{"id":438,"date":"2016-01-10T11:25:26","date_gmt":"2016-01-10T11:25:26","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=438"},"modified":"2016-08-10T16:02:46","modified_gmt":"2016-08-10T16:02:46","slug":"los-otros-gli-altri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=438","title":{"rendered":"Los otros \/ Gli altri"},"content":{"rendered":"<div class=\"column-half first\">Fran se encontraba en su habitaci\u00f3n cuando escuch\u00f3 a su mam\u00e1 llam\u00e1ndolo a gritos a almorzar. Suspir\u00f3: hubiese querido quedarse en esa luminosa habitaci\u00f3n, continuar recreando, tirado en el piso con sus ej\u00e9rcitos de plomo, la batalla de las Term\u00f3pilas. Le hab\u00eda tomado unos meses informarse de los pormenores de la batalla y proveerse de los mapas adecuados. Hab\u00eda estado encerrado all\u00ed toda la ma\u00f1ana, no hab\u00eda ido al colegio pretextando un resfr\u00edo; y era la libertad estar en sus pijamas azules y perderse en su mundo de juegos de estrategia, soldados que ca\u00edan, generales que vacilaban, columnas en formaci\u00f3n que incendiaban villorrios. Intent\u00f3 ignorar los gritos, pero no por mucho rato. Cuando lo llam\u00f3 su pap\u00e1, debi\u00f3 bajar, cabizbajo, fingiendo tener la nariz congestionada para que no lo enviaran al colegio. Todav\u00eda en pijamas el jovencito. Seguro con tus soldados, ya no est\u00e1s en edad. Alg\u00fan d\u00eda los har\u00e9 desaparecer. Sentado en la mesa, pap\u00e1 hac\u00eda el crucigrama. Acababa de llegar de la oficina, no se hab\u00eda sacado la corbata. Me duele todo, papi. La nariz, la garganta. C\u00f3mo puedes tener un resfr\u00edo con este calor. B\u00fascate una mejor excusa y charlamos. Escritor norteamericano de ciencia ficci\u00f3n, cuatro letras. En serio, anoche dorm\u00ed con la ventana abierta y en la madrugada hizo mucho fr\u00edo. No tengo idea, no s\u00e9 de escritores. Igual, con ventana abierta o cerrada, no es motivo. A tu edad trabajaba a partir de las cinco de la ma\u00f1ana. Pero cuando uno tiene todo, se malcr\u00eda. Hab\u00eda escuchado hasta cansarse el relato de la adolescencia sacrificada de pap\u00e1, c\u00f3mo el abuelo lo hac\u00eda levantarse temprano para que se hiciera cargo de los hornos en la panader\u00eda. Dec\u00eda que hubiera querido criar as\u00ed a sus hijos, pero su mujer se lo hab\u00eda impedido, consinti\u00e9ndolos desde peque\u00f1os. Mam\u00e1 se sent\u00f3 a la mesa. C\u00f3mo te fue en el trabajo, pregunt\u00f3. La respuesta fue un gru\u00f1ido. Hubo otras preguntas, hubo otros gru\u00f1idos. El segundero en el reloj del comedor se mov\u00eda con parsimonia, el minutero permanec\u00eda inm\u00f3vil como una espada en desuso. Fran estaba ah\u00ed, pero no estaba. Escuchaba a sus pap\u00e1s, pero no los escuchaba. La sopa de pollo la sent\u00eda ins\u00edpida. O acaso hab\u00eda comenzado a creer de verdad en su resfr\u00edo. Esta tarde saldr\u00e9 temprano, dec\u00eda su pap\u00e1, que se estaba dejando crecer las patillas y ten\u00eda una expresi\u00f3n algo anacr\u00f3nica, de guitarrista de banda de rock en los cincuenta. Voy al dentista. Las palabras lentas, las s\u00edlabas mordidas. Voy. Al. Den. Tis. Ta. Cre\u00ed que hab\u00edas ido ya la anterior semana, dijo su mujer sin verlo, con ese tono incr\u00e9dulo que usaba ante cualquier plan de su marido. Sus lentes gruesos y su piel descuidada \u2013archipi\u00e9lagos de manchas negras en el cuello y las manos\u2013 la hac\u00edan ver m\u00e1s vieja de lo que era. Me sigue doliendo. Parece que me la tendr\u00e1n que sacar. Pap\u00e1 parti\u00f3 el pan, y en ese momento Fran not\u00f3 algo raro. Quiz\u00e1s era la forma en que hab\u00eda agarrado el pan, con la mano izquierda, \u00e9l que era derecho. Continu\u00f3 con la sopa, mir\u00e1ndolo de reojo. El ralo bigote, las ojeras que delataban las noches de p\u00f3ker. Fran tuvo la intuici\u00f3n, primero, y la certeza, despu\u00e9s. Pap\u00e1 era \u00e9l, y sin embargo no era \u00e9l. Alguien lo reemplazaba, alguien aparentaba decir sus palabras con el mismo tono agobiado por la vida, y trataba de imitar su inimitable mirada sin lustre. \u00bfMam\u00e1 se habr\u00eda dado cuenta de ello? Pap\u00e1 se levant\u00f3 de la mesa y se dirigi\u00f3 a la cocina. Mam\u00e1, susurr\u00f3 Fran. \u00bfQu\u00e9? Pap\u00e1\u2026 Se arm\u00f3 de valor para terminar la frase. No es el mismo. Pap\u00e1 no es pap\u00e1. Yo tambi\u00e9n lo he notado. Hace mucho que no es el mismo. Tanto trabajo cambia a la gente. No me refer\u00eda a eso, mam\u00e1. Pap\u00e1\u2026 es otro. Eso tambi\u00e9n dec\u00eda tu hermano cuando lleg\u00f3 a la adolescencia. Por eso aprovech\u00f3 el menor descuido para mandarse a mudar. Para eso los criamos, para que alg\u00fan d\u00eda levanten vuelo. Todos los hijos son ingratos. Pap\u00e1 puso una cubeta de hielo sobre la mesa y regres\u00f3 a su silla. Mir\u00f3 a Fran, y \u00e9ste vio por un segundo un rostro de horror, como una m\u00e1scara de plastilina que acabara de ser estrujada. Grit\u00f3, y salt\u00f3 de la mesa y se dirigi\u00f3 corriendo a su cuarto. Pap\u00e1 y mam\u00e1 se miraron. \u00bfQu\u00e9 diablos le pasa esta vez? Yo levanto las manos, dijo ella. A ver si lo puedes poner en vereda. Ella sigui\u00f3 comiendo. El tir\u00f3 una servilleta al suelo y subi\u00f3 las escaleras a grandes trancos, acompa\u00f1ado por el crujido de la madera. Toc\u00f3 la puerta del cuarto de Fran. Fran escuch\u00f3 los golpes como si fueran el anuncio de algo siniestro. Se puso r\u00e1pidamente unos jeans sobre el pantal\u00f3n del pijama. Escuch\u00f3 los ladridos de Springsteen, el malhumorado boxer del vecino, y a lo lejos las campanadas de la iglesia. Escondi\u00f3 a sus soldados de plomo bajo la cama, abri\u00f3 la ventana y, agarr\u00e1ndose del reborde, se dej\u00f3 caer al jard\u00edn.<br \/>\nEsper\u00f3 a Eric y Joaqu\u00edn a la salida del colegio, en el kiosko de la plazuela donde sol\u00edan encontrarse los recreos. Bajo un jacarand\u00e1 que dejaba llover flores sin cesar, les cont\u00f3, agitado, lo que ocurr\u00eda. As\u00ed que tu pap\u00e1 no es tu pap\u00e1, dijo Joaqu\u00edn, el rostro incapaz de contener la proliferaci\u00f3n de pecas. No te entiendo. Y qu\u00e9 vida la tuya. Te olvidaste de cambiarte la camisa del pijama. Est\u00e1 hablando en met\u00e1foras, dijo Eric, que usaba lentes con montura de carey y ten\u00eda los incisivos salidos. El que no siente de vez en cuando que sus pap\u00e1s no son sus pap\u00e1s, que levante la mano. Todos tenemos que desconocerlos a veces. Fran volvi\u00f3 a contarles todo. Daba pasos inquietos de un lado a otro, estrujaba las manos sin descanso. El sol se hab\u00eda instalado en el coraz\u00f3n del cielo, y ca\u00eda como una plomada sobre la ciudad de calles vac\u00edas a la hora de la siesta. Al final,moviendo la cabeza y entre bromas, aceptaron acompa\u00f1arlo de regreso a casa. Eran diez cuadras. Las cosas que uno hace por los amigos, dijo Joaqu\u00edn. Tienes que dejar la bayer, dijo Eric. Saben que no tomo ni cerveza, dijo Fran. \u00bfY aquella vez, viendo Tom y Jerry? La primera y la \u00faltima. Llegaron y entraron con sigilo por el jard\u00edn. Springsteen volvi\u00f3 a la carga con sus ladridos. Se acercaron a la ventana al costado derecho. El pap\u00e1 de Fran le\u00eda el peri\u00f3dico sentado en el sof\u00e1 de la sala, como si nada hubiera ocurrido. No veo nada raro, dijo Eric. Tu pap\u00e1 parece el mismo de siempre. Esperen, esperen. Pas\u00f3 un minuto. Fran, de pronto, comenz\u00f3 a enumerar las sutiles diferencias entre su pap\u00e1 y el que cre\u00eda un impostor: la forma en que agarraba el peri\u00f3dico y pasaba las p\u00e1ginas, la manera en que doblaba una pierna sobre la otra, el \u00e1ngulo en que ca\u00eda un mech\u00f3n de pelo negro sobre la frente. Logr\u00f3 que la duda se instalara en Joaqu\u00edn; Eric permanec\u00eda esc\u00e9ptico. Mucha televisi\u00f3n, dijo, pasando un trapo por los vidrios de los anteojos. Yo me voy, si quieren qu\u00e9dense ustedes. Parece un juego, encuentre los siete errores. En ese momento, apareci\u00f3 la mam\u00e1 de Fran; se acerc\u00f3 a su marido, le dio un vaso de limonada con hielo, y desapareci\u00f3 rumbo a la cocina. Ni se te ocurra moverte, le dijo Fran a Eric. Mi mam\u00e1 corre peligro. Est\u00e1 all\u00ed adentro con un extra\u00f1o. Qui\u00e9n sabe, robar\u00e1 la casa y la matar\u00e1. Tendr\u00e1s eso en tu conciencia. Quiz\u00e1s tu pap\u00e1 declar\u00f3 contra la mafia, dijo Joaqu\u00edn, y lo metieron en un programa de protecci\u00f3n de testigos, y trajeron a un actor para que lo reemplace. De por ah\u00ed es un clon, dijo Eric. \u00bfNo han visto esa mala pel\u00edcula de Schwarzenegger? No se hagan la burla, dijo Fran. Hab\u00eda que hacer algo. \u00bfQu\u00e9? Los soldaditos de plomo deb\u00edan cobrar vida; podr\u00eda ordenarles que marcharan hacia la sala y atacaran al extra\u00f1o. No deb\u00eda imaginar tonter\u00edas. Springsteen lo estaba poniendo m\u00e1s nervioso a\u00fan, qu\u00e9 manera de ladrar, un d\u00eda de estos le dar\u00eda pan con vidrio molido. Joaqu\u00edn sugiri\u00f3 entrar por la puerta de la cocina. Lo atacamos entre los tres, lo amordazamos y llamamos a la polic\u00eda. Eric dijo esas cosas s\u00f3lo se le pueden ocurrir a Joaqu\u00edn.\u00a0Amordazamos, qu\u00e9 palabrita. Te pasa por ver tanta televisi\u00f3n. Como si fuera coser y cantar. Mi pap\u00e1 es fuerte, dijo Fran con algo de orgullo; hace mucho que no va al gimnasio, pero igual se conserva bien. Eric sugiri\u00f3 que pod\u00eda ir corriendo a su casa y traer un rev\u00f3lver, sab\u00eda d\u00f3nde estaba el de su papi. \u00bfNo que no cre\u00edas? Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor. El tono de Eric era de falsa solemnidad, se dijo Fran, como cuando declamaba en las clases de literatura. No es momento para bromas. Se pregunt\u00f3 c\u00f3mo siendo los tres tan diferentes hab\u00edan terminado de mejores amigos. Acaso cada uno, a su modo, no terminaba de encontrarse en el mundillo adolescente del colegio, hecho de seres que jugaban a ser hombres en base a violencia y morbo sexual. Acaso hab\u00eda una explicaci\u00f3n m\u00e1s pr\u00e1ctica: a los once a\u00f1os, los tres hab\u00edan descubierto que les fascinaba el f\u00fatbol en tapitas, y durante dos a\u00f1os se hab\u00edan reunido casi todos los s\u00e1bados por la tarde, en la sala de juegos de Joaqu\u00edn, a jugarlo sobre una frazada gris que Eric hab\u00eda robado de su casa. Fran volvi\u00f3 a observar al extra\u00f1o que hac\u00eda el crucigrama del peri\u00f3dico y record\u00f3 con nostalgia a su pap\u00e1; a duras penas aguant\u00f3 las l\u00e1grimas. Quiz\u00e1s el impostor lo hab\u00eda asesinado, y hab\u00eda tirado el cad\u00e1ver al r\u00edo con una piedra maciza amarrada a los pies. No volver\u00eda a verlo m\u00e1s. Era cierto, no se llevaban bien, pap\u00e1 era tan hosco, tan poco dado a muestras de cari\u00f1o. No hab\u00eda sido siempre as\u00ed. Fue \u00e9l el que le regal\u00f3 los primeros soldaditos de plomo, a manera de sobornarlo para que fuera al colegio esa primera, traum\u00e1tica, lluviosa semana. Con \u00e9l fue de ni\u00f1o al estadio todos los domingos, a ver mediocres partidos de f\u00fatbol. En el entretiempo, com\u00edan sandwiches de carne con chorrellana. Esos d\u00edas no volver\u00edan. Despu\u00e9s de una breve discusi\u00f3n, acordaron ir juntos a casa de Eric. Ir\u00edan en micro, ser\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido. Fueron corriendo a la parada, a una cuadra y media. A lo lejos, se volvieron a escuchar las campanas de la iglesia. Fran deseaba que el micro avanzara m\u00e1s r\u00e1pido. El chofer escuchaba m\u00fasica cl\u00e1sica y paraba en cada esquina; el bus se iba llenando de gente: oficinistas gesticulantes, colegiales de mala traza, secretarias sin sonrisas. \u00bfDe d\u00f3nde sal\u00eda tanta gente? Sus amigos charlaban en el asiento delantero y lo miraban de reojo. Acaso lo cre\u00edan un ser pat\u00e9tico y s\u00f3lo le estaban siguiendo la corriente. Era dif\u00edcil culparlos, despu\u00e9s de todo. Ellos no hab\u00edan sentido lo que \u00e9l a la hora del almuerzo, al ver que detr\u00e1s de la cara tranquila de pap\u00e1 se escond\u00eda una cara de horror, y que la m\u00e1scara ca\u00eda apenas un segundo para revelarle a \u00e9l la verdad, si ten\u00eda los ojos para verla. La hab\u00eda visto, y por eso se hab\u00eda salvado; mam\u00e1 no, y por eso, si segu\u00edan demor\u00e1ndose, la aguardaba un fin atroz. Nos bajamos en la pr\u00f3xima esquina, dijo Eric abriendo la boca m\u00e1s de la cuenta, mostr\u00e1ndole sus dientes amarillentos. Y Fran, de pronto, comprendi\u00f3 todo. Por eso Eric hab\u00eda querido ir solo a traer el rev\u00f3lver. Y todo su escepticismo hab\u00eda sido una actuaci\u00f3n. Porque el Eric que conoc\u00eda no ten\u00eda todos los dientes amarillentos; un molar en el lado superior izquierdo era negro, gracias a un puente que le hab\u00edan puesto hac\u00eda un par de a\u00f1os. No pod\u00eda estar equivocado, lo ve\u00eda todos los d\u00edas en el colegio. Eric se levant\u00f3 de su asiento, Joaqu\u00edn hizo lo propio. Fran not\u00f3 que Joaqu\u00edn se levantaba dando primero un paso hacia adelante con el pie derecho, y no con el izquierdo, como recordaba que lo hac\u00eda, como cre\u00eda recordar que lo hac\u00eda. \u00bfVienes o qu\u00e9?, pregunt\u00f3 Eric. Ese timbre de voz no era el de Eric. Una ligera diferencia, pero la suficiente para su o\u00eddo aguzado. Momentos antes no se hab\u00eda dado cuenta de ello. La rutina de la realidad era tan fuerte que a veces era imposible notar cambios leves, trastornos en el orden de las cosas. Ahora s\u00ed, Fran estaba seguro de que, como su pap\u00e1, Eric y Joaqu\u00edn eran otros, unos impostores. Se aferr\u00f3 al reborde met\u00e1lico del asiento delantero, trat\u00f3 de ganar unos segundos mientras discurr\u00eda su pr\u00f3xima movida. Mir\u00f3 al chofer, a las secretarias, a los oficinistas, a los colegiales en torno suyo. Sospech\u00f3 con pavor que todos eran otros. En la ventana se apoyaban las monta\u00f1as en el oeste, te\u00f1idas de un resplandor entre p\u00farpura y anaranjado. Fran se dio la vuelta y corri\u00f3 hacia la puerta trasera; el micro se hallaba todav\u00eda en movimiento; salt\u00f3 y cay\u00f3 pesadamente, golpe\u00e1ndose contra el pavimento. El micro se detuvo. Fran se incorpor\u00f3 a duras penas. Dio unos pasos vacilantes, luego comenz\u00f3 a correr antes de que la gente descendiera del micro. Le dol\u00eda todo el cuerpo, pero a\u00fan as\u00ed sigui\u00f3 corriendo. Sent\u00eda que lo segu\u00edan, cre\u00eda sentir que lo segu\u00edan; percib\u00eda el golpeteo apurado de unos pasos en el pavimento de la calle. No volte\u00f3 la cabeza para mirar si era as\u00ed. Con la respiraci\u00f3n acezante, se dijo que deb\u00eda llegar al lugar al que hab\u00edan llevado a todos los que estaban en la ciudad antes de que llegaran los otros. O al lugar al que se hab\u00edan fugado todos los que estaban en la ciudad antes de que llegaran los otros. No sab\u00eda d\u00f3nde se hallaba ese lugar, pero estaba seguro de que exist\u00eda. Cruz\u00f3 un puente. Deb\u00eda seguir corriendo.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">Fran si trovava nella sua stanza quando sent\u00ec sua mamma che lo chiamava a pranzo gridando. Sospir\u00f2: avrebbe voluto rimanere in quella stanza luminosa, continuare a ricreare, sdraiato sul pavimento con i suoi eserciti di piombo, la battaglia delle\u00a0 Termopili. Gli erano occorsi dei mesi per informarsi sui dettagli della battaglia e procurarsi la mappe appropriate.\u00a0 Era stato chiuso l\u00ec dentro tutta la mattina, non era andato a scuola col pretesto di un raffreddore; ed era vera libert\u00e0 starsene col pigiama azzurro e perdersi nel suo mondo di giochi di strategia, soldati che cadevano, generali che vacillavano, colonne in formazione che incendiavano paesucoli. Tent\u00f2 di ignorare le grida, ma non per molto. Quando lo chiam\u00f2 suo pap\u00e0, dovette scendere, a capo chino, fingendo di avere il naso congestionato perch\u00e9 non lo mandassero a scuola. Ancora in pigiama il giovanotto. Sicuramente con i tuoi soldati, non hai pi\u00f9 l&#8217;et\u00e0. Un qualche giorno li far\u00f2 sparire. Seduto a tavola, pap\u00e0 faceva il cruciverba. Era appena tornato dall&#8217;ufficio, non si era tolto la cravatta. Mi fa male tutto, papi. Il naso, la gola. Come puoi avere un raffreddore con questo caldo. Cercati una scusa migliore e chiaccheriamo. Scrittore nordamericano di fantascienza, quattro lettere. Sul serio, stanotte ho dormito con la finestra aperta e all&#8217;alba ha fatto molto freddo. Non ne ho idea,\u00a0 non ne so di scrittori. Lo stesso, con finestra aperta o chiusa, non c&#8217;\u00e8 motivo. Alla tua et\u00e0 lavoravo a partire dalle cinque del mattino. Ma quando uno ha tutto, diventa viziato. Avevo ascoltato\u00a0 fino a stancarmi il racconto dell&#8217;adolescenza sacrificata di pap\u00e0, di come il nonno lo faceva alzare presto perch\u00e9 si occupasse dei forni nella panetteria. Diceva che avrebbe voluto allevare cos\u00ec i suoi figli, ma sua moglie glielo aveva impedito, viziandoli fin da piccoli. Mamma si sedette al tavolo. Come ti \u00e8 andata al lavoro, domand\u00f2. La risposta fu un grugnito. Ci furono altre domande, ci furono altri grugniti. La lancetta dei secondi dell&#8217;orologio della stanza da pranzo si muoveva con parsimonia, la lancetta dei minuti rimaneva immobile come una spada in disuso. Fran era l\u00ec, ma non era l\u00ec. Ascoltava i suoi genitori, ma non li ascoltava. La minestra di pollo la trovava insipida. O forse aveva cominciato a credere davvero al suo raffreddore. Stasera uscir\u00f2 presto, diceva suo pap\u00e0, che stava lasciandosi crescere le basette e aveva un &#8216;espressione un po&#8217; anacronistica, da chitarrista di gruppo rock degli anni cinquanta. Vado dal dentista. Le parole lente, le sillabe morbide. Vado. Dal. Den. Tis. Ta. Credevo che fossi gi\u00e0 andato la settimana passata, disse sua moglie senza vederlo, con quel tono incredulo che usava di fronte a qualunque progetto di suo marito. I suoi occhiali spessi e la sua pelle trascurata &#8211; arcipelaghi di macchie nere sul collo e sulle mani &#8211; la facevano apparire pi\u00f9 vecchia di quanto fosse. Continua a farmi male. Sembra che dovranno togliermelo. Pap\u00e0 spezz\u00f2 il pane, e in quel momento Fran not\u00f2 qualcosa di strano. Forse era il modo in cui aveva afferrato il pane, con la mano sinistra, lui che era destrimano. Continu\u00f2 con la minestra, guardandolo di sbieco. I baffi radi, le occhiaie che\u00a0 rivelavano le notti al poker. Fran ebbe l&#8217;intuizione, prima, e la certezza, poi. Pap\u00e0 era lui, e tuttavia non era lui. Qualcuno lo sostituiva, qualcuno fingeva di dire le sue parole con lo stesso tono stressato dalla vita, e tentava di imitare il suo inimitabile sguardo senza lucentezza. Mamma se ne sarebbe resa conto?\u00a0 Pap\u00e0 si alz\u00f2 dal tavolo e si diresse in cucina. Mamma, sussurr\u00f2 Fran. Cosa? Pap\u00e0&#8230; Si arm\u00f2 di coraggio per terminare la frase. Non \u00e8 lo stesso. Pap\u00e0 non \u00e8 pap\u00e0. Anche io l&#8217;ho notato. Da molto tempo non \u00e8 lo stesso. Tanto lavoro cambia la gente. Non mi riferivo a questo, mamma. Pap\u00e0 &#8230; \u00e8 un altro. Anche tuo fratello diceva questo quando arriv\u00f2 all&#8217;adolescenza. Per questo approfitt\u00f2 della minima occasione per andarsene. Per questo li alleviamo, perch\u00e9 un giorno prendano il volo. Tutti i figli sono ingrati. Pap\u00e0 mise un cubetto di ghiaccio sulla tavola e torn\u00f2 alla sua sedia. Guard\u00f2 Fran, e questi vide per un secondo un viso d&#8217;orrore, come una maschera di plastilina che era stata appena compressa. Grid\u00f2, e si alz\u00f2 dalla tavola e si diresse correndo alla sua camera. Pap\u00e0 e mamma si guardarono. Che diavolo gli passa questa volta? Io alzo le mani, disse lei. Vediamo se riesci a metterlo in riga. Lei continu\u00f2 a mangiare. Lui gett\u00f2 un tovagliolo al suolo e sal\u00ec le scale\u00a0 a grandi passi, accompagnato dallo scricchiolio del legno. Buss\u00f2 alla porta della camera di Fran. Fran ascolt\u00f2 i colpi\u00a0 come se fossero l&#8217;annuncio di qualcosa di sinistro. Si mise rapidamente dei jeans sopra i pantaloni del pigiama. Ascolt\u00f2 i latrati di Springsteen, il boxer dal cattivo carattere del vicino, e in lontananza le campane della chiesa. Nascose i suoi soldatini di piombo sotto il letto, apr\u00ec la finestra, e, afferrandosi al bordo, si lasci\u00f2 cadere nel giardino.<br \/>\nAspett\u00f2 Eric e Joaquin all&#8217;uscita della scuola, nel chiosco della piazzetta dove erano soliti incontrarsi alla ricreazione. Sotto una jacaranda che lasciava continuamente\u00a0 piovere fiori, cont\u00f2 loro, agitato, ci\u00f2 che stava succedendo. Cos\u00ec tuo pap\u00e0 non \u00e8 tuo pap\u00e0, disse Joaquin, col viso incapace di contenere la proliferazione di lentiggini. Non ti capisco. E che vita la tua. Ti sei dimenticato di cambiare la giacca del pigiama. Stai parlando per metafore, disse Eric, che usava occhiali con montatura di tartaruga e che aveva gli incisivi sporgenti. Colui che non sente ogni tanto che i suoi genitori non sono i suoi genitori, alzi la mano. Tutti dobbiamo rinnegarli a volte. Fran gli raccont\u00f2 di nuovo tutto. Faceva passi agitati da un lato all&#8217;altro, si torceva le mani senza posa. Il sole si era installato nel centro del cielo, e cadeva come un&#8217; atmosfera di piombo sopra la citt\u00e0 di strade vuote all&#8217;ora della siesta. Alla fine, muovendo la testa e facendo battute, accettarono di accompagnarlo nel ritorno a casa. Erano dieci isolati. Le cose che uno non fa per gli amici, disse Joaquin. Devi lasciare la bayer, disse Eric. Sapete che non prendo neanche la birra, disse Fran. E quella volta, guardando Tom e Jerry? La prima e l&#8217;ultima.\u00a0 Arrivarono ed entrarono con cautela attraverso il giardino. Springsteen\u00a0 torn\u00f2 alla carica con i suoi latrati. Si avvicinarono alla\u00a0 finestra sul lato destro. Il pap\u00e0 di Fran leggeva il giornale seduto sul sof\u00e0 della sala, come se nulla fosse successo. Non vedo niente di strano, disse Eric.\u00a0 Tuo pap\u00e0 sembra lo stesso di sempre. Aspettate, aspettate. Pass\u00f2 un minuto. Fran, improvvisamente, cominci\u00f2 a elencare le sottili differenze tra suo pap\u00e0 e quello che credeva un impostore: il modo in cui afferrava il giornale e girava le pagine, la maniera in cui accavallava una gamba sopra l&#8217;altra, l&#8217;angolo con\u00a0 cui cadeva un ciuffo di capelli neri sopra le fronte. Riusc\u00ec a installare dubbi in Joaquin; Eric rimaneva scettico. Molta televisione, disse, passando uno straccio sulle lenti degli occhiali. Io me ne vado, se volete rimanete voi. Sembra un gioco, trova i sette errori. In quel momento comparve la mamma di Fran; si avvicin\u00f2 a suo marito, gli diede un bicchiere di limonata con ghiaccio, e scomparve in direzione della cucina. Non ti venga in mente di muoverti, disse Fran a Eric. Mia mamma corre pericolo. E&#8217; l\u00ec dentro con un estraneo.\u00a0 Chiss\u00e0, ruber\u00e0 in casa e l&#8217;ammazzer\u00e0. Lo avrai sulla coscienza.\u00a0 Forse tuo pap\u00e0 ha testimoniato contro la mafia, disse Joaquin, e lo hanno messo in un programma di protezione di testimoni, e hanno portato un attore che lo sostituisca. L\u00e0 fuori \u00e8 un clone, disse Eric. Non avete visto quel brutto film di Schwarzenegger? Non scherzate, disse Fran. Bisognava fare qualcosa. Cosa? I soldatini di piombo dovevano prendere vita; avrebbe potuto ordinare loro di marciare verso la sala e attaccare l&#8217;estraneo. Non doveva immaginare sciocchezze. Springsteen lo stava rendendo ancora pi\u00f9 nervoso, che modo di latrare, un giorno di questi gli avrebbe dato pane con vetro macinato. Joaquin sugger\u00ec di entrare dalla porta della cucina. Lo attacchiamo in tre, lo imbavagliamo, e chiamiamo la polizia. Eric disse queste cose possono capitare solo a Joaquin. Imbavagliamo, che parolina. Ti viene guardando tanta televisione. Come se fosse cucire e cantare. Il mio pap\u00e0 \u00e8 forte, disse Fran con un certo orgoglio; da tempo non va in\u00a0 palestra, per\u00f2 lo stesso si conserva bene. Eric sugger\u00ec che poteva andare di corsa a casa sua e portare un revolver, sapeva dov&#8217;era quello di suo pap\u00e0. Non ci credevi? Fra il dolore e il nulla, preferisco il dolore. Il tono di Eric era di falsa solennit\u00e0, si disse Fran, come quando declamava alle lezioni di letteratura. Non \u00e8 il momento di scherzare. Si chiese come mai, essendo loro tre tanto diversi, avevano finito col diventare ottimi amici. Forse ciascuno, a modo suo, non si sentiva a suo agio nel piccolo mondo adolescente della scuola, fatto di esseri che giocavano a essere uomini sulla base di violenza e attrazione sessuale. Forse c&#8217;era una spiegazione pi\u00f9 pratica: a undici anni, i tre avevano scoperto che il futbol con i coperchi\u00a0 li affascinava, e per due anni si erano riuniti quasi ogni sabato pomeriggio, nella sala da giochi di Joaquin, a giocarlo sopra la coperta grigia che Eric aveva rubato da casa sua. \u00a0Fran di nuovo osserv\u00f2 l&#8217;estraneo che\u00a0 faceva il cruciverba del giornale e ricord\u00f2 con nostalgia suo pap\u00e0; a fatica trattenne le lacrime. Forse l&#8217;impostore l&#8217;aveva assassinato, e aveva gettato il cadavere nel fiume con una pietra massiccia legata ai piedi. Non l&#8217;avrebbe pi\u00f9 visto. Era vero, non andavano d&#8217;accordo, pap\u00e0 era tanto duro, cos\u00ec poco portato a dimostrazioni di affetto.\u00a0 Non era stato sempre cos\u00ec. Fu lui che gli regal\u00f2 i primi soldatini di piombo, cos\u00ec da indurlo ad andare a scuola quella prima, traumatica piovosa settimana. Con lui era andato da bambino allo stadio tutte le domeniche, a vedere mediocri partite di calcio. Nell&#8217;intervallo mangiavano panini di carne con chorrellana. Quei giorni non sarebbero tornati. Dopo una breve discussione, si accordarono di andare insieme a casa di Eric. Sarebbero andati col bus, sarebbe stato pi\u00f9 rapido. Andarono di corsa alla fermata, a un isolato e mezzo da l\u00ec. In lontananza,\u00a0 si voltarono ad ascoltare le campane della chiesa. Fran desiderava che il bus andasse pi\u00f9 veloce.\u00a0 L&#8217;autista ascoltava musica\u00a0 classica e si fermava ad ogni angolo di strada; il bus si andava riempiendo di gente: impiegati gesticolanti, scolari di brutto aspetto, segretarie senza sorriso. Da dove usciva tanta gente? I suoi amici conversavano sul sedile anteriore e lo guardavano di sbieco. Forse lo credevano un essere patetico e stavano solo seguendo la corrente.\u00a0 Era difficile fargliene colpa dopo tutto. Loro non avevano sentito ci\u00f2 che aveva sentito lui all&#8217;ora di pranzo, visto che dietro la faccia tranquilla di pap\u00e0 si nascondeva un viso di orrore, e che la maschera cadeva per appena un secondo per rivelare a lui la realt\u00e0, se aveva gli occhi per vederla. L&#8217;aveva vista, e per ci\u00f2 si era salvato; la mamma no, per ci\u00f2 l&#8217;aspettava una fine atroce, se continuavano a far tardi. Scendiamo al prossimo incrocio, disse Eric aprendo la bocca pi\u00f9 del necessario, mostrandogli\u00a0 i suoi denti giallastri. E Fran, improvvisamente, comprese tutto. Per questo Eric aveva voluto andare da solo a prendere il revolver. E tutto il suo scetticismo era stato una recita. Perch\u00e9 l&#8217;Eric che conosceva non aveva tutti i denti giallastri; un molare nel lato superiore sinistro era nero, grazie a un\u00a0 ponte che gli avevano messo un paio di anni fa. Non poteva sbagliarsi, lo vedeva tutti i giorni a scuola. Eric si alz\u00f2 dal sedile, Joaquin fece lo stesso.\u00a0 Fran not\u00f2 che Joaquin si alzava facendo prima un\u00a0 passo in avanti con il piede destro, e non con il sinistro, come ricordava che faceva, come credeva di ricordare che faceva. Vieni o no? domand\u00f2 Eric. Quel timbro di voce non era quello di Eric. Un leggera differenza, per\u00f2 sufficiente per il suo udito acuto. Qualche momento prima non si era reso conto di ci\u00f2. La routine della realt\u00e0 era tanto forte che talvolta era impossibile notare cambi lievi, alterazioni nell&#8217;ordine delle cose. Ora s\u00ec, Fran era sicuro che, come suo pap\u00e0, Eric e Joaquin erano altri, degli impostori. Si afferr\u00f2 al bordo metallico del sedile davanti, cerc\u00f2 di guadagnare alcuni secondi mentre rifletteva sulla sua prossima mossa. Guard\u00f2 l&#8217;autista, le segretarie, gli impiegati, gli scolari\u00a0 intorno a lui. Sospett\u00f2 con terrore che tutti fossero altri. Nel finestrino si profilavano le montagne ad ovest, tinte di uno splendore tra il porpora e l&#8217;arancione. Fran si gir\u00f2 e corse verso la porta posteriore; il bus era ancora in movimento; salt\u00f2 e cadde pesantemente,\u00a0 picchiando contro il pavimento. Il bus si ferm\u00f2. Fran si rialz\u00f2 con fatica. Fece alcuni passi vacillando, poi cominci\u00f2 a correre prima che la gente discendesse dal bus. Gli faceva male tutto il corpo, ma comunque continu\u00f2 a correre. Sentiva che lo seguivano, credeva di sentire che lo seguivano; percepiva il calpestio affrettato di passi sul pavimento della strada. Non gir\u00f2 la testa\u00a0 per vedere se era cos\u00ec. Con il respiro ansimante, si disse che doveva arrivare al luogo dove avevano portato tutti quelli che erano in citt\u00e0 prima che arrivassero gli altri. Non sapeva dove si trovasse questo posto, ma era sicuro che esisteva. Attravers\u00f2 un ponte. Doveva continuare a correre.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":["post-438","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-edmundo-paz-soldan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/438","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=438"}],"version-history":[{"count":24,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/438\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":861,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/438\/revisions\/861"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=438"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=438"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=438"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}