{"id":433,"date":"2016-01-14T15:02:41","date_gmt":"2016-01-14T15:02:41","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=433"},"modified":"2016-08-10T16:01:35","modified_gmt":"2016-08-10T16:01:35","slug":"otro-cuento-ruso-un-altro-racconto-russo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=433","title":{"rendered":"Otro cuento ruso \/ Un altro racconto russo"},"content":{"rendered":"<div class=\"column-half first\">En cierta ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de discutir con un amigo acerca de la identidad peregrina del arte, Amalfitano le refiri\u00f3 una historia que a \u00e9l le contaron en Barcelona. La historia versaba sobre un sorche de la Divisi\u00f3n Azul espa\u00f1ola que combati\u00f3 en la Segunda Guerra Mundial, en el frente ruso, m\u00e1s concretamente en el Grupo de Ej\u00e9rcitos Norte, en una zona cercana a Novgorod.<br \/>\nEl sorche era un sevillano bajito, delgado como un palillo y de ojos azules que por esas cosas de la vida (no era un Dionisio Ridruejo ni siquiera un Tom\u00e1s Salvador, y cuando hab\u00eda que saludar a la romana saludaba, pero tampoco era propiamente un fascista o un falangista) fue a parar a Rusia. All\u00ed, sin que sepa qui\u00e9n empez\u00f3, alguien le dijo sorche ven para ac\u00e1 o sorche haz esto o lo otro y al sevillano se le qued\u00f3 en la cabeza la palabra sorche, pero en la parte oscura de la cabeza, y en ese lugar tan grande y desolador con el paso del tiempo y los sustos diarios se transform\u00f3 en la palabra chantre. No s\u00e9 c\u00f3mo ocurri\u00f3, supongamos que se activ\u00f3 un mecanismo infantil, un recuerdo feliz que esperaba su oportunidad para volver.<br \/>\nDe modo que el andaluz pensaba sobre s\u00ed mismo en los t\u00e9rminos y obligaciones de un chantre aunque conscientemente no ten\u00eda idea del significado de esta palabra que designa al encargado del coro en algunas catedrales. Pero de alguna manera, y esto es lo notable, a fuerza de pensarse chantre se convirti\u00f3 en chantre. Durante la terrible navidad del 41 se hizo cargo del coro que cantaba villancicos mientras los rusos machacaban a los del Regimiento 250. En su memoria estos d\u00edas est\u00e1n llenos de ruido (ruidos secos, constantes) y de una alegr\u00eda subterr\u00e1nea y un poco fuera de foco. Cantaban, pero era como si las voces llegaran despu\u00e9s o incluso antes, y los labios, las gargantas, los ojos de los cantores muchas veces se deslizaban por una suerte de fisura de silencio, en un viaje brev\u00edsimo pero igualmente extra\u00f1o.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, el sevillano se comport\u00f3 como un valiente, con resignaci\u00f3n, aunque el humor se le fue agriando con el paso del tiempo.<br \/>\nNo tard\u00f3 en probar su cuota de sangre. Una tarde, como al descuido, lo hirieron y durante dos semanas permaneci\u00f3 internado en el Hospital Militar de Riga al cuidado de robustas y sonrientes enfermeras del Reich incr\u00e9dulas ante el color de sus ojos y de algunas fe\u00edsimas enfermeras espa\u00f1olas voluntarias, probablemente hermanas, cu\u00f1adas o primas lejanas de Jos\u00e9 Antonio.<br \/>\nCuando lo dieron de alta sucedi\u00f3 algo que para el sevillano tendr\u00eda graves consecuencias: en vez de recibir un billete con el destino correcto le dieron uno que lo llev\u00f3 a los cuarteles de un batall\u00f3n de las SS destacado a unos trescientos kil\u00f3metros de su regimiento. All\u00ed, rodeado de alemanes, austr\u00edacos, letones, lituanos, daneses, noruegos y suecos, todos mucho m\u00e1s altos y fuertes que \u00e9l, intent\u00f3 deshacer el equ\u00edvoco utilizando un alem\u00e1n rudimentario, pero los SS le dieron largas y mientras se aclaraba el asunto lo pusieron con una escoba a barrer el cuartel y con un cubo de agua y un estropajo a fregar la oblonga y enorme instalaci\u00f3n de madera en donde reten\u00edan, interrogaban y torturaban a toda clase de prisioneros.<br \/>\nSin resignarse del todo, pero cumpliendo con su nueva tarea a conciencia, el sevillano vio pasar el tiempo desde su nuevo cuartel, comiendo mucho mejor que antes y sin exponerse a nuevos peligros, ya que el batall\u00f3n de las SS estaba destinado en la retaguardia, en lucha contra aquellos a quienes llamaban bandidos. Entonces, en el lado oscuro de su cabeza volvi\u00f3 a hacerse legible la palabra sorche. Soy un sorche, se dijo, un recluta biso\u00f1o y debo aceptar mi destino. La palabra chantre, poco a poco, desapareci\u00f3, aunque algunas tardes, bajo un cielo sin l\u00edmites que lo llenaba de nostalgias sevillanas, resonaba a\u00fan por all\u00ed, perdida qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Una vez escuch\u00f3 cantar a unos soldados alemanes y la record\u00f3, otra vez escuch\u00f3 cantar a un ni\u00f1o detr\u00e1s de unas matas y la volvi\u00f3 a recordar, esta vez de forma m\u00e1s precisa, pero cuando dio la vuelta a los arbustos el ni\u00f1o ya no estaba.<br \/>\nUn buen d\u00eda ocurri\u00f3 lo que ten\u00eda que ocurrir. El cuartel del batall\u00f3n de las SS fue asaltado y tomado por un regimiento de caballer\u00eda ruso, seg\u00fan unos, por un grupo de partisanos, seg\u00fan otros. El combate fue corto y se decant\u00f3 en seguida en contra de los alemanes. Al cabo de una hora los rusos encontraron al sevillano escondido en el edificio oblongo, vestido con el uniforme de auxiliar de las SS y rodeado de las no tan pret\u00e9ritas infamias all\u00ed cometidas. Como quien dice, con las manos en la masa. No tard\u00f3 en ser atado a una de las sillas que los SS usaban en los interrogatorios, una de esas sillas con correas en las patas y en los reposos y a todo lo que los rusos preguntaban \u00e9l respond\u00eda en espa\u00f1ol que no entend\u00eda y que all\u00ed s\u00f3lo era un mandado. Tambi\u00e9n intent\u00f3 decirlo en alem\u00e1n, pero en este idioma apenas conoc\u00eda cuatro palabras y los rusos ninguna. \u00c9stos, tras una r\u00e1pida sesi\u00f3n de bofetadas y patadas, fueron a buscar a uno que sab\u00eda alem\u00e1n y que se dedicaba a interrogar prisioneros en otra de las celdas del edificio oblongo. Antes de que regresaran el sevillano escuch\u00f3 disparos, supo que estaban matando a algunos de los SS y perdi\u00f3 las esperanzas de salir bien librado que a\u00fan ten\u00eda; no obstante, cuando los disparos cesaron volvi\u00f3 a aferrarse a la vida con todo su ser. El que sab\u00eda alem\u00e1n le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed, cu\u00e1l era su funci\u00f3n y su grado. El sevillano, en alem\u00e1n, intent\u00f3 explicarlo, pero en vano. Los rusos entonces le abrieron la boca y con unas tenazas que los alemanes destinaban para otras partes de la anatom\u00eda empezaron a tirar y a apretar su lengua. El dolor que sinti\u00f3 lo hizo lagrimear y dijo, o m\u00e1s bien grit\u00f3, la palabra co\u00f1o. Con las tenazas dentro de la boca el exabrupto espa\u00f1ol se transform\u00f3 y sali\u00f3 al espacio convertido en la ululante palabra kunst.<br \/>\nEl ruso que sab\u00eda alem\u00e1n lo mir\u00f3 extra\u00f1ado. El sevillano gritaba kunst, kunst, y lloraba de dolor. La palabra kunst, en alem\u00e1n, quiere decir arte y el soldado biling\u00fce as\u00ed lo entendi\u00f3 y dijo que aquel hijo de puta era un artista o algo parecido. Los que torturaban al sevillano retiraron la tenaza con un trocito de lengua y esperaron, moment\u00e1neamente hipnotizados por el descubrimiento. La palabra arte. Lo que amansa a las fieras. Y as\u00ed, como fieras amansadas, los rusos se dieron un respiro y esperaron alguna se\u00f1al mientras el sorche sangraba por la boca y tragaba su sangre mezclada con grandes dosis de saliva y se ahogaba. La palabra co\u00f1o, metamorfoseada en la palabra arte, le hab\u00eda salvado la vida. Cuando sali\u00f3 del edificio oblongo el sol estaba ocult\u00e1ndose pero le hiri\u00f3 los ojos como si hubiera sido mediod\u00eda.<br \/>\nSe lo llevaron con el resto escaso de prisioneros y poco despu\u00e9s otro ruso que sab\u00eda espa\u00f1ol pudo escuchar su historia y el sevillano fue a parar a un campo de prisioneros en Siberia mientras sus accidentales compa\u00f1eros de iniquidades eran pasados por las armas. En Siberia estuvo hasta bien entrada la d\u00e9cada del cincuenta. En 1957 se instal\u00f3 en Barcelona. A veces abr\u00eda la boca y contaba sus batallitas con muy buen humor. Otras abr\u00eda la boca y mostraba a quien quisiera verlo el trozo de lengua que le faltaba. Apenas era perceptible. El sevillano, cuando se lo dec\u00edan, explicaba que la lengua con los a\u00f1os le hab\u00eda crecido. Amalfitano no lo conoci\u00f3 personalmente, pero cuando le contaron la historia el sevillano todav\u00eda viv\u00eda en una porter\u00eda de Barcelona.<\/div>\n<div class=\"column-half second\"> In un certa occasione, dopo aver discusso con un amico a proposito della strana identit\u00e0 dell&#8217;arte, Amalfitano gli rifer\u00ec una storia che gli avevano \u00a0raccontato a Barcellona. La storia verteva su un soldato della Divisione Azzurra spagnola che combatt\u00e9 nella Seconda Guerra Mondiale, sul fronte russo, pi\u00f9 esattamente nel Gruppo di Armate Nord, in una zona vicina a Novgorod.<br \/>\n<span style=\"line-height: 1.6471;\">Il soldato era un sivigliano bassotto, sottile come uno stecco e di occhi azzurri che per quelle cose della vita (non era un Dionisio Ridruejo e neppure un Tom\u00e0s Salvador, e quando si doveva salutare alla romana, salutava, ma non era propriamente un \u00a0fascista o un falangista) and\u00f2 a finire in Russia. L\u00ec, senza sapere chi inizi\u00f2, qualcuno gli disse <\/span><em style=\"line-height: 1.6471;\">sorche (<\/em><span style=\"line-height: 1.6471;\">recluta ) vieni qua o <\/span><em style=\"line-height: 1.6471;\">sorche\u00a0<\/em><span style=\"line-height: 1.6471;\">fa questa cosa o l&#8217;altra e al sivigliano gli rimase in testa la parola <\/span><em style=\"line-height: 1.6471;\">sorche<\/em><span style=\"line-height: 1.6471;\">, ma nella parte oscura della testa, e in quel luogo cos\u00ec grande e desolato con il passar del tempo e con gli spaventi quotidiani essa si trasform\u00f2 nella parola <\/span><em style=\"line-height: 1.6471;\">chantre (<\/em><span style=\"line-height: 1.6471;\">maestro di cappella). Non so come accadde, supponiamo che si attiv\u00f2 un meccanismo infantile, un ricordo felice che attendeva la sua occasione per ritornare.<br \/>\n<\/span>Di modo che l&#8217;andaluso pensava a se stesso nei termini e nei doveri di un\u00a0<em>chantre\u00a0<\/em>anche se coscientemente non aveva idea del significato di questa parola che designa l&#8217;incaricato del coro in alcune cattedrali. Ma in qualche modo, e questa \u00e8 la cosa notevole, a forza di pensarsi <em>chantre <\/em>si traform\u00f2 in un<em> chantre. <\/em>Durante il terribile Natale del 41 si fece carico del coro che intonava canti natalizi mentri i russi annientavano quelli del Reggimento 250. Nella sua memoria questi giorni sono pieni di rumore (rumori secchi , costanti) e di una allegria sotterranea e un po&#8217; sfocata. Cantavano, ma era come se le voci arrivassero dopo o persino prima, e le labbra, le gole, gli occhi dei cantori molte volte scivolassero per una sorta di fessura di silenzio, in un viaggio brevissimo ma ugualmente strano.<br \/>\nPer il resto, il sivigliano si comport\u00f2 da coraggioso, con rassegnazione, bench\u00e8 l&#8217;umore gli si andasse inasprendo col passare del tempo.<br \/>\nNon tard\u00f2 a sperimentare la sua quota di sangue. Una sera, casualmente, lo ferirono e per due settimane rimase ricoverato all&#8217;Ospedale Militare di Riga sotto le cure di robuste e sorridenti infermiere del Reich incredule di fronte al colore dei suoi occhi e di alcune bruttissime infermiere spagnole volontarie, probabilmente sorelle, cognate o lontane cugine di Jos\u00e9 Antonio.<br \/>\nQuando lo dimisero, accadde qualcosa che per il sivigliano avrebbe avuto gravi conseguenze: invece di ricevere un biglietto con la destinazione corretta glie ne diedero uno che lo port\u00f2 alle caserme di un battaglione delle SS distaccato a circa trecento chilometri dal suo reggimento. L\u00ec, circondato da tedeschi, austriaci, lettoni, lituani, danesi, norvegesi e svedesi, tutti molto pi\u00f9 alti e forti di lui, tent\u00f2 di annullare l&#8217;errore utilizzando un tedesco rudimentale, ma le SS la presero per le lunghe e mentre si andava chiarendo la faccenda lo misero con una scopa a spazzare la caserma e con un secchio d&#8217;acqua e uno strofinaccio \u00a0a lavare la oblunga ed enorme installazione di legno dove trattenevano, interrogavano e torturavano ogni tipo di prigionieri.<br \/>\nSenza rassegnarsi del tutto, ma eseguendo il suo nuovo compito con coscienza, il sivigliano vide passare il tempo \u00a0dalla sua nuova caserma, mangiando molto meglio di prima e senza esporsi a nuovi pericoli, giacch\u00e9 il battaglione delle SS era destinato alla retroguardia, in lotta contro quelli che chiamavano banditi . Allora, nel lato oscuro della sua testa torn\u00f2 a farsi leggibile la parola\u00a0<em>sorche<\/em>. Sono un\u00a0<em>sorche<\/em>, si disse, una recluta inesperta e devo accettare il mio destino. La parola\u00a0<em>chantre<\/em> \u00a0poco a poco spar\u00ec, anche se alcune sere, sotto un cielo senza limiti che lo riempiva di nostalgie sivigliane, risuonava ancora l\u00ec intorno, persa chiss\u00e0 dove. Una volta ascolt\u00f2 cantare alcuni soldati tedeschi e la ricord\u00f2, un&#8217;altra volta ascolt\u00f2 cantare un bambino dietro dei cespugli e la ricord\u00f2 di nuovo, questa volta in forma pi\u00f9 precisa, ma quando gir\u00f2 dietro gli arbusti il bambino non c&#8217;era pi\u00f9.<br \/>\nUn bel giorno accadde ci\u00f2 che doveva accadere. La caserma del battaglione delle SS fu assaltata e presa da un reggimento di cavalleria russo, secondo alcuni, da un gruppo di partigiani secondo altri. Il combattimento fu breve e si risolse a sfavore dei tedeschi. In capo a un&#8217;ora i russsi trovarono il sivigliano nascosto nell&#8217;edificio oblungo, vestito con l&#8217;uniforme di ausiliario delle SS e circondato da tutte le infamie \u00a0commesse l\u00ec e non tanto passate. Come si dice, in flagrante. Non tard\u00f2 ad essere legato ad una delle sedie che le SS usavano negli interrogatori, una di quelle sedie con cinghie nelle gambe e nel sedile, e a tutto ci\u00f2 che i russi gli domandavano lui rispondeva in spagnolo che non capiva e che era l\u00ec solo perch\u00e8 comandato. \u00a0Tent\u00f2 anche di dirlo in tedesco, ma di questo idioma conosceva solo quattro parole e i russi nessuna. Questi, dopo una rapida sessione di schiaffi e di calci, andarono a cercare uno che sapeva il tedesco e che si dedicava ad interrogare i prigionieri in un&#8217;altra delle celle dell&#8217;edificio oblungo. Prima che tornassero il sivigliano ud\u00ec spari, seppe che stavano ammazzando alcune delle SS e perse la speranza di uscirne bene che ancora aveva; tuttavia, quando gli spari cessarono torn\u00f2 ad afferrarsi alla vita con tutto il suo essere. Quello che sapeva il tedesco gli chiese che cosa faceva l\u00ec, quale era la sua funzione e il suo grado. Il sivigliano cerc\u00f2 di spiegarlo in tedesco, ma invano. I russi allora gli aprirono la bocca e con delle tenaglie che i tedeschi destinavano ad altre parti dell&#8217;anatomia cominciarono a tirare e a schiacciare la sua lingua. Il dolore che sent\u00ec lo fece lacrimare e disse, o meglio grid\u00f2, la parola <em>co\u00f1o<\/em> (cazzo). Con le tenaglie dentro la bocca, \u00a0lo sfogo in lingua spagnola si trasform\u00f2 ed usc\u00ec all&#8217;aperto convertito nella ululante parola\u00a0<em>kunst\u00a0<\/em>(arte).<br \/>\nIl russo che sapeva il tedesco lo guard\u00f2 stupefatto. Il sivigliano gridava\u00a0<em>kunst, \u00a0kunst, <\/em>e piangeva dal dolore. La parola\u00a0<em>kunst,\u00a0<\/em>in tedesco, vuole dire arte e il soldato bilingue cos\u00ec la comprese e disse che quel figlio di puttana era un \u00a0artista o qualcosa di simile. Quelli che torturavano il sivigliano ritirarono le tenaglie con un pezzetto di lingua e attesero, momentaneamente ipnotizzati dalla scoperta. La parola arte. Ci\u00f2 che ammansisce le fiere. E cos\u00ec, come fiere ammansite, i russi fecero una pausa e aspettarono qualche segnale , mentre il\u00a0<em>sorche\u00a0<\/em>sanguinava dalla bocca e inghiottiva il suo sangue mescolato con grande dosi di saliva e si soffocava. La parola\u00a0<em>co\u00f1o, <\/em>metamorfosata nella parola arte, gli aveva salvato la vita. Quando usc\u00ec dall&#8217;edifico oblungo il sole stava nascondendosi ma gli fer\u00ec gli occhi come se fosse stato mezzogiorno.<br \/>\nSe lo portarono con il resto ridotto dei prigionieri e poco dopo un altro russo che sapeva lo spagnolo pot\u00e9 ascoltare la sua storia e il sivigliano and\u00f2 a finire in un campo di prigionieri in Siberia mentre i suoi accidentali\u00a0compagni di iniquit\u00e0 erano passati per le armi. In Siberia rimase fin ben dentro la decade degli anni cinquanta. Nel 1957 si stabil\u00ec a Barcellona. A volte apriva la bocca e contava le sue battagliette con grande buon umore. Altre volte apriva la bocca e mostrava a chi voleva vederlo il pezzo di lingua che gli mancava. Era appena percettibile. Il sivigliano, quando glielo dicevano, spiegava che la lingua con gli anni gli era ricresciuta. Amalfitano non lo conobbe personalmente, ma quando gli contarono la storia il sivigliano viveva ancora in una portineria di Barcellona.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":["post-433","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-roberto-bolano"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/433","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=433"}],"version-history":[{"count":15,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/433\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":859,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/433\/revisions\/859"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=433"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=433"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=433"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}