{"id":760,"date":"2016-03-01T16:06:43","date_gmt":"2016-03-01T16:06:43","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=760"},"modified":"2016-08-10T15:59:41","modified_gmt":"2016-08-10T15:59:41","slug":"con-los-ojos-cerrados-con-gli-occhi-chiusi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=760","title":{"rendered":"Con los ojos cerrados \/ Con gli occhi chiusi"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"column-half first\">A usted s\u00ed se lo voy a decir, porque s\u00e9 que si se lo cuento a usted no se me va a re\u00edr en la cara ni me va a rega\u00f1ar. Pero a mi madre no. A mam\u00e1 no le dir\u00e9 nada, porque de hacerlo no dejar\u00eda de pelearme y de rega\u00f1arme. Y, aunque es casi seguro que ella tendr\u00eda la raz\u00f3n, no quiero\u00a0o\u00edr ning\u00fan consejo ni advertencia.<br \/>\nPor eso. Porque s\u00e9 que usted no me va a decir nada, se lo digo todo.<br \/>\nYa que solamente tengo ocho a\u00f1os voy todos los d\u00edas a la escuela. Y aqu\u00ed empieza la tragedia, pues debo levantarme bien temprano -cuando el pimeo que me regal\u00f3 la t\u00eda Grande \u00c1ngela s\u00f3lo ha dado dos voces -porque la escuela est\u00e1 bastante lejos.<br \/>\nA eso de las seis de la ma\u00f1ana empieza mam\u00e1 a pelearme para que me levante y ya a las siete estoy sentado en la cama y estruj\u00e1ndome los ojos. Entonces todo lo tengo que hacer corriendo: ponerme la ropa corriendo, llegar corriendo hasta la escuela y entrar corriendo en la fila pues ya han tocado el timbre y la maestra est\u00e1 parada en la puerta.<br \/>\nPero ayer fue diferente ya que la t\u00eda Grande \u00c1ngela deb\u00eda irse para Oriente y ten\u00eda que coger el tren antes de las siete. Y se form\u00f3 un alboroto enorme en la casa. Todos los vecinos vinieron a despedirla, y mam\u00e1 se puso tan nerviosa que se le cay\u00f3 la olla con el agua hirviendo\u00a0en el piso cuando iba a pasar el agua por el colador para hacer el caf\u00e9, y se le quem\u00f2 un pie.<br \/>\nCon aquel esc\u00e1ndalo tan insoportable no me qued\u00f3 m\u00e1s remedio que despertarme. Y, ya que estaba despierto, pues me decid\u00ed a levantarme.<br \/>\nLa t\u00eda Grande \u00c1ngela, despu\u00e9s de muchos besos y abrazos, pudo marcharse.Y yo sal\u00ed en seguida para la escuela, aunque todav\u00eda era bastante temprano.<br \/>\nHoy no tengo que ir corriendo, me dije casi sonriente. Y ech\u00e9 a andar bastante despacio. Y cuando fui a cruzar la calle me tropec\u00e9 con un gato que estaba acostado en el cont\u00e9n de la acera. Vaya lugar que escogiste para dormir -le dije-, y lo toqu\u00e9 con la punta del pie. Pero no se movi\u00f3. Entonces me agach\u00e9 junto a \u00e9l y pude comprobar que estaba muerto. El pobre, pens\u00e9, seguramente lo arroll\u00f3 alguna m\u00e1quina, y alguien lo tir\u00f3 en ese rinc\u00f3n para que no lo siguieran aplastando. Qu\u00e9\u00a0l\u00e1stima, porque era un gato grande y de color amarillo que seguramente no ten\u00eda ning\u00fan deseo de morirse. Pero bueno: ya no tiene remedio. Y segu\u00ed andando.<br \/>\nComo todav\u00eda era temprano me llegu\u00e9 hasta la dulcer\u00eda, porque aunque est\u00e1 lejos de la escuela, hay siempre dulces frescos y sabrosos. En esta dulcer\u00eda hay tambi\u00e9n dos viejitas de pie en la entrada, con una.jaba cada una, y las manos extendidas, pidiendo limosnas&#8230; Un d\u00eda yo le di un medio a cada una, y las dos me dijeron al mismo tiempo: Dios te haga un santo. Eso me dio mucha risa y cog\u00ed y volv\u00ed a poner otros dos medios entre aquellas manos tan arrugadas y pecosas. Y ellas volvieron a repetir Dios te haga un santo, pero ya no ten\u00eda tantas ganas de re\u00edrme. Y desde entonces, cada vez que paso por all\u00ed, me miran con sus caras de pasas p\u00edcaras y no me queda m\u00e1s remedio que darles un medio a cada tina. Pero ayer s\u00ed que no pod\u00eda darles nada, ya que hasta la peseta de la merienda la gast\u00e9 en tortas de chocolate. Y por eso sal\u00ed por la puerta de atr\u00e1s, para que las viejitas no me vieran.<br \/>\nYa s\u00f3lo me faltaba cruzar el puente, caminar dos cuadras y llegar a la escuela.<br \/>\nEn ese puente me par\u00e9 un momento porque sent\u00ed una algarab\u00eda enorme all\u00e1 abajo, en la orilla del r\u00edo. Me arreguind\u00e9 a la baranda y mir\u00e9: un coro de muchachos de todos tama\u00f1os ten\u00edan acorralada una rata de agua en un rinc\u00f3n y la acosaban con gritos y pedradas. La rata corr\u00eda de un extremo a otro del rinc\u00f3n, pero no ten\u00eda escapatoria y soltaba unos chillidos estrechos y desesperados. Por fin, uno de los muchachos cogi\u00f3 una vara de bamb\u00fa y golpe\u00f3 con fuerza sobre el torno de la rata, revent\u00e1ndola. Entonces todos los dem\u00e1s corrieron hasta donde estaba el animal y tom\u00e1ndolo, entre saltos y gritos de triunfo, la arrojaron hasta el centro del r\u00edo. Pero la rata muerta no se hundi\u00f3. Sigui\u00f3 flotando bocarriba hasta perderse en la corriente.<br \/>\nLos muchachos se fueron con la algarab\u00eda hasta otro rinc\u00f3n del r\u00edo. Y yo tambi\u00e9n ech\u00e9 a andar.<br \/>\nCaramba -me dije-, qu\u00e9 f\u00e1cil es caminar sobre el puente. Se puede hacer hasta con los ojos cerrados, pues a un lado tenernos las rejas que no lo dejan a uno caer al agua y del otro, el cont\u00e9n de la acera que nos avisa antes de que pisemos la calle. Y para comprobarlo cerr\u00e9 los ojos y segu\u00ed\u00a0caminando. Al principio me sujetaba con una mano a la baranda del puente, pero luego ya no fue necesario. Y segu\u00ed caminando con los ojos cerrados. Y no se lo vaya usted a decir a mi madre, pero con los ojos cerrados uno ve muchas cosas, y hasta mejor que si los llev\u00e1ramos abiertos&#8230; Lo primero que vi fue una gran nube amarillenta que brillaba unas veces m\u00e1s fuerte que otras, igual que el sol cuando se va cayendo entre los \u00e1rboles. Entonces apret\u00e9 los p\u00e1rpados bien duros y la nube rojiza se volvi\u00f3 de color azul. Pero no solamente azul, sino verde. Verde y morada. Morada brillante como si fuese un arcoiris de esos que salen cuando ha llovido mucho y la tierra est\u00e1 casi ahogada.<br \/>\nY, con los ojos cerrados, me puse a pensar en las calles y en las cosas; sin dejar de andar. Y vi a mi t\u00eda Grande \u00c1ngela saliendo de la casa. Pero no con el vestido de bolas rojas que es el que siempre se pone cuando va para Oriente, sino con un vestido largo y blanco. Y de tan\u00a0alta que es parec\u00eda un palo de tel\u00e9fono envuelto en una s\u00e1bana. Pero se\u00a0ve\u00eda bien.<br \/>\nY segu\u00ed andando. Y me tropec\u00e9 de nuevo con el gato en el cont\u00e9n. Pero esta vez, cuando lo roc\u00e9 con la punta del pie, dio un salto y sali\u00f3 corriendo, Sali\u00f3 corriendo el gato amarillo brillante porque estaba vivo y se asust\u00f3 cuando lo despert\u00e9. Y yo me re\u00ed much\u00edsimo cuando lo vi desaparecer, desmandado y con el lomo erizado que parec\u00eda soltar chispas.<br \/>\nSegu\u00ed caminando, con los ojos desde luego bien cerrados. Y as\u00ed fue como llegu\u00e9 de nuevo a la dulcer\u00eda. Pero como no pod\u00eda comprarme ning\u00fan dulce pues ya me hab\u00eda gastado hasta la \u00faltima peseta de la merienda, me conform\u00e9 con mirarlos a trav\u00e9s de la vidriera. Y estaba as\u00ed, mir\u00e1ndolos,\u00a0cuando oigo dos voces detr\u00e1s del mostrador que me dicen: \u00bfNo quieres comerte alg\u00fan dulce? Y cuando alc\u00e9 la cabeza vi que las dependientes eran las dos viejitas que siempre estaban pidiendo limosas a la entrada de la dulcer\u00eda. No supe qu\u00e9 decir. Pero ellas parece que adivinaron mis\u00a0deseos y sacaron, sonrientes, una torta grande y casi colorada hecha de chocolate y de almendras. Y me la pusieron en las manos.<br \/>\nY yo me volv\u00ed loco de alegr\u00eda con aquella torta tan grande y sal\u00ed a la calle.<br \/>\nCuando iba por el puente con la torta entre las manos, o\u00ed de nuevo el esc\u00e1ndalo de los muchachos. Y (con los ojos cerrados) me asom\u00e9 por la baranda del puente y los vi all\u00e1 abajo, nadando apresurados hasta el centro del r\u00edo para salvar una rata de agua, pues la pobre parece que\u00a0estaba enferma y no pod\u00eda nadar.<br \/>\nLos muchachos sacaron la rata temblorosa del agua y la depositaron sobre una piedra del arenal para que se oreara con el sol. Entonces los fui a llamar para que vinieran hasta donde yo estaba y comernos todos juntos la torta de chocolate, pues yo solo no iba a poder comerme aquella torta\u00a0tan grande.<br \/>\nPalabra que los iba a llamar. Y hasta levant\u00e9 las manos con la torta y todo encima para que la vieran y no fueran a creer que era mentira lo que les iba a decir, y vinieron corriendo. Pero entonces, puch, me pas\u00f3 el cami\u00f3n casi por arriba en medio de la calle que era donde, sin darme\u00a0cuenta, me hab\u00eda parado.<br \/>\nY aqu\u00ed me ve usted: con las piernas blancas por el espatadrapo y el yeso. Tan blancas como las paredes de este cuarto, donde s\u00f3lo entran mujeres vestidas de blanco para darme un pinchazo o una pastilla tambi\u00e9n blanca.<br \/>\nY no crea que lo que le he contado es mentira. No vaya a pensar que porque tengo un poco de fiebre y a cada rato me quejo del dolor en las piernas, estoy diciendo mentiras, porque no es as\u00ed. Y si usted quiere comprobar si fue verdad, vaya al puente, que seguramente debe estar todav\u00eda, toda desparramada sobre el asfalto, la torta grande y casi colorada, hecha de chocolate y almendras, que me regalaron sonrientes las dos viejecitas de la dulcer\u00eda.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">A te s\u00ec che lo racconto, perch\u00e8 so che se te lo racconto non mi riderai in faccia e non mi sgriderai. Ma a mia madre no. Alla mamma non dir\u00f2 niente, perch\u00e8 se lo facessi mi farebbe un sacco di storie e mi sgriderebbe. E anche se \u00e8 quasi sicuro che avrebbe ragione, non voglio sentire n\u00e8 consigli n\u00e8 raccomandazioni.<br \/>\nPer questo. Perch\u00e8 so che tu non mi dirai niente, ti racconto.tutto.<br \/>\nSiccome ho solo otto anni vado a scuola tutti giorni E qui comincia la tragedia perch\u00e8 devo svegliarmi molto presto -quando il galletto che mi ha regalato la zia Grande Angela ha cantato solo due volte- in quanto la scuola \u00e8 abbastanza lontana.<br \/>\nVerso le sei del mattino la mamma comincia a rompere perch\u00e9 mi alzi e alle sette sono gi\u00e0 seduto nel letto strizzando gli occhi. Poi devo fare tutto di corsa: mettermi i vestiti di corsa, arrivare a scuola di corsa e mettermi in fila di corsa perch\u00e9 hanno gi\u00e0 suonato la campanella e la maestra \u00e8 in piedi sulla porta.<br \/>\nMa ieri \u00e8 stato diverso poich\u00e9 la zia Grande Angela doveva andare a Oriente e doveva prendere il treno prima delle sette. E in casa c&#8217;\u00e8 stato un casino enorme. Tutti i vicini sono venuti a salutarla e la mamma si \u00e8 innervosita cos\u00ec tanto che le \u00e8 caduta la pentola con l&#8217;acqua bollente sul pavimento mentre passava l&#8217;acqua attraverso il colino per fare il caff\u00e9, e si \u00e8 scottata un piede.<br \/>\nCon tutto quel chiasso insopportabile non mi rest\u00f2 altra scelta che svegliarmi. E dal momento che ero sveglio, decisi di alzarmi.<br \/>\nLa zia Grande Angela dopo molti baci e abbracci pot\u00e9 andarsene. E io uscii subito dopo per andare a scuola, anche se era ancora abbastanza presto.<br \/>\nOggi non devo correre, mi dissi quasi sorridendo. E cominciai a camminare abbastanza lentamente. E quando feci per attraversare la strada vidi un gatto che era lungo disteso sul cordolo del marciapiede. Hai scelto un bel posto per dormire -gli dissi- e lo toccai con la punta del piede. Ma non si mosse. Allora mi abbassai vicino al lui e \u00a0verificai che era morto. Quel poveretto, pensai, sicuramente lo ha travolto qualche macchina, e qualcuno lo ha buttato in questo angolo perch\u00e9 non continuassero a schiacciarlo. Che peccato, era una gatto grande e di color giallo che sicuramente non aveva nessuna voglia di morire. Ma su, non c&#8217;\u00e8 pi\u00f9 niente da fare. E mi rimisi in marcia.<br \/>\nSiccome ara ancora presto, andai fino alla pasticceria perch\u00e9, anche se \u00e8 lontana dalla scuola, ha sempre dolci freschi e buoni. In questa pasticceria ci sono anche due vecchiette in piedi all&#8217;entrada, con una cesta \u00a0di vimini ciascuna, e con le mani stese per chiedere l&#8217;elemosina &#8230; Un giorno diedi un soldo a ciascuna di loro, e le due mi dissero contemporaneamente: Dio ti faccia santo. Ci\u00f2 mi fece ridere e presi e misi di nuovo due monete in quelle mani tanto rugose e piene di macchie. E loro tornarono a ripetere Dio ti faccia santo, ma io non avevo pi\u00f9 tanta voglia di ridere. E da allora, ogni volta che passo di l\u00ec, mi guardano con le loro facce di uva passa e non mi resta che dare un soldo a ciascuna. Ma ieri non potevo darle niente , visto che avevo speso in paste di cioccolato persino i soldi della merenda. E per questo motivi uscii dalla porta posteriore, perch\u00e8 le vecchiette non mi vedessero.<br \/>\nMi mancava solo da attraversare il ponte, camminare per due isolati e arrivare alla scuola.<br \/>\nSul ponte mi fermai un momento perch\u00e8 sentii un gran chiasso l\u00e0 in basso sulla riva del fiume. Mi issai sul parapetto e guardai: un gruppo di ragazzi di tutte le dimensioni avevano chiuso in un angolo un ratto d&#8217;acqua e lo tormentavano con grida e sassate. Il ratto correva da lato all&#8217;altro dell&#8217;angolo ma non aveva via di fuga e lanciava squittii fiochi e disperati. Alla fine uno dei ragazzi prese una bastone di bamb\u00f9 e colp\u00ec con forza il dorso del ratto spaccandolo. Poi tutti gli altri corsero l\u00e0 dov&#8217;era l&#8217;animale, lo presero tra salti e grida di trionfo e lo scagliarono verso il centro del fiume. Ma il topo morto non affond\u00f2. Continu\u00f2 a galleggiare con il muso verso l&#8217;alto fino a perdersi nella corrente.<br \/>\nI ragazzi se ne andarono chiassosi verso un altro angolo del fiume. Anch&#8217;io mi misi in marcia.<br \/>\nAccidenti -mi dissi- com&#8217;\u00e8 facile camminare sul ponte. Lo si pu\u00f2 fare persino ad occhi chiusi, perch\u00e9 da un lato \u00a0ci sono le inferriate che impediscono che uno cada in acqua, e dall&#8217;altro il blocco del marciapiede che ci avvisa prima che camminiamo sulla strada. E per provarlo chiusi gli occhi e continuai a camminare. Dapprima mi tenevo con una mano al parapetto del ponte, ma poi non fu pi\u00f9 necessario. E continuai a camminare con gli occhi chiusi. Non dirlo a mia madre, ma con gli occhi chiusi uno vede molte cose, persino meglio che se li tenessimo aperti &#8230; La prima cosa che vidi fu una grande nube giallognola che brillava molto pi\u00f9 forte delle altre, come il sole quando sta per scendere tra gli alberi. Allora strinsi le palpebre con forza e la nube rossastra divent\u00f2 di colore azzurro. Ma non solamente azzurro, anche verde. Verde e viola. Viola brillante come se fosse un arcobaleno di quelli che escono quando ha piovuto molto e la terra \u00e8 quasi sott&#8217;acqua.<br \/>\nE, con gli occhi chiusi, mi misi a pensare alle strade e alle cose; senza smettere di camminare. E vidi mia zia Grande Angela che usciva di casa. Ma non con il vestito a cerchi rossi che \u00e8 quello che mette sempre quando va a Oriente, ma con un vestito lungo e bianco. E alta com&#8217;\u00e8 sembrava un palo del telefono avvolto in un lenzuolo. Ma si vedeva bene.<br \/>\nE continuai a camminare. E incontrai di nuovo il gatto sul marciapiede. Ma questa volta quando lo sfiorai con la punta del piede, fece un salto e se ne and\u00f2 correndo. Se ne and\u00f2 correndo il gatto giallo brillante perch\u00e9 era vivo e si era spaventtato quando lo svegliai. E io risi moltissimo quando lo vidi scomparire, ribelle e con il dorso ispido che sembrava emettere scintille.<br \/>\nContinuai a camminare, con gli occhi da molto tempo ben chiusi. E fu cos\u00ec che arrivai di nuovo alla pasticceria. Ma poich\u00e9 non potevo comprare nessun dolce perch\u00e9 avevo speso fino all&#8217;ultimo soldo della merenda, mi contentai di guardarli dalla vetrina. E stavo cos\u00ec a guardarli, quando sento due voci dietro la vetrina che mi dicono: Non vuoi mangiarti un dolce? E quando alzai la testa vidi che le commesse erano le due vecchiette che chiedevano sempre l&#8217;elemosina all&#8217;entrata della pasticceria. Non sapevo cosa dire. Ma sembra che loro indovinarono i miei desideri e tirarono fuori, sorridendo, un \u00a0torta grande e quasi rossa fatta di cioccolato e di mandorle. E me la misero in mano.<br \/>\nE io impazzii di gioia con quella torta cos\u00ec grande e uscii in strada.<br \/>\nMentre andavo sul ponte con la torta in mano, sentii di nuovo il chiasso dei ragazzi. E (con gli occhi chiusi) mi affacciai al parapetto del ponte e li vidi l\u00e0 in basso, che nuotavano veloci verso il centro del fiume per salvare un ratto d&#8217;acqua che poveretto sembrava malato e non poteva nuotare.<br \/>\nI ragazzi tirarono fuori dall&#8217;acqua il ratto tremante e lo depositarono su una pietra dell&#8217;arenile perch\u00e9 si asciugasse al sole. Allora li chiamai perch\u00e8 venissero l\u00e0 dove ero io e mangiassimo tutti insieme la torta di cioccolato, dal momento che io da solo non potevo mangiarmi quella torta cos\u00ec grande.<br \/>\nParola d&#8217;onore che li stavo chiamando. E alzai persino le mani con la torta in alto perch\u00e9 la vedessero e non andassero a pensare che era una bugia ci\u00f2 che gli stavo dicendo, e venissero di corsa. Ma in quel momento, zac, il camion mi pass\u00f2 quasi sopra nel bel mezzo della strada che era dove, senza rendermene conto, mi ero fermato.<br \/>\nE qui tu mi vedi: con le gambe bianche per i cerotti \u00a0e per il gesso. Bianche come le pareti di questa camera dove entrano solo donne vestite di bianco per farmi una puntura o per darmi una pastiglia anch&#8217;essa bianca.<br \/>\n<span style=\"line-height: 1.6471;\">E non credere che quello che ti ho contato sia una bugia. Non andare a pensare che sto dicendo bugie perch\u00e9 ho un po&#8217; di febbre e ogni volta mi lamento del dolore alle gambe, perch\u00e9 non \u00e8 cos\u00ec. E se vuoi verificare se \u00e8 la verit\u00e0, vai al ponte, che sicuramente deve essere ancora tutta sparsa sull&#8217;asfalto la torta grande e quasi rossa, di cioccolato e mandorle, che mi regalarono sorridenti le due vecchiette della pasticceria.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.6471;\">Traduzione di Laura Ferruta<\/div><\/span><\/p>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-760","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-reinaldo-arenas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/760","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=760"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/760\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":855,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/760\/revisions\/855"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=760"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=760"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=760"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}