{"id":831,"date":"2016-04-18T14:50:26","date_gmt":"2016-04-18T14:50:26","guid":{"rendered":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=831"},"modified":"2016-08-10T15:56:57","modified_gmt":"2016-08-10T15:56:57","slug":"la-noche-de-los-feos-la-notte-dei-brutti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/?p=831","title":{"rendered":"La noche de los feos \/ La notte dei brutti"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"column-half first\">1.<br \/>\nAmbos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un p\u00f3mulo hundido. Desde los ocho a\u00f1os, cuando le hicieron la operaci\u00f3n. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.<br \/>\nTampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificaci\u00f3n por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ning\u00fan modo. Tanto los de ella como los m\u00edos son ojos de resentimiento, que s\u00f3lo reflejan la poca o ninguna resignaci\u00f3n con que enfrentamos nuestro infortunio. Quiz\u00e1 eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra m\u00e1s apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.<br \/>\nNos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. All\u00ed fue donde por primera vez nos examinamos sin simpat\u00eda pero con oscura solidaridad; all\u00ed fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero adem\u00e1s eran aut\u00e9nticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- ten\u00edan a alguien. S\u00f3lo ella y yo ten\u00edamos las manos sueltas y crispadas.<br \/>\nNos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorr\u00ed la hendidura de su p\u00f3mulo con la garant\u00eda de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonroj\u00f3. Me gust\u00f3 que fuera dura, que devolviera mi inspecci\u00f3n con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.<br \/>\nPor fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no pod\u00eda mirarme, pero yo, aun en la penumbra, pod\u00eda distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.<br \/>\nDurante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo h\u00e9roe y la suave hero\u00edna. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversi\u00f3n la reservo para mi rostro y a veces para Dios. Tambi\u00e9n para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quiz\u00e1 deber\u00eda sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo as\u00ed como espejos. A veces me pregunto qu\u00e9 suerte habr\u00eda corrido el mito si Narciso hubiera tenido un p\u00f3mulo hundido, o el \u00e1cido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.<br \/>\nLa esper\u00e9 a la salida. Camin\u00e9 unos metros junto a ella, y luego le habl\u00e9. Cuando se detuvo y me mir\u00f3, tuve la impresi\u00f3n de que vacilaba. La invit\u00e9 a que charl\u00e1ramos un rato en un caf\u00e9 o una confiter\u00eda. De pronto acept\u00f3.<br \/>\nLa confiter\u00eda estaba llena, pero en ese momento se desocup\u00f3 una mesa. A medida que pas\u00e1bamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las se\u00f1as, los gestos de asombro. Mis antenas est\u00e1n particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente sim\u00e9trico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuici\u00f3n, ya que mis o\u00eddos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su inter\u00e9s; pero dos fealdades juntas constituyen en s\u00ed mismas un espect\u00e1culos mayor; algo que se debe mirar en compa\u00f1\u00eda, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.<br \/>\nNos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso tambi\u00e9n me gust\u00f3) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.<br \/>\n&#8220;\u00bfQu\u00e9 est\u00e1 pensando?&#8221;, pregunt\u00e9.<br \/>\nElla guard\u00f3 el espejo y sonri\u00f3. El pozo de la mejilla cambi\u00f3 de forma.<br \/>\n&#8220;Un lugar com\u00fan&#8221;, dijo. &#8220;Tal para cual&#8221;.<br \/>\nHablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos caf\u00e9s para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo est\u00e1bamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocres\u00eda. Decid\u00ed tirarme a fondo.<br \/>\n&#8220;Usted se siente excluida del mundo, \u00bfverdad?&#8221;<br \/>\n&#8220;S\u00ed&#8221;, dijo, todav\u00eda mir\u00e1ndome.<br \/>\n&#8220;Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que est\u00e1 a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente est\u00fapida.&#8221;<br \/>\n&#8220;S\u00ed.&#8221;<br \/>\nPor primera vez no pudo sostener mi mirada.<br \/>\n&#8220;Yo tambi\u00e9n quisiera eso. Pero hay una posibilidad, \u00bfsabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.&#8221;<br \/>\n&#8220;\u00bfAlgo c\u00f3mo qu\u00e9?&#8221;<br \/>\n&#8220;Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Ll\u00e1mele como quiera, pero hay una posibilidad.&#8221;<br \/>\nElla frunci\u00f3 el ce\u00f1o. No quer\u00eda concebir esperanzas.<br \/>\n&#8220;Prom\u00e9tame no tomarme como un chiflado.&#8221;<br \/>\n&#8220;Prometo.&#8221;<br \/>\n&#8220;La posibilidad es meternos en la noche. En la noche \u00edntegra. En lo oscuro total. \u00bfMe entiende?&#8221;<br \/>\n&#8220;No.&#8221;<br \/>\n&#8220;\u00a1Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, \u00bfno lo sab\u00eda?&#8221;<br \/>\nSe sonroj\u00f3, y la hendidura de la mejilla se volvi\u00f3 s\u00fabitamente escarlata.<br \/>\n&#8220;Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.&#8221;<br \/>\nLevant\u00f3 la cabeza y ahora s\u00ed me mir\u00f3 pregunt\u00e1ndome, averiguando sobre m\u00ed, tratando desesperadamente de llegar a un diagn\u00f3stico.<br \/>\n&#8220;Vamos&#8221;, dijo.<br \/>\n2<br \/>\nNo s\u00f3lo apagu\u00e9 la luz sino que adem\u00e1s corr\u00ed la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiraci\u00f3n afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.<br \/>\nYo no ve\u00eda nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inm\u00f3vil, a la espera. Estir\u00e9 cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmiti\u00f3 una versi\u00f3n estimulante, poderosa. As\u00ed vi su vientre, su sexo. Sus manos tambi\u00e9n me vieron.<br \/>\nEn ese instante comprend\u00ed que deb\u00eda arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo hab\u00eda fabricado. O intentado fabricar. Fue como un rel\u00e1mpago. No \u00e9ramos eso. No \u00e9ramos eso.<br \/>\nTuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendi\u00f3 lentamente hasta su rostro, encontr\u00f3 el surco de horror, y empez\u00f3 una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus l\u00e1grimas.<br \/>\nEntonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano tambi\u00e9n lleg\u00f3 a mi cara, y pas\u00f3 y repas\u00f3 el costur\u00f3n y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra. Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levant\u00e9 y descorr\u00ed la cortina doble.<\/div>\n<div class=\"column-half second\">1.<br \/>\nSiamo tutti e due brutti, persino volgarmente brutti. Lei ha uno zigomo incavato. Da quando aveva otto anni\u00a0 e le fecero l&#8217;operazione. Il segno schifoso vicino alla mia bocca proviene invece da una feroce bruciatura capitatami\u00a0 all&#8217;inizio dell&#8217;adolescenza.<br \/>\nE non si pu\u00f2 neanche dire che abbiamo degli occhi dolci, quella sorta di fari giustificativi grazie ai quali gli orribili riescono talvolta ad avvicinarsi alla bellezza. No, assolutamente no. Sia i suoi occhi che\u00a0 i miei sono occhi di risentimento, che riflettono la poca o nessuna rassegnazione con cui affrontiamo la nostra disgrazia. Forse \u00e8 questo che ci ha uniti. Forse uniti non \u00e8 la parola pi\u00f9 appropriata. Mi riferisco all&#8217;odio implacabile che ciascuno di noi sente per la propria faccia.<br \/>\nCi siamo conosciuti all&#8217;entrata del cinema, mentre facevamo la coda per vedere sullo schermo due belli qualunque. Fu l\u00ec dove per la prima volta ci esaminammo senza simpatia ma con oscura solidariet\u00e0; fu l\u00ec dove fin dalla prima occhiata registrammo le nostre rispettive solitudini. Nella coda tutti erano in due, ma alcune erano autentiche coppie: sposi, fidanzati, amanti, nonnetti, va a sapere. Tutti avevano qualcuno e si tenevano per la mano o per il braccio. Solo lei ed io avevamo le mani libere e contratte.<br \/>\nGuardavamo le rispettive bruttezze con attenzione, con insolenza, senza curiosit\u00e0. Scrutai la fenditura del suo zigomo con la garanzia di disinvoltura che mi dava la mia guancia rinsecchita. Lei non arross\u00ec. Apprezzai che fosse dura, che restituisse la mia ispezione con un&#8217;occhiata minuziosa alla zona liscia, lucida, priva di barba della mia vecchia bruciatura. Alla fine entrammo . Ci sedemmo in file diverse ma contigue. Lei non poteva guardarmi, mentre io, anche se in penombra, potevo distinguere la sua nuca di capelli rossi, la sua orecchia fresca ben formata. Era l&#8217;orecchia del suo lato normale.<br \/>\nPer un&#8217;ora e quaranta minuti ammirammo le rispettive bellezze del rude eroe e della soave eroina. Almeno io sono sempre stato capace di ammirare il bello. La mia animosit\u00e0 la riservo per la mia faccia e talvolta per Dio. E anche per la faccia di altri brutti, di altri spaventapasseri. Forse dovrei sentire piet\u00e0, ma non posso. La verit\u00e0 \u00e8 che sono come specchi.\u00a0 A volte mi domando che sorte avrebbe avuto il mito se Narciso avesse avuto uno zigomo incavato, o l&#8217;acido gli avesse bruciato la guancia, o se gli fosse mancato mezzo naso, o se avesse avuto una cucitura sulla fronte.<br \/>\nL&#8217;aspettai all&#8217;uscita. Camminai per qualche metro vicino a lei e poi le parlai. Quando si ferm\u00f2 e mi guard\u00f2, ebbi l&#8217;impressione che vacillasse.\u00a0 La invitai a fare due chiacchiere in un caff\u00e8 o in una pasticceria. Accett\u00f2 immediatamente.<br \/>\nLa pasticceria era piena, ma in quel momento si liber\u00f2 un tavolino. Man mano che passavamo tra la gente, ci lasciavamo alle spalle i segni, i gesti di stupore. Le mie antenne sono particolarmente addestrate a captare questa curiosit\u00e0 malsana, questo sadismo incosciente di coloro che hanno una faccia normale, miracolosamente simmetrica. Ma questa volta non era nemmeno necessaria la mia addestrata intuizione poich\u00e9 le mie orecchie riuscivano a registrare i brusii, i colpetti di tosse, i\u00a0 falsi schiarimenti di voce. Una faccia orribile isolata ha evidentemente un certo interesse, ma due bruttezze insieme costituiscono di per se stesse un grande spettacolo; qualcosa che si deve guardare in compagnia, vicino a uno (o una) di quelli di bell&#8217;aspetto con cui val la pena condividere il mondo.<br \/>\nCi sedemmo, ordinammo due gelati, e lei ebbe il coraggio (anche questo mi piacque) di tirar fuori dalla borsa uno specchietto e di sistemarsi i capelli. I suoi bei capelli.<br \/>\n&#8220;Cosa succede?&#8221; domandai.<br \/>\nLei\u00a0 guard\u00f2 lo specchio e sorrise. Il pozzo della guancia cambi\u00f2 forma.<br \/>\n&#8220;Un luogo comune&#8221; disse. &#8220;Fatto l\u2019uno per l\u2019altro\u201d.<br \/>\nParlammo a lungo. Dopo un&#8217;ora e mezza fu necessario ordinare due caff\u00e8 per giustificare la permanenza prolungata. Improvvisamente mi resi conto che tanto lei quanto io stavamo parlando con una franchezza cos\u00ec tagliente che rischiava di andare oltre la sincerit\u00e0 e di trasformarsi quasi in un equivalente dell&#8217;ipocrisia. Decisi di andare fino in fondo.<br \/>\n&#8220;Lei si sente esclusa dal mondo, non \u00e8 vero?&#8221;<br \/>\n&#8220;S\u00ec&#8221;, disse sempre guardandomi.<br \/>\n&#8220;Lei ammira i belli, i normali. Lei vorrebbe una faccia equilibrata come quella della ragazza che \u00e8 alla sua destra, nonostante lei sia intelligente e la ragazza, a giudicare dalla risata, irrimediabilmente stupida.&#8221;.<br \/>\n&#8220;S\u00ec.&#8221;.<br \/>\nPer la prima volta non riusc\u00ec a sostenere il mio sguardo..<br \/>\n&#8220;Anch&#8217;io vorrei questo. Ma c&#8217;\u00e8 una possibilit\u00e0, sa?, che io e lei arriviamo a qualcosa.&#8221;.<br \/>\n&#8220;Qualcosa come?&#8221;.<br \/>\n&#8220;Come amarci, accidenti. O semplicemente piacerci. Lo chiami come vuole, ma una possibilit\u00e0 c&#8217;\u00e8.&#8221;<br \/>\nLei si accigli\u00f2. Non voleva nutrire speranze.<br \/>\n&#8220;Prometta di non prendermi per uno fuori di testa.&#8221;<br \/>\n&#8220;Prometto.&#8221;<br \/>\n&#8220;La possibilit\u00e0 \u00e8 di immetterci nella notte. Nella notte integra. Nello scuro totale. Mi capisce?&#8221;<br \/>\n&#8220;No.&#8221;<br \/>\n&#8220;Deve capirmi! Lo scuro totale. Dove lei non mi veda, dove io non la veda. Il suo corpo \u00e8 bello, non lo sapeva?&#8221;<br \/>\nArross\u00ec, e la fenditura della guancia divent\u00f2 improvvisamente scarlatta.<br \/>\n&#8220;Vivo solo in un appartamento, qui vicino.&#8221;<br \/>\nAlz\u00f2 la testa e questa volta mi guard\u00f2 con aria interrogativa, indagatrice, cercando disperatamente di arrivare a una diagnosi.<br \/>\n&#8220;Andiamo&#8221;, disse.<br \/>\n2.<br \/>\nNon solo spensi la luce ma feci anche scorrere la doppia tenda. Lei respirava al mio fianco. E non era un respiro affannoso. Non volle che la aiutassi a svestirsi.<br \/>\nIo non vedevo niente, niente. Ma riuscii lo stesso a rendermi conto che ora era immobile, in attesa. Allungai cautamente una mano, fino a trovare il suo petto. Il mio tatto mi trasmise una versione stimolante, potente. Vidi il suo ventre, il suo sesso. Anche le sue mani mi videro.<br \/>\nIn quell&#8217;istante compresi che dovevo strapparmi (e strapparla) da quella menzogna che io stesso avevo fabbricato. O tentato di fabbricare. Fu come un lampo. Non eravamo quello. Non eravamo quello.<br \/>\nDovetti ricorrere a tutte le mie riserve di coraggio, ma lo feci. La mia mano sal\u00ec\u00a0 lentamente fino alla sua faccia, trov\u00f2 il solco orrendo, e cominci\u00f2 una lenta, convincente e convinta carezza. In realt\u00e0 le mie dita (all&#8217;inizio un poco tremanti, poi progressivamente tranquille) passarono molte volte sulle sue lacrime.<br \/>\nPoi, quando meno me\u00a0 lo aspettavo, anche la sua mano raggiunse la mia faccia, e pass\u00f2 e ripass\u00f2 sulla cicatrice e sulla pelle liscia, quell&#8217;isola senza barba del mio triste segno. Piangemmo fino all&#8217;alba. Disgraziati, felici. Dopo mi\u00a0 alzai e feci scorrere la doppia tenda.<\/p>\n<p>Traduzione di Laura Ferruta<\/div><\/p>\n<p>[print_link]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[print_link] &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36],"tags":[],"class_list":["post-831","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mario-benedetti"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/831","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=831"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/831\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":851,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/831\/revisions\/851"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=831"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=831"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cuentoseracconti.miniracconti.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=831"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}