemp\u00ec di uomini e donne che parlavano ad alta voce e ridevano.<br \/>\n<span style=\"line-height: 1.6471;\">&#8211; Sono quasi le nove &#8211; disse Leon. &#8211; Meglio che andiamo.<br \/>\nUscimmo.<br \/>\n&#8211; Bene, ragazzi &#8211; disse Leonidas. &#8211; Grazie della birra.<br \/>\n&#8211; Sar\u00e0 alla &#8220;Balsa&#8221;, no? &#8211; chiese\u00a0Brice\u00f1o.<br \/>\n&#8211; S\u00ec. Alle undici. Justo li aspetter\u00e0 alle dieci e mezza, proprio qui.<br \/>\nIl vecchio fece un gesto di commiato e si allontan\u00f2 verso Avenida Castilla. Viveva nei dintorni, all&#8217;inizio dell&#8217;arenile, in un ranch solitario che sembrava vigilare sulla citt\u00e0. Camminammo verso la piazza. Era quasi deserta. Vicino all&#8217;Hotel de Turistas alcuni giovani stavano discutendo e gridando. Passandogli accanto vedemmo in mezzo a loro una ragazza che li ascoltava sorridendo. Era carina e sembrava divertirsi.<br \/>\n&#8211; Lo Zoppo lo ammazzer\u00e0 &#8211; disse improvvisamente Brice\u00f1o.<br \/>\n&#8211; Sta zitto &#8211; disse Leon.<br \/>\nCi separammo all&#8217;angolo della chiesa. Camminai velocemente fino a casa. Non c&#8217;era nessuno. Mi misi una tuta e due pullover e nascosi il coltello nella tasca posteriore dei pantaloni, avvolto in un fazzoletto. Quando stavo uscendo incontrai mia moglie che arrivava.<br \/>\n&#8211; Di nuovo in giro? &#8211; disse.<br \/>\n&#8211; S\u00ec. Devo sistemare una faccenda.<br \/>\nIl bambino dormiva tra le sue braccia ed ebbi l&#8217;impressione che fosse morto.<br \/>\n&#8211; Devi alzarti presto &#8211; insistette lei. &#8211; Hai dimenticato che lavori la domenica?<br \/>\n&#8211; Non preoccuparti &#8211; dissi. &#8211; Torno fra pochi minuti.<br \/>\nCamminai fino al\u00a0&#8220;R\u00edo Bar&#8221; e mi sedetti al banco. Chiesi una birra e un sandwich che non finii: avevo perso l&#8217;appetito. Qualcuno mi tocc\u00f2 la spalla. Era Mois\u00e9s, il padrone del locale.<br \/>\n&#8211; E&#8217; certa la storia del combattimento?<br \/>\n&#8211; S\u00ec, sar\u00e0 alla &#8220;Balsa&#8221;. Meglio che stai zitto.<br \/>\n&#8211; Non c&#8217;\u00e8 bisogno che mi avverti &#8211; disse. &#8211; L&#8217;ho saputo poco fa. Mi spiace per Justo \u00a0per\u00f2 se l&#8217;\u00e8 andata a cercare da tempo. E Lo Zoppo non ha molta pazienza, come sappiamo.<br \/>\n&#8211; Lo Zoppo \u00e8 uno schifo d&#8217;uomo.<br \/>\n&#8211; Era tuo amico un tempo &#8230; &#8211; cominci\u00f2 a dire Mois\u00e9s, ma si trattenne.<br \/>\nQualcuno chiam\u00f2 dalla terrazza e lui si allontan\u00f2, ma dopo pochi minuti era di nuovo al mio fianco.<br \/>\n&#8211; Vuoi che venga? &#8211; mi domand\u00f2.<br \/>\n&#8211; No. Bastiamo noi, grazie.<br \/>\n&#8211; Bene. Avvisami se posso essere d&#8217;aiuto in qualcosa. Justo \u00e8 anche mio amico. \u00a0&#8211; Prese un sorso della mia birra senza chiedermi permesso. \u00a0&#8211; Ieri notte Lo Zoppo era qui con il suo gruppo. Non faceva che parlare di Justo e giurava che l&#8217;avrebbe fatto a pezzi. Ho pregato perch\u00e9 non vi capitasse di fare un giro da queste parti.<br \/>\n&#8211; Avrei voluto vederlo Lo Zoppo &#8211; dissi. &#8211; Quando \u00e8 furioso, la sua faccia \u00e8 molto buffa. Mois\u00e9s fece una risata.<br \/>\n&#8211; La scorsa notte sembrava il diavolo. Ed \u00e8 cos\u00ec brutto, il tipo. Non lo si pu\u00f2 guardare per molto senza sentire nausea.<br \/>\nFinii la birra e uscii a camminare lungo il molo, ma rientrai subito. Dalla porta del\u00a0&#8220;R\u00edo Bar&#8221; vidi Justo, solo, seduto nella terrazza. Aveva scarpe da ginnastica e una tuta scolorita che gli saliva su per il collo fino alle orecchie. Visto di profilo, contro l&#8217;oscurit\u00e0 dell&#8217;esterno, sembrava un bambino, una donna: da questo lato i suoi lineamenti erano delicati, dolci. Quando sent\u00ec i miei passi, si volt\u00f2, scoprendo alla mia vista la macchia violacea che feriva l&#8217;altra met\u00e0 del suo viso, dagli angoli della bocca\u00a0fino alla fronte. (Alcuni dicevano che era stato un colpo ricevuto da bambino in una lite, ma Leonidas assicurava che era nato il giorno dell&#8217;inondazione e che questa macchia era lo spavento della madre nel vedere avanzare l&#8217;acqua fino alla porta di casa).<br \/>\n&#8211; Sono appena arrivato &#8211; disse. &#8211; Che \u00e8 degli altri?<br \/>\n&#8211; Vengono. Devono essere per strada.<br \/>\nJusto mi guard\u00f2 di fronte. Sembrava che stesse per sorridere, ma si fece serio e gir\u00f2 la testa.<br \/>\n&#8211; Come \u00e8 andata la faccenda di questa sera?<br \/>\nScosse le spalle e fece un gesto vago.<br \/>\n&#8211; Ci siamo incontrati al &#8220;Carro Hundido&#8221;. Io stavo entrando a bere qualcosa e mi trovo faccia faccia con Lo Zoppo e la sua gente. Ti rendi conto? \u00a0Se non passa il parroco, mi sgozzano sul posto. Mi si sono buttati addosso come dei cani. Come cani rabbiosi. Il parroco ci ha separati.<br \/>\n&#8211; Sei uomo? grid\u00f2 Lo Zoppo.<br \/>\n&#8211; Pi\u00f9 di te &#8211; grid\u00f2 Justo.<br \/>\n&#8211; Calmi, bestie &#8211; diceva il parroco.<br \/>\n&#8211; Allora questa notte a &#8220;La Balsa&#8221;? grid\u00f2 Lo Zoppo.<br \/>\n&#8211; Bene &#8211; disse Justo. &#8211; Questo fu tutto.<br \/>\nLa gente che stava nel\u00a0&#8220;R\u00edo Bar&#8221; era diminuita. Rimanevano alcune persone al banco, ma sulla terrazza c&#8217;eravamo solo noi.<br \/>\n&#8211; Ho portato questo &#8211; dissi, allungandogli il fazzoletto.<br \/>\nJusto apr\u00ec il coltello e lo misur\u00f2. La lama aveva esattamente le dimensioni della sua mano, dal polso alle unghie. Poi tir\u00f2 fuori l&#8217;altro coltello dalla sua tasca e li confront\u00f2.<br \/>\n&#8211; Sono uguali &#8211; disse. &#8211; Mi terr\u00f2 il mio.<br \/>\nOrdin\u00f2 una birra e la bevemmo senza parlare, fumando.<br \/>\nNon so che ora sia &#8211; disse Justo &#8211; Ma deve essere pi\u00f9 delle dieci. Andiamo a raggiungerli.<br \/>\nAll&#8217;altezza del ponte incontrammo\u00a0Brice\u00f1o e Leon. Salutarono Justo, gli strinsero la mano.<br \/>\n&#8211; Fratello- disse Leon &#8211; lo farai a pezzi.<br \/>\n&#8211; Non se ne parla &#8211; disse\u00a0Brice\u00f1o &#8211; Lo Zoppo non ha nulla a che fare con te.<br \/>\nI due avevano gli stessi vestiti di prima, e sembravano essersi messi d&#8217;accordo per mostrare sicurezza di fronte a Justo, e persino una certa allegria.<br \/>\n&#8211; Scendiamo di qua &#8211; disse Leon &#8211; E&#8217; pi\u00f9 corto.<br \/>\n&#8211; No &#8211; disse Justo. &#8211; Facciamo il giro. Non ho voglia di rompermi una gamba, ora.<br \/>\n<\/span>Era strano questo timore, perch\u00e9 eravamo sempre scesi lungo il letto del fiume, calandoci lungo l&#8217;intreccio di\u00a0ferri che sostegnono il ponte. Avanzammo di cento metri lungo il viale, poi voltammo a destra e camminammo per un po&#8217; in silenzio. Mentre scendeva per il minuscolo sentiero verso il letto del fiume, Brice\u00f1o inciamp\u00f2 e lanci\u00f2 un&#8217;imprecazione. La sabbia era tiepida e i nostri piedi sprofondavano, come se camminassimo su un mare di cotone. Leon guard\u00f2 attentamente il cielo.<br \/>\n&#8211; Ci sono molte nuvole &#8211; disse; &#8211; la luna non servir\u00e0 a molto stanotte.<br \/>\n&#8211; Faremo dei fal\u00f2 &#8211; disse Justo.<br \/>\n&#8211; Sei pazzo? &#8211; dissi. &#8211; Vuoi che venga la polizia?<br \/>\n&#8211; Si pu\u00f2 sistemare la cosa &#8211; disse\u00a0Brice\u00f1o senza convinzione. &#8211; Si potrebbe rinviare la faccenda fino a domani. Non vanno a combattere al buio.<br \/>\nNessuno rispose e\u00a0Brice\u00f1o non torn\u00f2 a insistere.<br \/>\n&#8211; E&#8217; qui &#8220;La Balsa&#8221; disse Leon.<br \/>\nTempo fa, nessuno sapeva quando, era caduto sul letto del fiume un tronco di carrubo cos\u00ec grande da coprire tre quarti della sua ampiezza. Era molto pesante, e, quando si abbassava, l&#8217;acqua non riusciva a sollevarlo ma solo a trascinarlo per alcuni metri, di modo che ogni anno &#8220;La Balsa&#8221; si allontanava un po&#8217; di pi\u00f9 dalla citt\u00e0. Nessuno sapeva chi le avesse dato il nome &#8220;La Balsa&#8221;, ma cos\u00ec la chiamavano tutti.<br \/>\n&#8211; Quelli son gi\u00e0 l\u00ec &#8211; disse Leon.<br \/>\nCi fermammo a circa cinque metri da &#8220;La Balsa&#8221;. Nel debole splendore notturno non distinguevamo le facce di coloro che ci aspettavano, solo le loro sagome. Erano cinque. Le contai cercando inutilmente di scoprire Lo Zoppo.<br \/>\n&#8211; Vai tu &#8211; disse Justo.<br \/>\nAvanzai lentamente verso il tronco, cercando che la mia faccia conservasse un&#8217;espressione serena.<br \/>\n&#8211; Fermi! &#8211; grid\u00f2 qualcuno. &#8211; Chi \u00e8?<br \/>\n&#8211; Juli\u00e0n &#8211; gridai. &#8211; Juli\u00e0n Huertas. Siete ciechi?<br \/>\nMi venne incontro una piccola figura. Era el Chalupas.<br \/>\n&#8211; Stavamo andandocene\u00a0&#8211; disse. Pensavamo che Justito fosse andato al commissariato a chiedere che lo proteggessero.<br \/>\n&#8211; Voglio trattare con un uomo &#8211; gridai, senza rispondergli. &#8211; Non con questo pupazzo.<br \/>\n&#8211; Sei molto coraggioso? &#8211; domand\u00f2 el Chalupas, con voce alterata.<br \/>\n&#8211; Silenzio! &#8211; disse Lo Zoppo.<br \/>\nSi erano avvicinati tutti e Lo Zoppo venne verso di me.\u00a0Era alto, molto pi\u00f9 di tutti i presenti. Nella penombra, non riuscivo a vedere; potevo solo immaginare la sua faccia corazzata da granelli di pelle, il color olivastro della pelle glabra, i minuscoli fori degli occhi infossati e corti come due punti dentro quella massa di carne, interrotta dagli zigomi oblunghi, e le sue labbra grosse come dita, che gli pendevano dal mento triangolare di iguana.\u00a0Zoppicava dal piede sinistro; dicevano che in questa\u00a0gamba avesse una cicatrice a forma di croce, ricordo di un maiale che l&#8217;aveva morso mentre dormiva, ma nessuno l&#8217;aveva vista.<br \/>\n&#8211; Perch\u00e9 hai portato Leonidas? -disse Lo Zoppo con voce rauca.<br \/>\n&#8211; Leonidas? Chi ha portato Leonidas?<br \/>\nLo Zoppo fece segno lateralmente con il dito. Il vecchio era rimasto qualche metro pi\u00f9 in l\u00e0, sulla sabbia, e a sentir fare il suo nome si avvicin\u00f2.<br \/>\n&#8211; Che cosa c&#8217;entro io! &#8211; disse, guardando fisso Lo Zoppo &#8211; Non ho bisogno che mi portino. Sono venuto da solo, coi miei piedi, perch\u00e9 ne avevo voglia. Se stai cercando pretesti per non combattere, dillo.<br \/>\nLo Zoppo vacill\u00f2 prima di rispondere. Pensai che l&#8217;avrebbe insultato, e rapidamente portai la mano alla tasca posteriore.<br \/>\n&#8211; Non si metta di mezzo, vecchio &#8211; disse Lo Zoppo amabilmente. &#8211; Non ho intenzione di litigare con lei.<br \/>\n&#8211; Non creda che sono tanto vecchio &#8211; disse Leonidas &#8211; Ne ho tirati gi\u00f9 molti che erano migliori di te.<br \/>\n&#8211; \u00a0Va bene, vecchio &#8211; disse Lo Zoppo. &#8211; Le credo. &#8211; Si rivolse a me: &#8211; Sono pronti?<br \/>\n&#8211; S\u00ec. D\u00ec ai tuoi amici che non si intromettano. Se lo fanno, peggio per loro.<br \/>\nLo Zoppo rise.<br \/>\n&#8211; Tu sai benissimo, Julian, che non ho bisogno di rinforzi. Soprattutto oggi. Non preoccuparti.<br \/>\nUno di quelli che stavano dietro Lo Zoppo rise anche lui. Lo Zoppo mi allung\u00f2 qualcosa. Tesi la mano: la lama del coltello era all&#8217;aria e io l&#8217;avevo presa per il filo; sentii un piccolo graffio sulla palma e un brivido, il metallo pareva un pezzo di ghiaccio.<br \/>\n&#8211; Hai dei fiammiferi, vecchio?<br \/>\nLeonidas accese un fiammifero e lo tenne fra le dita finch\u00e9 il fuoco gli lamb\u00ec le unghie. Alla fragile luce della fiamma esaminai minuziosamente il coltello, lo misurai per il largo e per il lungo, ne verificai il taglio e il peso.<br \/>\n&#8211; Va bene &#8211; dissi.<br \/>\nChunga cammin\u00f2 tra Leonidas e me. Quando raggiungemmo gli altri,\u00a0Brice\u00f1o stava fumando e a ogni boccata che dava, immediatamente si illuminavano i volti di Justo, impassibile con le labbra strette, di Leon che masticava qualcosa forse un filo d&#8217;erba, di\u00a0Brice\u00f1o stesso che sudava.<br \/>\n&#8211; Chi ti ha detto che sarei venuto? &#8211; domando Justo, severamente.<br \/>\n&#8211; Nessuno me l&#8217;ha detto, &#8211; afferm\u00f2 Leonidas a voce alta. &#8211; Sono venuto perch\u00e9 volevo venire. Me ne vuoi chiedere conto?<em><br \/>\n<\/em>Justo non rispose. Gli feci un segno e gli indicai Chunga che era rimasto un poco indietro. Justo tir\u00f2 fuori il suo coltello e lo lanci\u00f2. L&#8217;arma cadde su qualche parte del corpo di Chunga e questi si contrasse.<br \/>\n&#8211; Scusa &#8211; dissi, palpando la sabbia in cerca del coltello. Mi \u00e8 scappato. Eccolo qui.<br \/>\n&#8211; La fortuna ti sta per lasciare<em>\u00a0<\/em>&#8211; disse Chunga.<br \/>\nPoi, come avevo fatto io, alla luce di un fiammifero pass\u00f2 le dita sulla lama, ce la restitu\u00ec senza dire nulla, e ritorn\u00f2 verso &#8220;La Balsa&#8221; camminando a lunghi passi. Restammo alcuni minuti in silenzio, aspirando il profumo delle vicine piante di cotone, che una brezza calda trascinava in direzione del ponte. Dietro di noi, ai due lati del canale, si vedevano le luci tremolanti \u00a0della citt\u00e0. Il silenzio era quasi assoluto; a volte. lo rompevano bruscamente latrati o ragli.<br \/>\n&#8211; Pronti! &#8211; esclam\u00f2 una voce dall&#8217;altro lato.<br \/>\n&#8211; Pronti! &#8211; gridai io.<br \/>\nNel gruppo di uomini che era vicino a &#8220;La Balsa&#8221; ci furono movimenti e mormorii; poi un&#8217;ombra zoppicante scivol\u00f2 fino al centro del terreno limitato dai due gruppi. L\u00ec, vidi Lo Zoppo esaminare il suolo con i piedi; controllava se c&#8217;erano pietre, buche. Cercai con gli occhi Justo; Leon e\u00a0Brice\u00f1o avevano passato le braccia sulle sue spalle. Justo si distacc\u00f2 rapidamente. Quando fu\u00a0al mio fianco, sorrise. Gli tesi la mano. Cominci\u00f2 ad allontanarsi, ma Leonidas fece un salto e lo prese per le spalle. Il Vecchio si tolse una coperta che portava sulla schiena. Era al mio fianco.<br \/>\n&#8211; Non avvicinarti a lui neanche un momento. &#8211; Il vecchio parlava lentamente, con voce leggermente tremante.\u00a0&#8211; Sempre da lontano. Ballagli intorno finch\u00e9 crolla. Soprattutto attenzione allo stomaco e alla faccia. Tieni sempre il braccio teso. Stai basso, ben piantato &#8230; Su, va, comportati da uomo &#8230;<br \/>\nJusto ascolt\u00f2 Leonidas con la testa bassa. Credetti che l&#8217;avrebbe abbracciato, ma si limit\u00f2 a fare un gesto brusco. Strapp\u00f2 la coperta dalle mani del vecchio e se l&#8217;avvolse sul braccio. \u00a0Poi si allontan\u00f2; camminava sulla sabbia con passo fermo, con la testa alta. Nella sua mano destra, mentre si allontanava da noi, il corto pezzo di metallo mandava riflessi. Justo si ferm\u00f2 a due metri da Lo Zoppo.<br \/>\nRimasero immobili alcuni istanti, in silenzio, sicuramente dicendosi con gli occhi quanto si odiavano, osservandosi, i muscoli tesi sotto i vestiti, la mano destra schiacciata con ira sui coltelli. Da lontano, seminascosti \u00a0dalla tiepida oscurit\u00e0 della notte, non sembravano due uomini che si accingevano a combattere, ma due statue sfocate, scavate in un materiale nero, o le ombre di due giovani e massicci carrubi della riva, proiettati nell&#8217;aria, \u00a0non sulla sabbia. \u00a0Quasi simultaneamente, come rispondendo ad una urgente voce di comando, cominciarono a muoversi. Forse il primo fu Justo; un secondo prima, inizi\u00f2 sul posto un rollio lentissimo, che gli saliva dalle ginocchia fino alle spalle, e Lo Zoppo lo imit\u00f2, dondolandosi anche lui, senza allontanare i piedi. Le loro posture erano identiche; il braccio destro avanti, lievemente piegato con il gomito verso l&#8217;esterno, la mano che puntava verso il centro dell&#8217;avversario, e il braccio sinistro , avvolto nella coperta, sproporzionato, gigantesco, di traverso come uno scudo all&#8217;altezza del viso. All&#8217;inizio solo i loro corpi si muovevano, le teste, i piedi e le mani rimanevano fermi. Impercettibilmente, i due si erano andati inclinando, distendendo la schiena, le gambe in flessione, come per lanciarsi in acqua. \u00a0Lo Zoppo fu il primo ad attaccare; fece improvvisamente un salto in avanti, il suo braccio descrisse un cerchio veloce.\u00a0Il tracciato dell&#8217;arma nel vuoto<em> ,\u00a0<\/em>che sfior\u00f2 Justo senza ferirlo, non era ancora compiuto quando questi, che era rapido, cominci\u00f2 a girare. \u00a0Senza aprire la guardia, tesseva un cerchio intorno all&#8217;altro, scivolando morbidamente sulla sabbia, a un ritmo ogni volta pi\u00f9 intenso. \u00a0Lo Zoppo girava sul posto. Si era raccolto di pi\u00f9, e mentre faceva dei giri su se stesso, seguendo la direzione del suo avversario, lo seguiva ininterrottamente con lo sguardo, come ipnotizzato. Improvvisamente Justo si blocc\u00f2; lo vedemmo cadere sopra l&#8217;altro con tutto il suo corpo e ritornare al suo posto in un secondo, come un pupazzo a molla.<br \/>\n&#8211; Ecco<em>\u00a0&#8211; <\/em>mormor\u00f2\u00a0Brice\u00f1o . &#8211; Lo ha ferito.<br \/>\n&#8211; Nella spalla &#8211; disse Leonidas.\u00a0&#8211; Ma appena appena.<br \/>\nSenza aver dato un grido, fermo nella sua posizione, Lo Zoppo continuava la sua danza, mentre Justo non si limitava pi\u00f9 ad avanzare in tondo; allo stesso tempo si avvicinava e si allontanava da Lo Zoppo agitando la coperta, apriva e chiudeva la guardia, offriva il suo corpo e lo negava, \u00a0schivo, agile, tentando e sfuggendo al suo contendente come una donna in calore. Voleva stordirlo, ma Lo Zoppo aveva esperienza e risorse. Ruppe il cerchio retrocedendo, sempre inclinato, obbligando Justo a fermarsi e seguirlo. Questi lo seguiva a passi molto corti, la testa in avanti, la faccia protetta dalla coperta che pendeva dal suo braccio; Lo Zoppo fuggiva strascicando i piedi, curvo fino quasi a toccare la sabbia con le ginocchia. \u00a0Justo allung\u00f2 due volte il braccio, e due volte incontr\u00f2 solo il vuoto. &#8211; Non avvicinarti tanto -, disse Leonidas vicino a me, a voce cos\u00ec bassa che solo io potevo udirlo, nel momento in cui la massa, l&#8217;ombra deforme e larga che si era rimpicciolita, ripiegandosi su se stessa come un bruco, riacquistava brutalmente la sua statura normale e, crescendo e tirandosi, ci sottraeva alla vista Justo. Per uno, due, forse tre minuti restammo senza fiato, vedendo la figura smisurata dei combattenti abbracciati e sentimmo un rumore breve, il primo che udivamo durante il combattimento, simile a un rutto. \u00a0Un istante dopo si alz\u00f2 su un lato dell&#8217;ombra gigantesca, un&#8217;altra, pi\u00f9 sottile e slanciata, \u00a0che con due salti torn\u00f2 ad alzare una muraglia invisibile tra i lottatori. \u00a0Questa volta cominci\u00f2 Lo Zoppo a girare; muoveva il piede destro e trascinava il sinistro. Io mi sforzavo invano perch\u00e8 i miei occhi attraversassero la penombra e leggessero sulla pelle di Justo quello che era avvenuto in quei tre secondi, quando i due avversari, uniti come due amanti, formavano un solo corpo. \u00a0&#8220;Esci di l\u00ec!&#8221;, disse Leonidas molto lentamente. \u00a0-Perch\u00e9 diavolo combatti\u00a0da\u00a0cos\u00ec vicino? -. Misteriosamente, come se la leggera brezza gli avesse portato questo messaggio segreto, Justo cominci\u00f2 a saltellare come Lo Zoppo. \u00a0Accovacciati, attenti, feroci, passavano dalla difesa all&#8217;attacco e poi alla difesa \u00a0con la velocit\u00e0 del lampo, ma le finte non sorprendevano \u00a0nessuno: al movimento rapido del braccio nemico, steso come per lanciare una pietra, che cercava non di ferire ma di sconcertare l&#8217;avversario, di confonderlo per un istante, di spezzarne la guardia, rispondeva l&#8217;altro, automaticamente, alzando il braccio sinistro, senza muoversi. Non riuscivo a vedere le facce, ma chiudevo gli occhi e le vedevo, meglio che se fossi stato in \u00a0mezzo a loro; Lo Zoppo, sudato, la bocca serrata, i suoi occhietti di porco ardenti, fiammeggianti dietro le palpebre, la sua pelle palpitante, le narici del suo naso schiacciato e largo quanto la bocca agitate, con un tremore inverosimile; e Justo con la sua abituale maschera di disprezzo, accentuata dalla collera, e le sue labbra umide di esasperazione e di fatica. Aprii gli occhi in tempo per vedere Justo precipitarsi da folle, ciecamente sopra l&#8217;altro, dandogli tutti i vantaggi, offrendo il viso, scoprendo assurdamente il corpo. L&#8217;ira e l&#8217;impazienza fecero alzare il suo corpo, lo mantennero stranamente in aria, stagliato contro il cielo, lo scaraventarono sulla sua\u00a0preda\u00a0con violenza. Questa esplosione selvaggia dovette cogliere di sorpresa Lo Zoppo che per un tempo brevissimo rest\u00f2 indeciso e, quando si chin\u00f2, allungando il braccio come una freccia, nascondendo alla nostra vista la brillante lama che seguivamo allucinati, allora sapemmo che il gesto di follia di Justo non era stato del tutto inutile. Con lo scontro, la notte che ci avvolgeva si riemp\u00ec di ruggiti laceranti e profondi che scaturivano come scintille dai combattenti. Non lo sapevamo allora e non lo sapremo quanto tempo rimasero abbracciati in quel poliedro convulso, ma anche senza distinguere chi era chi, senza sapere da che braccio partissero quei colpi, che gola proferisse quei ruggiti che si succedevano come echi, vedemmo molte volte, nell&#8217;aria, tremanti verso il cielo, o in mezzo all&#8217;ombra, in basso, sui lati, le lame nude dei coltelli, veloci, illuminate, nascondersi e riapparire, sprofondare o vibrare nella notte, come in uno spettacolo di magia.<br \/>\nRimanemmo ansanti e avidi, senza respirare, gli occhi dilatati, mormorando forse parole incomprensibili, fin tanto che la piramide umana si divise, tagliata improvvisamente nel centro da una coltellata invisibile; i due furono lanciati fuori, come magnetizzati nella parte posteriore, nello stesso momento, con la stessa violenza. Si ritrovarono a un metro di distanza. ansimanti. &#8211; Bisogna fermarli, disse la voce di Leon. Basta. &#8211; Ma prima che tentassimo di muoverci, Lo Zoppo come un bolide aveva abbandonato la sua posizione. Justo non evit\u00f2 l&#8217;attacco ed entrambi rotolarono al suolo. Si contorcevano sulla sabbia, rotolandosi uno sopra l&#8217;altro, fendendo l&#8217;aria con rantoli sordi. Questa volta la lotta fu breve. Ben presto furono fermi, stesi nel letto del fiume, come se stessero dormendo. Stavo per correre verso di loro quando, forse indovinando la mia intenzione, qualcuno si alz\u00f2 all&#8217;improvviso e rimase in piedi vicino al caduto, oscillando peggio che un ubriaco. Era Lo Zoppo<br \/>\nNella lotta, avevano perso persino le coperte, che giacevano un poco pi\u00f9 in l\u00e0, simili a una pietra con molti vertici. \u00a0&#8211; Andiamo &#8211; , disse Leon. Ma anche questa volta successe qualcosa che ci mantenne immobili. Justo si alzava, con difficolt\u00e0, appoggiando tutto il suo corpo sul braccio destro e coprendo la testa con la mano libera, come se volesse allontanare dai suoi occhi una visione orribile. Quando fu in piedi, Lo Zoppo indietreggi\u00f2 di alcuni passi. Justo barcollava. Non aveva allontanato il braccio dalla faccia. Sentimmo allora una voce che tutti conoscevamo, ma che questa volta non avremmo riconosciuto se ci avesse colto di sorpresa nelle tenebre.<br \/>\n&#8211; Juli\u00e0n! &#8211; grid\u00f2 Lo Zoppo. &#8211; Digli che si arrenda!<br \/>\nMi girai a guardare Leonidas, ma incontrai di mezzo la faccia di Leon: osservava la scena con espressione atroce. Tornai a guardarli: erano di nuovo uniti. Aizzato dalle parole de Lo Zoppo, Justo sicuramente aveva allontanato il braccio dalla faccia nel secondo in cui io mi ero distratto dal combattimento, e si era gettato sopra il nemico tirando fuori le ultime forze dalla sua amarezza di vinto. Lo Zoppo\u00a0si liber\u00f2 facilmente di questo assalto sentimentale e inutile, facendo un salto indietro:<br \/>\n&#8211; Don Leonidas! &#8211; grid\u00f2 di nuovo con accento furioso e supplichevole. &#8211; Gli dica di arrendersi!<br \/>\n&#8211; Sta zitto e combatti! mugg\u00ec Leonidas, senza vacillare.<br \/>\nJusto aveva tentato nuovamente un assalto, ma noi, soprattutto Leonidas, che era vecchio e aveva visto molti combattimenti nella sua vita, sapevamo non c&#8217;era pi\u00f9 nulla da fare, che il suo braccio non aveva forza neanche per graffiare la pelle olivastra de Lo Zoppo. Con l&#8217;angoscia che nasceva dal pi\u00f9 profondo, saliva fino alla bocca, seccandola, e fino agli occhi, offuscandoli, li vedemmo lottare al rallentatore ancora per un momento, fino a che l&#8217;ombra si framment\u00f2 una volta di pi\u00f9: qualcuno crollava a terra con un rumore secco. Quando arrivammo dove giaceva Justo, Lo Zoppo si era ritirato verso i suoi, e tutti insieme cominciarono ad allontanarsi senza parlare. Misi la faccia vicino al suo petto, notando appena che una sostanza calda mi inumidiva il collo e la spalla, mentre la mia mano esplorava il suo ventre e la sua schiena fra strappi di tela e affondava a volte nel corpo flaccido, bagnato e freddo. Brice\u00f1o e Leon si tolsero le giacche, lo avvolsero con cura e lo alzarono per i piedi e per le braccia. Io cercai la coperta di Leonidas, che era qualche passo pi\u00f9 in l\u00e0, e con essa gli coprii la faccia a tastoni, senza guardare. Poi, fra tutti e tre, lo caricammo sulle spalle su due fila, come in una bara, e camminammo, uniformando il passo, in direzione del sentiero che saliva lungo la riva del fiume e che ci avrebbe condotto alla citt\u00e0.<br \/>\n&#8211; Non piangere, vecchio &#8211; disse Leon.\u00a0&#8211; Non ho conosciuto nessuno tanto coraggioso come tuo figlio. Dico la verit\u00e0.<br \/>\nLeonidas non rispose. Veniva dietro di me, di modo che non potevo vederlo.\u00a0All&#8217;altezza dei primi ranch di Castilla, domandai:<br \/>\n&#8211; Lo portiamo a casa sua, Don Leonidas?<br \/>\n&#8211; S\u00ec &#8211; disse il vecchio, precipitosamente, come se non avesse ascoltato ci\u00f2 che gli dicevo.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div><\/p>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":["post-321","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mario-vargas-llosa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/321","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=321"}],"version-history":[{"count":63,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/321\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":866,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/321\/revisions\/866"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=321"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=321"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=321"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}