{"id":798,"date":"2016-03-21T15:50:40","date_gmt":"2016-03-21T15:50:40","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=798"},"modified":"2016-08-10T15:58:34","modified_gmt":"2016-08-10T15:58:34","slug":"la-gallina-degollada-la-gallina-sgozzata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=798","title":{"rendered":"La gallina degollada \/ La gallina sgozzata"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"column-half first\">Todo el d\u00eda, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Ten\u00edan la lengua entre los labios, los ojos est\u00fapidos, y volv\u00edan la cabeza con la boca abierta.<br \/>\nEl patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a \u00e9l, a cinco metros, y all\u00ed se manten\u00edan inm\u00f3viles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas ten\u00edan fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atenci\u00f3n al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se re\u00edan al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegr\u00eda bestial, como si fuera comida.<br \/>\nOtra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranv\u00eda el\u00e9ctrico. Los ruidos fuertes sacud\u00edan asimismo su inercia, y corr\u00edan entonces, mordi\u00e9ndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombr\u00edo letargo de idiotismo, y pasaban todo el d\u00eda sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantal\u00f3n.<br \/>\nEl mayor ten\u00eda doce a\u00f1os y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.<br \/>\nEsos cuatro idiotas, sin embargo, hab\u00edan sido un d\u00eda el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho m\u00e1s vital: un hijo. \u00bfQu\u00e9 mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagraci\u00f3n de su cari\u00f1o, libertado ya del vil ego\u00edsmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovaci\u00f3n?<br \/>\nAs\u00ed lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo lleg\u00f3, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creci\u00f3 bella y radiante, hasta que tuvo a\u00f1o y medio. Pero en el vig\u00e9simo mes sacudi\u00e9ronlo una noche convulsiones terribles, y a la ma\u00f1ana siguiente no conoc\u00eda m\u00e1s a sus padres. El m\u00e9dico lo examin\u00f3 con esa atenci\u00f3n profesional que est\u00e1 visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.<br \/>\nDespu\u00e9s de algunos d\u00edas los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se hab\u00edan ido del todo; hab\u00eda quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.<br \/>\n\u2014\u00a1Hijo, mi hijo querido! \u2014sollozaba \u00e9sta, sobre aquella espantosa ruina de su primog\u00e9nito.<br \/>\nEl padre, desolado, acompa\u00f1\u00f3 al m\u00e9dico afuera.<br \/>\n\u2014A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podr\u00e1 mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no m\u00e1s all\u00e1.<br \/>\n\u2014\u00a1S\u00ed!&#8230; \u00a1S\u00ed! \u2014asent\u00eda Mazzini. \u2014Pero d\u00edgame: \u00bfUsted cree que es herencia, que&#8230;?<br \/>\n\u2014En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que cre\u00eda cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay all\u00ed un pulm\u00f3n que no sopla bien. No veo nada m\u00e1s, pero hay un soplo un poco rudo. H\u00e1gala examinar detenidamente.<br \/>\nCon el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobl\u00f3 el amor a su hijo, el peque\u00f1o idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo m\u00e1s profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.<br \/>\nComo es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Naci\u00f3 \u00e9ste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primog\u00e9nito se repet\u00edan, y al d\u00eda siguiente el segundo hijo amanec\u00eda idiota.<br \/>\nEsta vez los padres cayeron en honda desesperaci\u00f3n. \u00a1Luego su sangre, su amor estaban malditos! \u00a1Su amor, sobre todo! Veintiocho a\u00f1os \u00e9l, veintid\u00f3s ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un \u00e1tomo de vida normal. Ya no ped\u00edan m\u00e1s belleza e inteligencia como en el primog\u00e9nito; \u00a1pero un hijo, un hijo como todos!<br \/>\nDel nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repiti\u00f3se el proceso de los dos mayores.<br \/>\nMas por encima de su inmensa amargura quedaba a Mazzini y Berta gran compasi\u00f3n por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la m\u00e1s honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido. No sab\u00edan deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obst\u00e1culos. Cuando los lavaban mug\u00edan hasta inyectarse de sangre el rostro. Anim\u00e1banse s\u00f3lo al comer, o cuando ve\u00edan colores brillantes u o\u00edan truenos. Se re\u00edan entonces, echando afuera lengua y r\u00edos de baba, radiantes de frenes\u00ed bestial. Ten\u00edan, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada m\u00e1s.<br \/>\nCon los mellizos pareci\u00f3 haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres a\u00f1os desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.<br \/>\nNo satisfac\u00edan sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba en raz\u00f3n de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual hab\u00eda tomado sobre s\u00ed la parte que le correspond\u00eda en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redenci\u00f3n ante las cuatro bestias que hab\u00edan nacido de ellos ech\u00f3 afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio espec\u00edfico de los corazones inferiores.<br \/>\nInici\u00e1ronse con el cambio de pronombre:\u00a0<em>tus\u00a0<\/em>hijos. Y como a m\u00e1s del insulto hab\u00eda la insidia, la atm\u00f3sfera se cargaba.<br \/>\n\u2014Me parece \u2014d\u00edjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos\u2014que podr\u00edas tener m\u00e1s limpios a los muchachos.<br \/>\nBerta continu\u00f3 leyendo como si no hubiera o\u00eddo.<br \/>\n\u2014Es la primera vez \u2014repuso al rato\u2014 que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.<br \/>\nMazzini volvi\u00f3 un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:<br \/>\n\u2014De nuestros hijos, \u00bfme parece?<br \/>\n\u2014Bueno, de nuestros hijos. \u00bfTe gusta as\u00ed? \u2014alz\u00f3 ella los ojos.<br \/>\nEsta vez Mazzini se expres\u00f3 claramente:<br \/>\n\u2014\u00bfCreo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?<br \/>\n\u2014\u00a1Ah, no! \u2014se sonri\u00f3 Berta, muy p\u00e1lida\u2014 \u00a1pero yo tampoco, supongo!&#8230; \u00a1No faltaba m\u00e1s!&#8230; \u2014murmur\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 no faltaba m\u00e1s?<br \/>\n\u2014\u00a1Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, enti\u00e9ndelo bien! Eso es lo que te quer\u00eda decir.<br \/>\nSu marido la mir\u00f3 un momento, con brutal deseo de insultarla.<br \/>\n\u2014\u00a1Dejemos! \u2014articul\u00f3, sec\u00e1ndose por fin las manos.<br \/>\n\u2014Como quieras; pero si quieres decir&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Berta!<br \/>\n\u2014\u00a1Como quieras!<br \/>\n\u00c9ste fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se un\u00edan con doble arrebato y locura por otro hijo.<br \/>\nNaci\u00f3 as\u00ed una ni\u00f1a. Vivieron dos a\u00f1os con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeci\u00f3, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la peque\u00f1a llevaba a los m\u00e1s extremos l\u00edmites del mimo y la mala crianza.<br \/>\nSi a\u00fan en los \u00faltimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvid\u00f3se casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pas\u00e1bale lo mismo. No por eso la paz hab\u00eda llegado a sus almas. La menor indisposici\u00f3n de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Hab\u00edan acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vert\u00eda afuera. Desde el primer disgusto emponzo\u00f1ado hab\u00edanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruici\u00f3n es, cuando ya se comenz\u00f3, a humillar del todo a una persona. Antes se conten\u00edan por la mutua falta de \u00e9xito; ahora que \u00e9ste hab\u00eda llegado, cada cual, atribuy\u00e9ndolo a s\u00ed mismo, sent\u00eda mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro hab\u00edale forzado a crear.<br \/>\nCon estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vest\u00eda, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban todo el d\u00eda sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia. De este modo Bertita cumpli\u00f3 cuatro a\u00f1os, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo alg\u00fan escalofr\u00edo y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, torn\u00f3 a reabrir la eterna llaga.<br \/>\nHac\u00eda tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.<br \/>\n\u2014\u00a1Mi Dios! \u00bfNo puedes caminar m\u00e1s despacio? \u00bfCu\u00e1ntas veces&#8230;?<br \/>\n\u2014Bueno, es que me olvido; \u00a1se acab\u00f3! No lo hago a prop\u00f3sito.<br \/>\nElla se sonri\u00f3, desde\u00f1osa: \u2014\u00a1No, no te creo tanto!<br \/>\n\u2014Ni yo jam\u00e1s te hubiera cre\u00eddo tanto a ti&#8230; \u00a1tisiquilla!<br \/>\n\u2014\u00a1Qu\u00e9! \u00bfQu\u00e9 dijiste?&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Nada!<br \/>\n\u2014\u00a1S\u00ed, te o\u00ed algo! Mira: \u00a1no s\u00e9 lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido t\u00fa!<br \/>\nMazzini se puso p\u00e1lido.<br \/>\n\u2014\u00a1Al fin! \u2014murmur\u00f3 con los dientes apretados\u2014. \u00a1Al fin, v\u00edbora, has dicho lo que quer\u00edas!<br \/>\n\u2014\u00a1S\u00ed, v\u00edbora, s\u00ed! Pero yo he tenido padres sanos, \u00bfoyes?, \u00a1sanos! \u00a1Mi padre no ha muerto de delirio! \u00a1Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! \u00a1Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!<br \/>\nMazzini explot\u00f3 a su vez.<br \/>\n\u2014\u00a1V\u00edbora t\u00edsica! \u00a1eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! \u00a1Preg\u00fantale, preg\u00fantale al m\u00e9dico qui\u00e9n tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulm\u00f3n picado, v\u00edbora!<br \/>\nContinuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita sell\u00f3 instant\u00e1neamente sus bocas. A la una de la ma\u00f1ana la ligera indigesti\u00f3n hab\u00eda desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios j\u00f3venes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliaci\u00f3n lleg\u00f3, tanto m\u00e1s efusiva cuanto infames fueran los agravios.<br \/>\nAmaneci\u00f3 un espl\u00e9ndido d\u00eda, y mientras Berta se levantaba escupi\u00f3 sangre. Las emociones y mala noche pasada ten\u00edan, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella llor\u00f3 desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.<br \/>\nA las diez decidieron salir, despu\u00e9s de almorzar. Como apenas ten\u00edan tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.<br \/>\nEl d\u00eda radiante hab\u00eda arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangr\u00e1ndolo con parsimonia (Berta hab\u00eda aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), crey\u00f3 sentir algo como respiraci\u00f3n tras ella. Volvi\u00f3se, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operaci\u00f3n&#8230; Rojo&#8230; rojo&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Se\u00f1ora! Los ni\u00f1os est\u00e1n aqu\u00ed, en la cocina.<br \/>\nBerta lleg\u00f3; no quer\u00eda que jam\u00e1s pisaran all\u00ed. \u00a1Y ni aun en esas horas de pleno perd\u00f3n, olvido y felicidad reconquistada, pod\u00eda evitarse esa horrible visi\u00f3n! Porque, naturalmente, cuando m\u00e1s intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, m\u00e1s irritado era su humor con los monstruos.<br \/>\n\u2014\u00a1Que salgan, Mar\u00eda! \u00a1\u00c9chelos! \u00a1\u00c9chelos, le digo!<br \/>\nLas cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.<br \/>\nDespu\u00e9s de almorzar salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escap\u00f3se enseguida a casa.<br \/>\nEntretanto los idiotas no se hab\u00edan movido en todo el d\u00eda de su banco. El sol hab\u00eda traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, m\u00e1s inertes que nunca.\u00a0De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quer\u00eda observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quer\u00eda trepar, eso no ofrec\u00eda duda. Al fin decidi\u00f3se por una silla desfondada, pero aun no alcanzaba. Recurri\u00f3 entonces a un caj\u00f3n de kerosene, y su instinto topogr\u00e1fico h\u00edzole colocar vertical el mueble, con lo cual triunf\u00f3.<br \/>\nLos cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron c\u00f3mo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y c\u00f3mo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Vi\u00e9ronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse m\u00e1s.<br \/>\nPero la mirada de los idiotas se hab\u00eda animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensaci\u00f3n de gula bestial iba cambiando cada l\u00ednea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La peque\u00f1a, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sinti\u00f3se cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.<br \/>\n\u2014\u00a1Solt\u00e1me! \u00a1D\u00e9jame! \u2014grit\u00f3 sacudiendo la pierna. Pero fue atra\u00edda.<br \/>\n\u2014\u00a1Mam\u00e1! \u00a1Ay, mam\u00e1! \u00a1Mam\u00e1, pap\u00e1! \u2014llor\u00f3 imperiosamente. Trat\u00f3 a\u00fan de sujetarse del borde, pero sinti\u00f3se arrancada y cay\u00f3.<br \/>\n\u2014Mam\u00e1, \u00a1ay! Ma. . . \u2014no pudo gritar m\u00e1s. Uno de ellos le apret\u00f3 el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa ma\u00f1ana se hab\u00eda desangrado a la gallina, bien sujeta, arranc\u00e1ndole la vida segundo por segundo.<br \/>\nMazzini, en la casa de enfrente, crey\u00f3 o\u00edr la voz de su hija.<br \/>\n\u2014Me parece que te llama\u2014le dijo a Berta.<br \/>\nPrestaron o\u00eddo, inquietos, pero no oyeron m\u00e1s. Con todo, un momento despu\u00e9s se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanz\u00f3 en el patio.<br \/>\n\u2014\u00a1Bertita!<br \/>\nNadie respondi\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00a1Bertita! \u2014alz\u00f3 m\u00e1s la voz, ya alterada.<br \/>\nY el silencio fue tan f\u00fanebre para su coraz\u00f3n siempre aterrado, que la espalda se le hel\u00f3 de horrible presentimiento.<br \/>\n\u2014\u00a1Mi hija, mi hija! \u2014corri\u00f3 ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empuj\u00f3 violentamente la puerta entornada, y lanz\u00f3 un grito de horror.<br \/>\nBerta, que ya se hab\u00eda lanzado corriendo a su vez al o\u00edr el angustioso llamado del padre, oy\u00f3 el grito y respondi\u00f3 con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, l\u00edvido como la muerte, se interpuso, conteni\u00e9ndola:<br \/>\n\u2014\u00a1No entres! \u00a1No entres!<br \/>\nBerta alcanz\u00f3 a ver el piso inundado de sangre. S\u00f3lo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de \u00e9l con un ronco suspiro.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">I quattro figli idioti della coppia Mazzini-Ferraz stavano tutto il giorno seduti su una panchina nel patio. Tenevano la lingua tra le labbra, avevano gli occhi stupidi, e giravano la testa con la bocca aperta.<br \/>\nIl patio era di terra, chiuso ad ovest da un recinto di mattoni. La panchina era parallela al recinto, a cinque metri di distanza, e l\u00ec rimanevano immobili, con gli occhi fissi sui mattoni. Come il sole si nascondeva dietro il recinto, al tramonto, gli idioti facevano festa. All&#8217;inizio la luce accecante richiamava la loro attenzione e a poco a poco i loro occhi si animavano; alla fine ridevano rumorosamente, congestionati dalla stessa ansiosa ilarit\u00e0, guardando il sole con allegria bestiale, come se fosse cibo.<br \/>\nAltre volte, allineati sulla panchina, emettevano un ronzio per ore intere, imitando il tram elettrico. Anche i rumori forti scuotevano la loro inerzia, e allora correvano mordendosi la lingua e muggendo intorno al patio. Ma quasi sempre stavano come spenti in un cupo letargo di idiozia, e passavano tutto il giorno seduti sulla loro panchina, con le gambe ferme a ciondoloni, bagnando di glutinosa saliva i pantaloni.<br \/>\nIl maggiore aveva dodici anni e il minore otto. In tutto il loro aspetto sporco e trascurato si notava l&#8217;assoluta mancanza di un po&#8217; di cure materne.<br \/>\nTuttavia quei quattro idioti erano stati un giorno la gioia dei loro genitori. A tre mesi dal loro matrimonio Mazzini e Berta avevano orientato il loro amore di marito e moglie, e di moglie e marito, verso un futuro molto pi\u00f9 vitale: un figlio. Quale pi\u00f9 grande felicit\u00e0 per due innamorati che questa onorata consacrazione del loro affetto, ormai liberato dal vile egoismo di un reciproco amore senza fine alcuno e, cosa peggiore per l&#8217;amore stesso, senza speranze possibili di rinnovamento?<br \/>\nCos\u00ec lo intesero Mazzini e Berta, e quando arriv\u00f2 il figlio, dopo quattordici mesi di matrimonio, credettero realizzata la loro felicit\u00e0. La creatura crebbe bella e radiosa, fin quando ebbe un anno e mezzo. Ma al ventesimo mese, una notte, lo colpirono delle convulsioni terribili e il mattino dopo non riconosceva pi\u00f9 i suoi genitori. Il medico lo esamin\u00f2 con quella attenzione professionale che sta visibilmente cercando le cause del male nelle malattie dei genitori.<br \/>\nDopo alcuni giorni le membra paralizzate ricuperarono il movimento; ma l&#8217;intelligenza, l&#8217;anima, persino l&#8217;istinto, se ne erano andati del tutto; era rimasto profondamente idiota, bavoso, ciondolante, morto per sempre sulle ginocchia di sua madre.<br \/>\n&#8211; Figlio, figlio mio caro! &#8211; singhiozzava questa, sopra quella rovina spaventosa del suo primogenito.<br \/>\nIl padre, desolato, accompagn\u00f2 fuori il medico.<br \/>\n&#8211; A lei glielo posso dire: credo che sia un caso senza speranza. Potr\u00e0 migliorare, avere un\u2019educazione fin dove glielo permette la sua idiozia, ma non pi\u00f9 in l\u00e0.<br \/>\n&#8211; S\u00ec!&#8230; S\u00ec! -assentiva\u00a0 Mazzini. -Ma mi dica: lei crede che sia ereditario, che&#8230;?<br \/>\n-Per quanto riguarda l&#8217;eredit\u00e0 biologica paterna, le ho gi\u00e0 detto ci\u00f2 che pensavo quando vidi suo figlio. Rispetto alla madre, c&#8217;\u00e8 qui un polmone che non soffia bene. Non vedo nient&#8217;altro, ma c&#8217;\u00e8 un soffio un poco denso. La faccia esaminare con grande attenzione.<br \/>\nCon l&#8217;anima distrutta dal rimorso, Mazzini raddoppi\u00f2 l&#8217;amore per suo\u00a0 figlio, il piccolo idiota che pagava gli eccessi del\u00a0 nonno. Dovette anche consolare, sostenere continuamente Berta, ferita nel pi\u00f9 profondo a causa di quel fallimento della sua giovane maternit\u00e0.<br \/>\nCom&#8217;\u00e8 naturale, la coppia mise tutto il suo amore nell&#8217;attesa di un altro figlio. Questi nacque, e la sua salute e la limpidezza del suo riso riaccesero lo spento futuro. Ma diciotto mesi dopo le convulsioni del primogenito si ripeterono e il giorno seguente il secondo figlio si dest\u00f2 idiota. Questa volta i genitori caddero in depressione profonda. Dunque, il loro sangue, il loro amore erano maledetti! Il loro amore, soprattutto! Ventotto anni lui, ventidue lei, e tutta la loro appassionata tenerezza non riusciva a creare un atomo di vita normale. Non chiedevano pi\u00f9 bellezza e intelligenza come per il primogenito; ma un figlio, un figlio come tutti!<br \/>\nDal nuovo disastro nacquero nuove fiammate di dolorante amore, un folle desiderio di redimere una volta per sempre la santit\u00e0 della loro tenerezza. Arrivarono due gemelli, e punto per\u00a0 punto si ripet\u00e9 il processo dei due maggiori.<br \/>\nAl di sopra della loro immensa amarezza rimaneva a Mazzini e a Berta la grande compassione per i loro quattro figli.\u00a0 Fu necessario strappare dal limbo della pi\u00f9 profonda animalit\u00e0 non le loro anime ma lo stesso istinto, abolito.\u00a0 Non sapevano deglutire, cambiare di posto, neppure sedersi. Impararono finalmente a camminare, ma sbattevano contro tutto perch\u00e9 non si rendevano conto degli ostacoli. Quando li lavavano muggivano fino a iniettarsi di sangue il viso. Si animavano solo al momento di mangiare, o quando vedevano colori brillanti o udivano dei tuoni. Allora ridevano, tirando fuori la lingua e rivoli di bava, raggianti di bestiale frenesia.\u00a0In cambio avevano una certa capacit\u00e0 imitativa, ma non fu possibile ottenere niente di pi\u00f9.<br \/>\nCon i gemelli sembr\u00f2 essere terminata la terrificante discendenza. Ma passati tre anni desiderarono di nuovo ardentemente un altro figlio, sperando che il lungo tempo trascorso avesse placato la fatalit\u00e0.<br \/>\nNon riuscivano a realizzare le loro speranze. E in questo ardente anelito che si esasperava in ragione della sua infruttuosit\u00e0, si inasprirono. Fino a quel momento ciascuno aveva preso su di s\u00e9 la parte che gli toccava della disgrazia dei loro figli; ma la mancata speranza di redenzione di fronte alle quattro bestie che da loro erano nate provoc\u00f2 l&#8217;imperiosa necessit\u00e0 d&#8217;incolpare gli altri, che \u00e8 patrimonio peculiare dei cuori inferiori.<br \/>\nCominciarono col cambio di pronome: i <em>tuoi<\/em> figli. E poich\u00e9 oltre all&#8217;insulto c&#8217;era l&#8217;inganno, l&#8217;atmosfera si andava caricando.<br \/>\n-Mi pare -le disse una notte Mazzini che era appena rientrato e si lavava le mani -che potresti tenere pi\u00f9 puliti i ragazzi.<br \/>\nBerta continu\u00f2 a leggere come se non avesse sentito.<br \/>\n-E&#8217; la prima volta -rispose dopo un po&#8217;- che ti vedo preoccupare per lo stato dei tuoi figli.<br \/>\nMazzini gir\u00f2 un poco la testa verso di lei con un sorriso forzato:<br \/>\n-Dei nostri figli, mi pare?<br \/>\n-Bene, dei\u00a0 nostri figli. Cos\u00ec ti piace? -ed alz\u00f2 gli occhi.<br \/>\nQuesta volta Mazzini si espresse chiaramente:<br \/>\n&#8211; Spero che tu non voglia dire che la colpa \u00e8 mia.<br \/>\n-Ah no! -sorrise Berta, molto pallida.- ma neanche mia, suppongo!&#8230; Non ci mancava altro!&#8230; -mormor\u00f2.<br \/>\n-Cosa non ci mancava?<br \/>\n-Che se la colpa \u00e8 di qualcuno, non \u00e8 mia, intendilo bene! Questo \u00e8 ci\u00f2 che ti volevo dire.<br \/>\nSuo marito la guard\u00f2 un momento, col brutale desiderio di insultarla.<br \/>\n-Lasciamo perdere! -sillab\u00f2, asciugandosi infine le mani.<br \/>\n-Come vuoi; per\u00f2 se intendi dire&#8230;<br \/>\n-Berta!<br \/>\n-Come vuoi!<br \/>\nQuesto fu il primo scontro e ne seguirono altri. Ma nelle inevitabili riconciliazioni le loro anime si univano con slancio doppio e desiderio folle di un altro figlio.<br \/>\nNacque cos\u00ec una bambina. Vissero due anni con l&#8217;angoscia nell&#8217;anima, sempre in attesa di un&#8217;altra sciagura. Tuttavia nulla accadde, e i genitori riposero in lei tutta la loro gioia che la piccola portava ai limiti pi\u00f9 estremi delle coccole e della maleducazione.<br \/>\nSe ancora negli ultimi tempi Berta continuava ad occuparsi dei suoi figli, con la nascita di Bertita si dimentic\u00f2 quasi completamente degli altri. Il solo ricordo la faceva inorridire, come qualcosa di atroce che era stata obbligata a commettere. A Mazzini, anche se in grado minore, succedeva lo stesso. Non per questo la pace era giunta alle loro anime. Nel timore di perderla, la minima indisposizione della figlia tirava fuori i rancori della loro discendenza guasta. Avevano accumulato fiele per troppo tempo perch\u00e9 il vaso non rimanesse in tensione e al minimo contatto il veleno non ne traboccasse. Dal primo diverbio avvelenato avevano perduto il reciproco rispetto; e se c&#8217;\u00e8 qualcosa a cui l&#8217;uomo si sente trascinato con crudele piacere \u00e8 quello di umiliare del tutto una persona una volta che si \u00e8 cominciato. Prima si trattenevano per la mancanza di successo da parte di entrambi; ora che il successo era arrivato, ciascuno, attribuendolo a se stesso, sentiva maggiormente l&#8217;infamia dei quattro esseri deformi che l&#8217;altro l&#8217;aveva obbligato a creare.<br \/>\nCon tali sentimenti non ci fu pi\u00f9 affetto possibile per i quattro figli maggiori. La domestica li vestiva, dava loro da mangiare, li metteva letto con visibile brutalit\u00e0. Quasi mai li lavavano. Passavano tutto il giorno seduti davanti al recinto trascurati e senza alcuna remota carezza. In questo modo Bertita comp\u00ec quattro anni, e quella notte, a causa delle ghiottonerie che i genitori trovavano assolutamente impossibile\u00a0 negarle, la creatura ebbe brividi e febbre. E il timore di vederla morire o rimanere idiota, torn\u00f2 a riaprire l&#8217;eterna piaga.<br \/>\nErano tre ore che non parlavano, e il motivo, come quasi sempre, fu i forti passi di Mazzini.<br \/>\n-Dio mio! Non puoi camminare pi\u00f9 lentamente? Quante volte&#8230;?<br \/>\n-Ebbene, \u00e8 che mi dimentico; basta! Non lo faccio apposta.<br \/>\nLei sorrise sprezzante: -No, non ti credo!<br \/>\n-E neanch&#8217;io ti avrei mai creduto&#8230; tisichina!<br \/>\n-Cosa! Cosa hai detto?&#8230;<br \/>\n-Niente!<br \/>\n-S\u00ec, ho sentito qualcosa! Guarda: non so cosa hai detto, per\u00f2 ti giuro che preferisco qualunque cosa piuttosto che avere un padre come quello che hai avuto tu!<br \/>\nMazzini impallid\u00ec.<br \/>\n-Finalmente! -mormor\u00f2 a denti stretti. -Finalmente, vipera, hai detto quello che volevi!<br \/>\n-S\u00ec, vipera, s\u00ec! Ma io ho avuto genitori sani, mi senti? Sani! Mio padre non \u00e8 morto delirando. Io avrei avuto figli come quelli di tutti! Questi sono figli tuoi, i quattro sono tuoi!<br \/>\nMazzini sbott\u00f2 a sua volta.<br \/>\n-Vipera tisica! Questo \u00e8 quello che ti ho detto, quello che voglio dirti! Chiediglielo, chiediglielo al medico chi ha pi\u00f9 colpa della meningite dei tuoi figli: mio padre o il tuo polmone bucato, vipera!<br \/>\nContinuarono ogni volta con pi\u00f9 violenza finch\u00e9 un gemito di Bertita sigill\u00f2 istantaneamente le loro bocche. All&#8217;una della mattina la leggera indigestione era scomparsa, e come succede fatalmente a tutte le giovani coppie che si sono amate intensamente almeno una volta, arriv\u00f2 la riconciliazione, tanto pi\u00f9 affettuosa quanto pi\u00f9 infami erano stati gli insulti.<br \/>\nSpunt\u00f2 uno splendido giorno,\u00a0 e mentre Berta si alzava sput\u00f2 sangue. Le emozioni e la brutta notte passata ne erano sicuramente in gran parte responsabili. Mazzini la tenne a lungo fra le sue braccia e lei pianse disperatamente, ma senza che nessuno osasse dire una parola.<br \/>\nAlle dieci dopo aver fatto colazione decisero di uscire. Poich\u00e9 avevano poco tempo, ordinarono alla domestica di uccidere una gallina.<br \/>\nLa splendida giornata aveva strappato gli idioti dalla loro panchina. Di modo che mentre la domestica in cucina tagliava il collo all&#8217;animale, dissanguandolo con parsimonia\u00a0 (Berta aveva appreso da sua madre questo ottimo modo di conservare la freschezza della carne), credette di sentire qualcosa come un respiro dietro di lei. Si gir\u00f2 e vide i quattro idioti con le spalle attaccate l&#8217;uno all&#8217;altro che guardavano stupefatti l&#8217;operazione&#8230; Rosso&#8230; rosso&#8230;<br \/>\n-Signora! I ragazzi sono qui in cucina.<br \/>\nBerta arriv\u00f2; non voleva che mettessero mai piede l\u00ec. E neppure in queste ore di totale perdono, di oblio e di felicit\u00e0 riconquistata, poteva evitarsi quella orribile visione! Perch\u00e9, naturalmente, quanto pi\u00f9 intensi erano gli attacchi di amore per suo marito e per sua figlia, pi\u00f9 irritato era il suo umore nei confronti dei mostri.<br \/>\n-Che vadano fuori, Maria! Cacciali fuori! Cacciali fuori, ti dico!<br \/>\nLe quattro povere bestie, scrollate e spinte brutalmente, andarono verso la loro panchina. Dopo aver fatto colazione, tutti uscirono. La domestica and\u00f2 a Buenos Aires e la coppia a passeggiare tra le ville. Al tramonto tornarono; ma Berta volle passare un momento a salutare le sue vicine che abitavano di fronte. Sua figlia se ne scapp\u00f2 a casa subito.<br \/>\nNel frattempo gli idioti non si erano mossi in tutto il giorno dalla loro panchina. Il sole era gi\u00e0 scomparso dietro il recinto, cominciava a tramontare, e quelli continuavano a guardare i mattoni, pi\u00f9 inerti che mai. Improvvisamente qualcosa si interpose tra il loro sguardo e il recinto. La loro sorella, stanca di cinque ore coi genitori, desiderava osservare per conto suo. Ferma alla base del recinto, ne guardava pensosa la cima. Voleva arrampicarsi, su questo non c&#8217;erano dubbi. Alla fine decise di prendere una sedia sfondata, ma ancora non ci arrivava. Allora ricorse a un cassone per il cherosene e il suo istinto topografico glielo fece collocare verticalmente, e con questo ci riusc\u00ec.<br \/>\nI quattro idioti, con lo sguardo indifferente, osservarono come la sorella riusciva pazientemente a mantenere l&#8217;equilibrio e come in punta di piedi appoggiava la gola sopra la cima del recinto, tra le mani tese. La videro guardare da tutti i lati e cercare appoggio con il piede per alzarsi di pi\u00f9.<br \/>\nMa lo sguardo degli idioti si era animato; una medesima luce insistente era fissa nelle loro pupille. Non distoglievano gli occhi dalla sorella mentre una sensazione crescente di bestiale ingordigia cambiava ogni\u00a0 lineamento dei loro volti. Avanzarono lentamente verso il recinto. La piccola, che essendo riuscita a poggiare il piede stava gi\u00e0 mettendosi a cavalcioni ed era sul punto di cadere dall&#8217;altro lato, si sent\u00ec probabilmente afferrata per la gamba. Sotto di lei gli otto occhi fissati nei suoi le fecero paura.<br \/>\n-Lasciami andare! Lasciami! -grid\u00f2 scuotendo la gamba. Ma venne trattenuta.<br \/>\n-Mamma, ahi! Ma&#8230;-non pot\u00e9 gridare oltre. Uno di loro le strinse il collo, tirando indietro i riccioli come se fossero piume, e gli altri la trascinarono per una gamba fino alla cucina dove quella mattina si era dissanguata la gallina, tenuta bella ferma, togliendole la vita secondo per secondo.<br \/>\nMazzini, nella casa di fronte, pens\u00f2 di aver udito la voce di sua figlia.<br \/>\n-Mi sembra che ti chiami -disse a Berta.<br \/>\nPrestarono ascolto, inquieti, ma non udirono altro. Malgrado ci\u00f2, un momento dopo si congedarono, e mentre Berta andava a togliersi il cappello, Mazzini avanz\u00f2 nel patio.<br \/>\n-Bertita!<br \/>\nNessuno rispose.<br \/>\n-Bertita! -alz\u00f2 di pi\u00f9 la voce, gi\u00e0 alterata.<br \/>\nE il silenzio fu tanto funebre per il suo cuore sempre terrorizzato che la schiena gli si gel\u00f2 all&#8217;orribile presentimento.<br \/>\n-Figlia mia, figlia mia! -corse gi\u00e0 disperato verso il fondo. Ma passando davanti alla cucina vide sul pavimento un mare di sangue. Spinse violentemente la porta socchiusa e lanci\u00f2 un grido di\u00a0 orrore. Berta, che a sua volta si era gi\u00e0 lanciata di corsa all&#8217;udire il grido angoscioso del padre, sent\u00ec il grido e rispose con un altro. Ma mentre si precipitava in cucina, Mazzini livido come la morte si interpose trattenendola.<br \/>\n-Non entrare! Non entrare!<br \/>\nBerta riusc\u00ec a vedere il pavimento inondato di sangue. Pot\u00e9 solo gettare le braccia sopra le testa e sprofondare a fianco di lui con un rauco sospiro.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div><\/p>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[35],"tags":[],"class_list":["post-798","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-horacio-quiroga"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/798","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=798"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/798\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":853,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/798\/revisions\/853"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=798"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=798"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=798"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}