{"id":386,"date":"2016-01-03T10:30:50","date_gmt":"2016-01-03T10:30:50","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=386"},"modified":"2016-08-10T16:04:28","modified_gmt":"2016-08-10T16:04:28","slug":"nosotros-noi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=386","title":{"rendered":"Nosotros \/ Noi"},"content":{"rendered":"<div class=\"column-half first\">\u2013\u00a1Nunca te mires en un espejo: ser\u00eda una redundancia! \u2013me dicen nuestros amigos\u2013. Lo mirar\u00e1s a Eduardo que es igual a ti, para peinarte o anudarte la corbata.<br \/>\nDicen que nos parecemos como dos gotas de agua, pero conozco las diferencias que hay entre nosotros como la diferencia que hay entre mi mano izquierda y mi mano derecha, o mi ojo derecho y mi ojo izquierdo. Modestia aparte, mi cara de perfil es m\u00e1s perfecta que la de Eduardo, el hoyuelo de las mejillas, que tanto \u00e9xito tiene, se me acent\u00faa m\u00e1s cuando nos re\u00edmos; por eso las chicas me miran tanto: sin embargo, nunca trat\u00e9 de enamorarme de otras mujeres que las que enamoraban a mi hermano. A veces pens\u00e9 que ser\u00eda conveniente independizarme un poco, lo confieso, pero no tuve valor. Soy feliz: para qu\u00e9 buscarle tres pies al gato. Somos de una familia pudiente y distinguida. Por las ma\u00f1anas tomamos un desayuno copioso que hasta el Rey de Inglaterra envidiar\u00eda. Nos dedicamos a algunos deportes: el lanzamiento de la jabalina, la nataci\u00f3n o el golf. Por las tardes nos ocupamos de nuestra tarea habitual que nos da tanta satisfacci\u00f3n. Creo que no conocemos lo que es estar tristes ni deprimidos. Nos bastar\u00eda abrir el ropero y contemplar nuestros zapatos lustrosos como espejos para borrar cualquier preocupaci\u00f3n. El ama de llaves que tenemos es un pan de Dios; ella contribuye a la felicidad de nuestra vida. (Ama de llaves, ama de leche, ama de casa. Siempre nos fascinaron esas mujeres ejemplares.) Un d\u00eda nos enamoramos de ella, porque la ten\u00edamos a mano, pero pronto tuvimos una desilusi\u00f3n tremenda: sus dientes, que nos parec\u00edan un collar de perlas, eran postizos. Los descubrimos adentro de un vaso de agua, en su cuarto. Sus pies, con los cuales tropez\u00e1bamos, ten\u00edan un dedo encimado. Sus desayunos eran natas sobre un trozo de pan y ajo picado.<br \/>\n\u2013Ser\u00eda mejor pensar en otra cosa \u2013dije a Eduardo, que inmediatamente me comprendi\u00f3.<br \/>\nPobre Bernarda! Cu\u00e1ntas ilusiones se habr\u00e1 hecho con nosotros. \u00a1No quiero pensar en las desventuras ajenas! Para ella siempre seremos los ni\u00f1os mimados, los diablillos, los buenos mozos despreocupados.<br \/>\nCuando nos enamoramos de Leticia pensamos que el mundo iba a cambiar. La felicidad es ambiciosa: quer\u00edamos m\u00e1s y m\u00e1s. La conocimos en el Club N\u00e1utico de San Isidro. Eduardo fue el que la conquist\u00f3 con no s\u00e9 qu\u00e9 triqui\u00f1uelas. Yo me enardec\u00ed, pero ella no quer\u00eda saber nada conmigo.<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 emplea siempre el plural? \u2013me dijo.<br \/>\n&#8211; \u00bfLa molesto? \u2013le pregunt\u00e9.<br \/>\n&#8211; Eduardo es mi novio, \u00bfno se da cuenta? \u2013me contest\u00f3.<br \/>\nMe alej\u00e9, desconsolado.<br \/>\nA veces me confund\u00eda con Eduardo cuando me encontraba en la calle, y me saludaba efusivamente, o en el tel\u00e9fono cuando llamaba a casa para hablar con \u00e9l y me dec\u00eda frases amorosas que me agradaban. Cuando Eduardo se cas\u00f3 fing\u00ed ausentarme por unos meses a la Patagonia, lugar ideal para un mis\u00e1ntropo.<br \/>\nQued\u00e9 de inc\u00f3gnito en un hotel de Buenos Aires, haci\u00e9ndome la ilusi\u00f3n de viajar por Europa. Eduardo ven\u00eda a visitarme por las tardes, con los bolsillos llenos de tabletas de chocolate suizo. Desde el hotel llamaba a su mujer y me daba el tubo para que yo finalizara la conversaci\u00f3n; yo hac\u00eda esto de buena gana, pues Leticia me dec\u00eda palabras encendidas con una voz no menos encendida. \u00a1Cu\u00e1nto nos divert\u00edamos!<br \/>\nEn el barrio donde viv\u00eda Eduardo hab\u00eda como ahora frecuentes cortes de luz que se anunciaban con anterioridad en los diarios. Esta circunstancia facilitar\u00eda las cosas. Eduardo, con muchos eufemismos, me dio la idea:<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no pasas la noche con Leticia? Yo te relevar\u00e9 antes de las siete de la ma\u00f1ana.<br \/>\nMe dio las llaves. Con el coraz\u00f3n en la boca acept\u00e9 y fui al departamento que queda en la calle Jun\u00edn. Estaba convenido que llegar\u00eda a medianoche, hora en que Eduardo ten\u00eda que regresar de una comida de hombres solos, en el Hotel Alvear. Tom\u00e9 unas p\u00edldoras para los nervios y llegu\u00e9 al departamento despu\u00e9s de demorarme en el ascensor m\u00e1s de lo necesario. Abr\u00ed la puerta con tranquilidad, o\u00ed unos pasos desnudos en la alfombra. Leticia se ech\u00f3 en mis brazos. Eduardo me hab\u00eda dicho:<br \/>\n&#8211; Tienes que representarme. Ll\u00e1mala mi corderito.<br \/>\nNo me costaba imaginar que yo era Eduardo: en la infancia hab\u00eda jugado muchas veces un juego similar; pero llamarla Corderito no pod\u00eda. La alc\u00e9 en mis brazos y la llev\u00e9 a la cama. El resto casi no lo recuerdo. La emoci\u00f3n sexual es una suerte de hipn\u00f3tico, que me roba la memoria. Cuando lleg\u00f3 Eduardo a relevarme yo estaba profundamente dormido. Con mucha precauci\u00f3n, tuvo que acercarse a la cama y despertarme, antes que Leticia se despertara. Volv\u00ed varias veces, en similares circunstancias, a dormir en los brazos de Leticia. La vida se volvi\u00f3 agradable y no exenta de peligros y de variaciones.<br \/>\nDos personas juntas se atreven a hacer cualquier cosa: Eduardo y yo tenemos una fuerza mayor que el com\u00fan de las personas. \u00bfQu\u00e9 otros mellizos se hubieran atrevido a semejante acci\u00f3n?<br \/>\nBien se dice que el amor es ciego. Comenzaba el oto\u00f1o. Durante una semana Leticia convivi\u00f3 conmigo, creyendo que yo era Eduardo. Yo mismo llegu\u00e9 a creer que era Eduardo a fuerza de imitarlo. Pero una circunstancia desagradable rompi\u00f3 el encanto. Leticia oy\u00f3 comentarios malignos de personas que hab\u00edan visto a Eduardo a la hora en que ella estaba en mis brazos. Leticia comenz\u00f3 a cavilar sobre posibles desdoblamientos, sobre circunstancias m\u00e1gicas, que permit\u00edan simult\u00e1neamente que ella estuviera en los brazos de Eduardo mientras Eduardo estaba en otros sitios. Alguien, tal vez malignamente, sac\u00f3 una fotograf\u00eda de Eduardo, sin que \u00e9ste lo advirtiera, en una casa donde jugaban al p\u00f3ker. La fotograf\u00eda llevaba la fecha y la direcci\u00f3n en el dorso y alguien se la mand\u00f3 a Leticia.<br \/>\nLeticia comenz\u00f3 a cavilar fr\u00edamente, mientras yo la abrazaba. Me confi\u00f3 sus inquietudes. La tranquilic\u00e9. \u00a1Mi vida ya no era una vida! Una ma\u00f1ana cre\u00ed que Leticia estaba durmiendo, como lo estaba habitualmente a la hora en que Eduardo me relevaba. Furtivamente me levant\u00e9 cuando o\u00ed entrar a Eduardo, que se asom\u00f3 a la puerta. \u00a1Se nos hel\u00f3 la sangre! Como una aparici\u00f3n, Leticia se levant\u00f3 de la cama. Tanta tranquilidad no era humana. Se acerc\u00f3 al tel\u00e9fono y habl\u00f3 con una tapicer\u00eda para que vinieran a colocarle las alfombras. Pens\u00e9 que iba a matar a uno de los dos o a delatarnos. Seguramente la verg\u00fcenza le impidi\u00f3 hacerlo. Trat\u00f3 por todos los medios de que Eduardo se batiera conmigo.<br \/>\nHicimos nuestro ba\u00fal y con Eduardo nos fuimos de esa casa donde la vida ya nos parec\u00eda tediosa, por no decir insoportable.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">&#8211; Non guardarti mai allo specchio: sarebbe una ridondanza! &#8211; mi dicono i nostri amici. &#8211; Per pettinarti o annodarti la cravatta, guarda Eduardo che \u00e8 uguale a te .<br \/>\nDicono che ci assomigliamo come due gocce d&#8217;acqua, ma io conosco la differenza che c&#8217;\u00e8 tra noi, come la differenza che c&#8217;\u00e8 tra la mia mano sinistra e la mia mano destra, o il mio occhio destro e il mio occhio sinistro. Modestia a parte, la mia faccia di profilo \u00e8 pi\u00f9 perfetta di quella di Eduardo, la fossetta delle guance, che tanto successo ha, mi si accentua di pi\u00f9 quando ridiamo; per questo le ragazze mi guardano tanto: comunque non ho\u00a0mai cercato di innamorarmi di altre donne che non fossero quelle che\u00a0seducevano\u00a0mio fratello. A volte, lo confesso, ho pensato che sarebbe opportuno rendermi un poco indipendente, ma non ho avuto il coraggio. Sono felice: perch\u00e9 tentare l&#8217;impossibile?<em>\u00a0<\/em>Siamo di famiglia ricca e illustre. La mattina facciamo un colazione abbondante che persino il Re d&#8217;Inghilterra ci invidierebbe. Ci dedichiamo ad alcuni sport: il lancio del giavellotto, il nuoto e il golf. La sera ci occupiamo dei nostri abituali impegni che ci danno tanta soddisfazione. Credo che non conosciamo cosa sia esser tristi o depressi. Ci basterebbe aprire il guardaroba e contemplare le nostre scarpe lucide come specchi per cancellare qualsiasi preoccupazione. La governante che abbiamo \u00e8 un&#8217;ottima persona; lei contribuisce alla felicit\u00e0 della nostra vita. (Governante, balia, padrona di casa. Sempre ci hanno affascinato queste donne esemplari.) Un giorno ci innamorammo di lei, perch\u00e9 l&#8217;avevamo a portata di mano, ma ben presto avemmo una delusione tremenda: i suoi denti, che ci sembravano una collana di perle, erano posticci. Li scoprimmo dentro un bicchiere d&#8217;acqua, nella sua camera. I suoi piedi, nei quali inciampavamo, avevano un dito accavallato. Le sue colazioni erano panna su un pezzo di pane e aglio tritato.<br \/>\n&#8211; Sarebbe meglio pensare ad altro &#8211; dissi a Eduardo, che immediatamente mi cap\u00ec.<br \/>\nPovera Bernarda! Quante illusioni si sar\u00e0 fatta su di noi. Non voglio pensare alle altrui disgrazie ! Per lei saremo sempre i signorini viziati, i diavoletti, i bravi ragazzi spensierati.<br \/>\nQuando ci innamorammo di Leticia pensammo che il mondo sarebbe cambiato. La felicit\u00e0 \u00e8 ambiziosa: volevamo sempre di pi\u00f9. La conoscemmo al Club Nautico di San Isidro. Eduardo fu quello che la conquist\u00f2 con non so quali trucchi. Io mi infiammai, ma lei non voleva saper niente di me.<br \/>\n&#8211; Perch\u00e9 usa sempre il plurale? &#8211; mi disse.<br \/>\n&#8211; La disturbo? &#8211; le chiesi.<br \/>\n&#8211; Eduardo \u00e8 il mio fidanzato, non se ne rende conto? &#8211; mi rispose.<br \/>\nMi allontanai, sconsolato.<br \/>\nA volte mi confondeva con Eduardo quando mi incontrava per la strada, e mi salutava affettuosamente, o al telefono quando chiamava a casa per parlare con lui e mi diceva frasi d&#8217;amore che mi piacevano. Quando Eduardo si spos\u00f2, finsi di assentarmi per alcuni mesi in Patagonia, luogo ideale per un misantropo.<br \/>\nRestai in incognito in un hotel di Buenos Aires, illudendomi\u00a0di viaggiare per l&#8217;Europa. Eduardo veniva a visitarmi la sera, con le tasche piene di tavolette di cioccolato svizzero. Dall&#8217;hotel chiamava sua moglie e mi dava il telefono perch\u00e9 io\u00a0<em>\u00a0<\/em>concludessi la conversazione; \u00a0io lo facevo volentieri \u00a0perch\u00e9 Leticia mi diceva parole infuocate con una voce non meno infuocata. Quanto ci divertivamo!<br \/>\nNel quartiere dove viveva Eduardo c&#8217;erano come adesso frequenti interruzioni della luce che si annunciavano con anticipo sui giornali. Questa circostanza avrebbe facilitato le cose. Eduardo, con molti eufemismi, mi diede l&#8217;idea:<br \/>\n&#8211; Perch\u00e9 non passi la notte con Leticia? Io ti rilever\u00f2 prima delle sette della mattina.<br \/>\nMi diede le chiavi. Con il cuore in bocca accettai e andai all&#8217;appartamento che si trova in Calle Junin. Era convenuto che sarei arrivato a mezzanotte, ora in cui Eduardo doveva ritornare da un pranzo di soli uomini all&#8217;Hotel Alvear. Presi delle pillole per i nervi e arrivai all&#8217;appartamento dopo di essermi trattenuto nell&#8217;ascensore pi\u00f9 del necessario. Aprii la porta con calma, udii dei passi scalzi sul tappeto. Leticia si gett\u00f2 nelle mie braccia.\u00a0Eduardo mi aveva detto:<br \/>\n&#8211; Devi impersonarmi. Chiamala\u00a0agnellino mio<em>.<\/em><br \/>\nNon mi costava immaginare di essere Eduardo: nell&#8217;infanzia avevo giocato molte volte un gioco simile; ma chiamarla Agnellino non potevo. La alzai tra le braccia e la portai al letto. Il resto quasi non lo ricordo. L&#8217;emozione sessuale \u00e8 una sorta di ipnotico che mi ruba la memoria. Quando arriv\u00f2 Eduardo a rilevarmi, ero profondamente addormentato. Con molta precauzione, dovette avvicinarsi al letto e svegliarmi, prima che Leticia si svegliasse. \u00a0Tornai molte volte, in circostanze simili, a dormire tra le braccia di Leticia. \u00a0La vita divenne piacevole e non \u00a0esente da pericoli e da variazioni.<br \/>\nDue persone insieme osano fare qualunque cosa: Eduardo e io avevamo una forza maggiore che la maggior parte della gente<em>.\u00a0<\/em>Quali altri gemelli avrebbero osato fare una simile azione?<br \/>\nGiustamente si dice l&#8217;amore \u00e8 cieco. Cominciava l&#8217;autunno. Per una settimana Leticia convisse con me, credendo che io fossi Eduardo. \u00a0Io stesso arrivai a credere di essere Eduardo a forza di imitarlo. Ma una spiacevole circostanza ruppe l&#8217;incanto. Leticia sent\u00ec commenti maligni \u00a0di persone che avevano visto Eduardo all&#8217;ora in cui lei stava fra le mie braccia. Leticia cominci\u00f2 a fantasticare su possibili sdoppiamenti, su circostanze magiche, che permettevano simultaneamente che lei stesse fra le braccia di Eduardo mentre Eduardo era in altri posti. Qualcuno, forse con cattiveria, fece una fotografia di Eduardo, senza che questi se ne accorgesse, in una casa dove giocavano a poker. La fotografia portava la data e l&#8217;indirizzo sul retro e qualcuno la mand\u00f2 a Leticia.<br \/>\nLeticia cominci\u00f2 a rimuginare freddamente, mentre io l&#8217;abbracciavo. \u00a0Mi confid\u00f2 le sue inquietudini. La tranquillizzai. La mia vita non era pi\u00f9 una vita! Una mattina credetti che Leticia stesse dormendo, come faceva abitualmente all&#8217;ora in cui Eduardo mi rilevava. \u00a0Furtivamente mi alzai quando sentii entrare Eduardo, che si affacci\u00f2 alla porta. Ci gel\u00f2 il sangue! Come un&#8217;apparizione, Leticia si alz\u00f2 dal letto. \u00a0Tanta tranquillit\u00e0 non era umana. S&#8217;avvicin\u00f2 al telefono e parl\u00f2 con un tappezziere perch\u00e9 venissero a metterle i tappeti. \u00a0Pensai che avrebbe ammazzato uno dei due o che ci avrebbe denunciati. Probabilmente la vergogna le imped\u00ec di farlo. Tent\u00f2 in tutti i modi di far s\u00ec che Eduardo si battesse con me.<br \/>\nFacemmo il nostro baule e con Eduardo ce ne andammo da quella casa dove la vita ormai ci sembrava noiosa, per non dire insopportabile.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-386","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-silvina-ocampo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=386"}],"version-history":[{"count":17,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/386\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":864,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/386\/revisions\/864"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}