{"id":779,"date":"2016-03-21T14:59:46","date_gmt":"2016-03-21T14:59:46","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=779"},"modified":"2016-08-10T15:59:15","modified_gmt":"2016-08-10T15:59:15","slug":"el-almohadon-de-plumas-il-cuscino-di-piume","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=779","title":{"rendered":"El almohad\u00f2n de plumas \/ Il cuscino di piume"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"column-half first\">Su luna de\u00a0miel fue un largo escalofr\u00edo. Rubia, angelical y t\u00edmida, el car\u00e1cter duro de su marido hel\u00f3 sus ni\u00f1er\u00edas de novia. Lo quer\u00eda mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jord\u00e1n, mudo desde hac\u00eda una hora. \u00c9l, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.<br \/>\nDurante tres meses -se hab\u00edan casado en abril- vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese r\u00edgido cielo de amor, m\u00e1s expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la conten\u00eda siempre.<br \/>\nLa casa en que viv\u00edan influ\u00eda un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de m\u00e1rmol- produc\u00eda una oto\u00f1al impresi\u00f3n de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el m\u00e1s leve rasgu\u00f1o en las altas paredes, afirmaba aquella sensaci\u00f3n de desapacible fr\u00edo. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.<br \/>\nEn ese extra\u00f1o nido de amor, Alicia pas\u00f3 todo el oto\u00f1o. No obstante, hab\u00eda concluido por echar un velo sobre sus antiguos sue\u00f1os, y a\u00fan viv\u00eda dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.<br \/>\nNo es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastr\u00f3 insidiosamente d\u00edas y d\u00edas; Alicia no se repon\u00eda nunca. Al fin una tarde pudo salir al jard\u00edn apoyada en el brazo de \u00e9l. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jord\u00e1n, con honda ternura, le pas\u00f3 la mano por la cabeza, y Alicia rompi\u00f3 en seguida en sollozos, ech\u00e1ndole los brazos al cuello. Llor\u00f3 largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retard\u00e1ndose, y a\u00fan qued\u00f3 largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.<br \/>\nFue ese el \u00faltimo d\u00eda que Alicia estuvo levantada. Al d\u00eda siguiente amaneci\u00f3 desvanecida. El m\u00e9dico de Jord\u00e1n la examin\u00f3 con suma atenci\u00f3n, orden\u00e1ndole calma y descanso absolutos.<br \/>\n-No s\u00e9 -le dijo a Jord\u00e1n en la puerta de calle, con la voz todav\u00eda baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin v\u00f3mitos, nada&#8230; . Si ma\u00f1ana se despierta como hoy, ll\u00e1meme enseguida.<br \/>\nAl otro d\u00eda Alicia segu\u00eda peor. Hubo consulta. Constat\u00f3se una anemia de marcha agud\u00edsima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo m\u00e1s desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el d\u00eda el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pas\u00e1banse horas sin o\u00edr el menor ruido. Alicia dormitaba. Jord\u00e1n viv\u00eda casi en la sala, tambi\u00e9n con toda la luz encendida. Pase\u00e1base sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinaci\u00f3n. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y prosegu\u00eda su mudo vaiv\u00e9n a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su direcci\u00f3n.<br \/>\nPronto Alicia comenz\u00f3 a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hac\u00eda sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se qued\u00f3 de repente mirando fijamente. Al rato abri\u00f3 la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.<br \/>\n-\u00a1Jord\u00e1n! \u00a1Jord\u00e1n! -clam\u00f3, r\u00edgida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.<br \/>\nJord\u00e1n corri\u00f3 al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.<br \/>\n-\u00a1Soy yo, Alicia, soy yo!<br \/>\nAlicia lo mir\u00f3 con extravi\u00f3, mir\u00f3 la alfombra, volvi\u00f3 a mirarlo, y despu\u00e9s de largo rato de estupefacta confrontaci\u00f3n, se seren\u00f3. Sonri\u00f3 y tom\u00f3 entre las suyas la mano de su marido, acarici\u00e1ndola temblando.<br \/>\nEntre sus alucinaciones m\u00e1s porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que ten\u00eda fijos en ella los ojos.<br \/>\nLos m\u00e9dicos volvieron in\u00fatilmente. Hab\u00eda all\u00ed delante de ellos una vida que se acababa, desangr\u00e1ndose d\u00eda a d\u00eda, hora a hora, sin saber absolutamente c\u00f3mo. En la \u00faltima consulta Alicia yac\u00eda en estupor mientras ellos la pulsaban, pas\u00e1ndose de uno a otro la mu\u00f1eca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.<br \/>\n-Pst&#8230; -se encogi\u00f3 de hombros desalentado su m\u00e9dico-. Es un caso serio&#8230; poco hay que hacer&#8230;<br \/>\n-\u00a1S\u00f3lo eso me faltaba! -resopl\u00f3 Jord\u00e1n. Y tamborile\u00f3 bruscamente sobre la mesa.<br \/>\nAlicia fue extingui\u00e9ndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remit\u00eda siempre en las primeras horas. Durante el d\u00eda no avanzaba su enfermedad, pero cada ma\u00f1ana amanec\u00eda l\u00edvida, en s\u00edncope casi. Parec\u00eda que \u00fanicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Ten\u00eda siempre al despertar la sensaci\u00f3n de estar desplomada en la cama con un mill\u00f3n de kilos encima. Desde el tercer d\u00eda este hundimiento no la abandon\u00f3 m\u00e1s. Apenas pod\u00eda mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni a\u00fan que le arreglaran el almohad\u00f3n. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.<br \/>\nPerdi\u00f3 luego el conocimiento. Los dos d\u00edas finales delir\u00f3 sin cesar a media voz. Las luces continuaban f\u00fanebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio ag\u00f3nico de la casa, no se o\u00eda m\u00e1s que el delirio mon\u00f3tono que sal\u00eda de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jord\u00e1n.<br \/>\nMuri\u00f3, por fin. La sirvienta, que entr\u00f3 despu\u00e9s a deshacer la cama, sola ya, mir\u00f3 un rato extra\u00f1ada el almohad\u00f3n.<br \/>\n-\u00a1Se\u00f1or! \u2014llam\u00f3 a Jord\u00e1n en voz baja- En el almohad\u00f3n hay manchas que parecen de sangre.<br \/>\nJord\u00e1n se acerc\u00f3 r\u00e1pidamente Y se dobl\u00f3 a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que hab\u00eda dejado la cabeza de Alicia, se ve\u00edan manchitas oscuras.<br \/>\n-Parecen picaduras- murmur\u00f3 la sirvienta despu\u00e9s de un rato de inm\u00f3vil observaci\u00f3n.<br \/>\n-Levantelo a\u00a0la luz \u2014le dijo Jord\u00e1n.<br \/>\nLa sirvienta lo levant\u00f3, pero enseguida lo dej\u00f3 caer, y se qued\u00f3 mirando a aqu\u00e9l, l\u00edvida y temblando. Sin saber por qu\u00e9, Jord\u00e1n sinti\u00f3 que los cabellos se le erizaban.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 hay? \u2014murmur\u00f3 con la voz ronca.<br \/>\n-Pesa mucho \u2014articul\u00f3 la sirvienta, sin dejar de temblar.<br \/>\nJord\u00e1n lo levant\u00f3; pesaba extraordinariamente. Salieron con \u00e9l, y sobre la mesa del comedor Jord\u00e1n cort\u00f3 funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llev\u00e1ndose las manos crispadas a los bandos: sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, hab\u00eda un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.<br \/>\nNoche a noche, desde que Alicia hab\u00eda ca\u00eddo en cama, hab\u00eda aplicado sigilosamente su boca \u2014su trompa, mejor dicho\u2014 a las sienes de aqu\u00e9lla, chup\u00e1ndole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoci\u00f3n diaria del almohad\u00f3n hab\u00eda impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succi\u00f3n fue vertiginosa. En cinco d\u00edas, en cinco noches, hab\u00eda vaciado a Alicia.<br \/>\nEstos par\u00e1sitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">La sua luna di miele fu un brivido lungo. Bionda, angelica e timida, il carattere duro di suo marito gel\u00f2 i suoi infantili atteggiamenti di sposa. Lo amava molto, ma a volte con un leggero timore quando tornando di notte insieme lungo la via gettava uno sguardo furtivo all&#8217;alta statura di Jord\u00e0n, muto da almeno un&#8217;ora. Lui, da parte sue, l&#8217;amava profondamente, senza farlo vedere.<br \/>\nPer tre mesi -si erano sposati in aprile- vissero una felicit\u00e0 speciale. Sicuramente ella avrebbe desiderato meno severit\u00e0 in quel rigido cielo di amore, pi\u00f9 espansiva ed audace tenerezza; ma l&#8217;aspetto impassibile di suo marito sempre la tratteneva.<br \/>\nLa casa in cui vivevano influiva in parte sui suoi timori. Il candore del silenzioso patio -fregi, colonne e statue di marmo- produceva un&#8217;autunnale impressione di palazzo incantato. Dentro, il gelido splendore degli stucchi, senza il minimo graffio nelle alti pareti, confermava quella sensazione di sgradevole freddo. Quando si passava da una stanza all&#8217;altra, i passi trovavano un&#8217;eco in tutta la casa come se un lungo abbandono avesse sensibilizzato la sua risonanza.<br \/>\nIn questo strano nido d&#8217;amore Alicia trascorse tutto l&#8217;autunno. Ci\u00f2 nonostante, aveva finito col gettare un velo sui suoi antichi sogni, e viveva addormentata nella casa ostile senza pensare a nulla fin quando arrivava suo marito.<br \/>\nNon \u00e8 strano che dimagrisse. Ebbe un leggero attacco d&#8217;influenza che si trascin\u00f2 insidiosamente per giorni e giorni; Alicia non si rimetteva mai. Infine una sera riusc\u00ec ad uscire in giardino appoggiata al braccio di lui. Guardava indifferente da un lato all&#8217;altro. Improvvisamente Jord\u00e0n, con tenerezza profonda, le pass\u00f2 la mano sulla testa, e Alicia scoppi\u00f2 immediatamente in singhiozzi gettandogli le braccia al collo. Pianse lungamente tutto il suo silenzioso sgomento, raddoppiando il pianto al minimo tentativo di carezza. Poi i singhiozzi andarono rallentandosi, e rimase ancora a lungo nascosta sul suo collo, senza muoversi n\u00e9 dire una parola.<br \/>\nFu questo l&#8217;ultimo giorno in cui Alicia rimase alzata. Il giorno seguente si svegli\u00f2 debolissima. Il medico di Jord\u00e0n la esamin\u00f2 con grande attenzione ordinandole calma e riposo assoluti.<br \/>\n-Non so -disse a Jord\u00e0n sulla porta in strada, con la voce ancora bassa-. Ha una grande debolezza che non mi so spiegare, senza vomito, nulla&#8230; . Se domani si sveglia come oggi, mi chiami subito.<br \/>\nIl giorno seguente Alicia stava peggio. Ci fu un consulto. Si accert\u00f2 un&#8217;anemia di forma molto acuta, completamente inesplicabile. Alicia non ebbe pi\u00f9 svenimenti, ma visibilmente stava andando verso la morte. Tutto il giorno la camera da letto rimaneva con le luci accese e in totale silenzio. Passavano le ore senza che si sentisse il minimo rumore. Alicia sonnecchiava. Jord\u00e0n quasi viveva nel salotto, anche l\u00ec con tutte le luci accese. Passeggiava senza sosta da un&#8217;estremit\u00e0 all&#8217;altra, con instancabile ostinazione. Il tappeto soffocava il rumore dei suoi passi. Talvolta entrava nella camera da letto e proseguiva il suo muto va e vieni lungo il letto, guardando sua moglie ogni volta che camminava nella sua direzione.<br \/>\nBen presto Alicia cominci\u00f2 ad avere allucinazioni, confuse e fluttuanti all&#8217;inizio e che poi andarono scendendo raso terra. La giovane con gli occhi smisuratamente aperti non faceva che guardare il tappeto su entrambi i lati dello schienale del letto. Una notte d&#8217;improvviso si mise a guardarlo fissamente. Dopo un po&#8217; apr\u00ec la bocca per gridare e le narici e le labbra le si imperlarono di sudore.<br \/>\n-Jord\u00e0n!Jord\u00e0n! -grid\u00f2, rigida dallo spavento, senza smettere di guardare il tappeto.<br \/>\nJord\u00e0n corse nella camera e quando lo vide comparire Alicia diede un urlo di orrore.<br \/>\n-Sono io, Alicia, sono io!<br \/>\nAlicia lo guard\u00f2 smarrita, guard\u00f2 il tappeto, torn\u00f2 a guardarlo, e dopo un lungo e stupefatto confronto si calm\u00f2.\u00a0Sorrise e prese fra le sue la mano del marito accarezzandola tremante.<br \/>\nTra le sue allucinazioni ricorrenti ci fu un antropoide appoggiato sul tappeto sulle dita, che teneva gli occhi fissi su di lei.<br \/>\nI medici ritornarono inutilmente. L\u00ec davanti a loro c&#8217;era una vita che stava terminando, dissanguandosi giorno dopo giorno, ora dopo ora, senza sapere assolutamente come.\u00a0 Nell&#8217;ultimo consulto Alicia giaceva incosciente mentre quelli la palpavano, passandosi dall&#8217;uno all&#8217;altro la bambola inerte. L&#8217;osservarono a lungo in silenzio e se ne andarono in sala da pranzo.<br \/>\n&#8211; Pss&#8230; &#8211; il suo medico sfiduciato scroll\u00f2 le spalle-. E&#8217; un caso serio&#8230; c&#8217;\u00e8 poco da fare&#8230;<br \/>\n-Mi mancava solo questo! -sbuff\u00f2 Jord\u00e0n. E tamburell\u00f2 bruscamente le dita sul tavolo.<br \/>\nAlicia si and\u00f2 spegnendo nel suo delirio di anemia che si aggravava la sera ma che migliorava \u00a0nelle prime ore del mattino. Durante il giorno la sua malattia non avanzava, ma ogni mattina si svegliava livida, quasi in sincope. Sembrava che unicamente di notte la sua vita se ne andasse in nuove ali di sangue. Quando si svegliava aveva sempre la sensazione di essere schiacciata nel letto con un milione di chili addosso. Dopo il terzo giorno questo sprofondamento non l&#8217;abbandon\u00f2 pi\u00f9. Poteva appena muovere la testa. Non volle che le toccassero il letto, n\u00e9 che le sistemassero il cuscino. I suoi terrori crepuscolari avanzavano sotto forma di mostri che si trascinavano fino al letto e si arrampicavano con difficolt\u00e0 sul copriletto.<br \/>\nPoi perse la conoscenza. I due ultimi giorni delir\u00f2 ininterrottamente a voce bassa. Le luci rimanevano funebremente accese nella camera da letto e nel salotto. Nel silenzio agonizzante della casa non si udiva altro che il delirio monotono che proveniva dal letto e il rumore soffocato degli eterni passi di Jord\u00e0n.<br \/>\nMor\u00ec, infine. La cameriera che entr\u00f2 pi\u00f9 tardi per disfare il letto, ormai sola, guard\u00f2 \u00a0alquanto sorpresa il cuscino.<br \/>\n-Signore! -chiam\u00f2 Jord\u00e0n a voce bassa -. Nel cuscino ci sono macchie che sembrano di sangue.<br \/>\nJord\u00e0n si avvicin\u00f2 rapidamente. E a sua volta si chin\u00f2. Effettivamente, sulla federa, ai due lati dello spazio vuoto che aveva lasciato la testa di Alicia, si vedevano piccole macchie scure.<br \/>\n-Sembrano morsicature &#8211; mormor\u00f2 la cameriera dopo un momento di osservazione immobile.<br \/>\n-Portalo alla luce &#8211; le disse Jord\u00e0n.<br \/>\nLa cameriera lo sollev\u00f2, ma subito lo lasci\u00f2 cadere e rimase a guardarlo livida e tremante. Senza sapere perch\u00e9, Jord\u00e0n sent\u00ec che i capelli gli si rizzavano.<br \/>\n-Che c&#8217;\u00e8? &#8211; mormor\u00f2 con voce rauca.<br \/>\n-Pesa molto -profer\u00ec la cameriera, senza smettere di tremare.<br \/>\nJord\u00e0n lo alz\u00f2; pesava moltissimo. Uscirono con il cuscino, e sopra il tavolo della sala da pranzo Jord\u00e0n tagli\u00f2 fodera e copertura di un colpo. Le piume in alto volarono via, e la cameriera diede un grido di orrore con tutta la bocca aperta,\u00a0 portando le mani contratte ai lati della testa: sul fondo, tra le piume, c&#8217;era un animale mostruoso, una palla vivente e viscosa che muoveva lentamente le zampe pelose. Era tanto gonfio che si riusciva appena a vederne la bocca.<br \/>\nNotte dopo notte, da quando Alicia si era messa a letto, aveva furtivamente applicato la sua bocca, o meglio, il suo pungiglione, alle tempie di lei succhiandole il sangue. La morsicatura era quasi impercettibile. La rimozione quotidiana del cuscino aveva impedito il suo sviluppo, ma da quando la giovane non aveva pi\u00f9 potuto muoversi, la succhiata era stata vertiginosa. In cinque giorni, in cinque notti, aveva svuotato Alicia.<br \/>\nQuesti parassiti degli uccelli, minuscoli in un contesto normale, giungono ad acquisire in certe condizioni proporzioni enormi. Il sangue umano sembra essere loro particolarmente favorevole, e non \u00e8 raro trovarli nei cuscini di piuma.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div><\/p>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[35],"tags":[],"class_list":["post-779","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-horacio-quiroga"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/779","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=779"}],"version-history":[{"count":17,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/779\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":854,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/779\/revisions\/854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=779"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=779"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=779"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}